enero 26, 2019

VIRUS TROPICAL PARA JOVENCITOS



REDACCIÓN NEBLINA - Una de las grandes herencias que nos dejó Andrés Caicedo, es su universo narrativo. Pero más allá de universo narrativo, es la-lección-de-un-universo-narrativo. En Colombia hay muy pocos escritores con un mundo propio. En Latinoamérica los había. De ahí vino mucho la razón por la que el
Boom fuera el Boom. 

Cogés un libro de determinado autor ó una película de un cineasta como Fuguet, por ejemplo, y de una ingresás en sus mundos. No te cuesta demasiado porque ya estás familiarizado con sus personajes o con sus Comalas. Muchas veces esos universos se convierten en marcos de referencia para leer a otros autores. A veces te ves diciendo: ´personaje cortazariano´ó ´trama garcíamarquiana´ u ´obsesiones bolañezcas´. 

Tener un universo narrativo va mucho más allá de tener un estilo o una impronta. No soy cercano cuando dicen que Tomás González es el gran nuevo escritor colombiano del siglo 21. Gustándome muy poco, creo que Hector Abad Faciolince tiene más micro cosmos sellado que Tomas González, Alberto Salcedo y Miguel Rivas juntos. Daniela Abad siendo documentalista, y con dos largometrajes apenas y muy poca edad, tiene más dimensión poética que todo el Festival Internacional de Poesía de Medellín en lo que lleva de historia.  



Entrar al mundo de un escritor, cuando lo tiene, significa sentarte a la mesa con unos comensales que siempre te van a resultar familiares, cercanos. Estos personajes los conozco, te dices cuando apenas los empiezas a leer. Cuando un escritor logra un universo personal narrativo, cada vez se tiene que esforzar menos para conectar con sus lectores, pues el trabajo ya está hecho. Lo que le corresponde es disfrutar del placer de escribir sin necesidad de tratar de convencer a nadie porque ya el mundo marcha solo, vive por sí mismo. Las leyes de su naturaleza están establecidas. 


Más o menos  eso fue lo que me pasó con Santiago Caicedo y su primer largometraje VIRUS TROPICAL: una extraña mezcla de familiaridad caicediana. 


Sin decir, tampoco, que Santiago sea el próximo inaugurador de un boom, cuando vi su película sentí que había ahí un planeta en el que ya había estado. Un planeta tan-lejos-tan-cerca-de-este-planeta, mi planeta personal. Ese planeta de un Andrés Caicedo que ya no soporto revisitar más, pero que está instalado en muchas páginas de nuestra, esa-aquella, enciclopedia de uno mismo. 

Pero sobre todo, también, lo que sentí es que estaba ingresando al viaje interior de un amigo, como si lo estuviera visitando todavía en esa Nueva York de cuando vivíamos en la misma cuadra del mismo barrio y que solo bastaba cruzar una calle para visitarnos. 

Muchas de las obsesiones de VIRUS TROPICAL, las había visto en la personalidad de Santiago en aquellos gloriosos días de principio de siglo. El tema de los dibujos animados ya es intrínseco por descontado. VIRUS es una película de dibujitos y me acordé que Santiago siempre ha sido monotemático con el animé, por ejemplo. Yo le proponía temas de cine y él siempre los volteaba hacia la animación.   

También hablábamos mucho de la jartera que nos daban las rumbas en Colombia a punta de perico, tema que aparece bastante subrayado en VIRUS TROPICAL: nuestra protagonista es una niña a la que le toca padecer la rumba pesada de sus novios y toma distancia de ello. Es el mismo Cali de QUÉ VIVA LA MÚSICA, pero aquí la protagonista toma un desvío hacia un universo paralelo más constructivo, menos suicida, más Boyhood, al mejor estilo de Richard Linklater. La literatura de Andrés empieza donde termina VIRUS TROPICAL, pero aquella hace un giro auto destructivo. La Mona se va hacia la perdición. En VIRUS, La Mona se va hacia la vida.

Cali es una ciudad rara. Es como Medellín un poco y como todas las ciudades supongo: hay que abrirse de ellas para extrañarlas putamente. 

En lo personal, yo nunca pensé que iba a sentir nostalgia por Cali hasta que vi VIRUS TROPICAL. Ese acento de las mujeres de allá y que tan fácilmente pierden cuando se van, es algo que sólo se puede disfrutar estando en Cali. La mujer caleña pierde su perrenque estando en otras ciudades diferentes a Cali, pero una vez vuelve allí, vuelve a su tesitura inigualable. En VIRUS, por ejemplo, se describe a la perfección ese proceso: nuestra Powerpaola cinematográfica pasa de ser una desarraigada a una arraigada total.

Lo bonito de VIRUS es que te conecta con ese Cali profundo, ese Cali de Andrés, primo lejano de Santiago, director de VIRUS. Un Cali pocas veces visto porque es un Cali muy difícil de poner en imágenes. Es un Cali íntimo, personal, como sólo lo logró Andrés Caicedo, un Cali sin tiempo y sin espacio, un Cali casi por fuera del lenguaje, del imaginario más no tan imaginario.  

VIRUS TROPICAL también tiene grandes puntos de contacto con la galardona Roma de Alfonso Cuarón. De hecho, en lo personal tuve problemas para ingresar a la película porque me pareció de entrada muy melodramática, casi como una telenovela. No lenta, pero sí muy modo culebrón. Y entonces, me acordé también que Santiago decía haber sido amante  a las telenovelas como lo fuimos todos en edad escolar. Le tuve que conceder ese tono a la película. ¿Qué somos los latinoamericanos sino melodrama? 

Tuve que dejar la película varios días, en remojo, hasta que tuviera energías para seguir viendo un melodrama. Como en Roma, VIRUS TROPICAL es sobre muchos asuntos, pero especialmente el tema son las mujeres abandonadas. Las mujeres que deben seguir adelante cuando los hombres de su vida escurren el bulto, le sacan el culo al proyecto compartido. 


Luego, tuvo que venir Julia, la protagonista de la canción Ojalá Que Sea, de Fito Páez, para animarme a proseguir con VIRUS TROPICAL. Acompañado, la película fue a otro precio y el melodrama mágicamente desapareció hasta transfigurarse en una potente obra cinematográfica de largo aliento.


Tanto VIRUS como ROMA, son películas que se disfrutan mejor acompañado, pues son ese tipo de cine para salir a comentar. No son obras para salir a buscar un restaurante y olvidarse cuanto antes de la película. Roma y Virus Tropical te dejan un largo sabor de boca. Los días pasan y la resonancia de sus espíritus te acompañan por varias semanas. 


Cine que parece inofensivamente telenovelezco, pero que no te vaya a mostrar sus dientes cineastas, porque te podría morder y arrancarte el pedazo. 

enero 13, 2019

ROMA y ALFONSINO Y EL MAR

- REDACCIÓN NEBLINA - Para reseñar Roma hay que postear una película como El Silencio de Bergman. También se podrían postear muchas más. Pero esa peli que habla sobre el desparche de un niño, funcionaría para los efectos prácticos como el referente más inmediato.



Y es que Roma es cine del desparche. Ese tipo de cine que hemos defendido tanto en este blog.   La sensibilidad de Cuarón esta vez lo ha llevado por los caminos de la rutina, de tratar de representar, más que la vida, el tiempo: ese paso inconmensurable de los minutos y las horas tal como se suceden ante nuestros ojos y demás sentidos, - en lo real y no tanto en lo artificioso del cine -.


No creo que Cuarón lo haya logrado. Al final la película termina siendo un cúmulo de artificios cinematográficos. Pero su intención de cineasta con pretensiones hiperrealistas subyace en el fondo y sale bien librada hasta en el magistral y más minimalista de los planos, en los créditos finales de aquella terraza en toma contrapicada. Una antena y un avión rayando el cielo, con cero musiquita incidental, así lo corroboran.


En El Silencio, Bergman deja bien en claro su punto de partida: lo fructíferas que resultan las horas muertas en la cabeza de un niño (hoy en día ya los niños no tienen horas muertas, pues viven más ocupados que los adultos).


Nosotros, en el siglo pasado, sí las teníamos. La vida era lenta, muy lenta. Monótona, aburrida. Un día en un casa de clase media occidental, eran como cien años de soledad. Había tiempo hasta pa botar pa arriba. Incluso, hoy, las horas, de quienes-lo-tenemos-todo-por-no-querer-más-nada, están llenas de rutina: Levantarse, desayunar, bañarse, ver la tele, acostarse (¿para qué pedirle más al cine? ¿Para qué pedirle cosas extraordinarias? La verdadera aventura de nuestras vidas es el tedio. Punto. El tedio de un niño tipo El Silencio de Bergman, lleno de riesgos y matices).


En Roma, Alfonsino Cuarón nos muestra lo productivas que pueden llegar a ser esos mismos momentos de la ¨cotidianidad aburrida¨, a través de leitmotives como el de Borrás, el perro de la casa, un corredor doméstico que vive cagado por el perro mismo y mojado por los efectos de la lluvia , paneos de la vida doméstica, primeros planos de un lavaplatos, y/ó el del mismo avión que cruza parsimonioso por el fondo de los encuadres.


En lo personal, no creo que todas esas voces que atacan a Roma desde los medios de comunicación la ataquen por su lentitud, por lo que dicen que la atacan. La incomodidad de esas voces vienen, más bien, por el tema que por la forma.


Roma pisa sutilmente un montón de callos y no cualquier tipo callos. Roma pisa los callos más enconados y protuberantes del continente milagro, este continente latinoamericano que tanto se empeña en reproducirse teniendo hijos.


Roma habla de una Latinoamérica vapuleada por un sistema de castas, de blanquitos. A Roma no le perdonan que el punto de vista del México de los 70, sea el punto de vista de la muchacha del servicio, de la guisa, como decimos despectivamente en Antioquia, Colombia.


Mientras gringos departen en la sala de la casa junto a los dueños de la misma, a sus espaldas la cámara se queda junto a Cloe y los niños e, incluso, esa misma cámara se va al sótano de la casa, a la parranda de la servidumbre, la que celebra siempre abajo: ¨¿Qué pasa, Cloe? ¿Es que ya aprendiste a hablar inglés, que no quieres tomar nada con nosotros?¨, le dice una amiga a nuestra protagonista.


Sin embargo, la gente insiste en creer que Roma no gusta por lenta y mamerta. Una amiga con la que vi la película, que incluso de entrada ya detestaba la figura de las muchachas del servicio - y sin ningún tipo de formación cinéfila - me dijo que no le había parecido para nada lenta y que le había encantado, a ¨pesar de ser en blanco y negro¨.


Por eso, me reafirmo en que toda la incomodidad generada por Roma viene de allá: de la auto crítica de Cuarón diciendo, yo soy uno de esos blanquitos latinoamericanos, con desviaciones pequeño burguesas y mi cuota de culpa es ésta; soy otro de esos hijos de puta que crecieron con nana en la casa y nunca la supimos mirar bien.


 Y se le agradece de nuevo a estos directores que se ponen como carne de cañón. El nivel de auto crítica de Alfonsino Cuarón es inconmensurable. Cuarón dignifica a un ser humano, mientras otros cines criollos ya la estuvieran volviendo porno miseria (¿cuándo iremos a ver a un Víctor Gaviria o a un Carlos César Arbelaez exponiendo lo que pasaba en la sala de sus casas cuando estaban adolescentes, como sí lo han hecho un Javier Mejía, una Daniela Abad, una Laura Mora, un Joche, un Santiago Gómez para no ir muy lejos? Un poco más de cine auto referencial, señores, por favor).


Muéstrense, métanse a la conversación, tal como lo hace Cuarón en Roma. 


Habla muy mal de las críticas que he leído sobre Roma, el hecho de que digan que la película está repleta de travellings. Yo en realidad no vi tantos, como sí vi paneos y rompimientos de eje. La proporción debe ser de 1 travelling por cada 7 u 8 paneos, tal vez más.


Lo que sí resulta de pronto desconcertante, es el abuso del plano general. Cuarón se la juega en la mejor lógica de Costa Gavras, el rey del plano general, quien decía que si una escena se podía resolver en un sólo plano, ¿para qué descomponerla en otros planos subsidiarios?.


Y Cuarón se casa con esa idea y tal vez allí de pronto la crítica tenga un poco de razón. La ausencia de primeros planos puede aburrir para quien no tenga el aliento cinéfilo del cine alternativo. Para quién ya haya sido adoctrinado por la cultura de la publicidad.


Pero Roma funciona a base de planos generales. No hay tiempo para cercanías. Aquí había que mostrar el trasfondo, lo que sucedía en el entorno.


Roma es una película más de atmósferas que de tramas y eso, a veces, puede confundir. En un mundo con la sensibilidad dañada por la inmediatez y la celeridad, cualquier historia de calma y contemplación siempre resultará sospechosa.


Repito, el cine no tiene que mostrar eventos extraordinarios para ser cine, porque la vida de la mayoría de las personas es rutinaria y aburrida y ahí ya hay una gran aventura, la aventura de la monotonía, la aventura de la supervivencia psicológica, si se quiere.


Recuerdo que en los 90, una vez le pregunté a Raúl Soto por el corte final de La Vendedora de Rosas, si lo había visto.


Raúl, quien había hecho el Dolly de la obra en mención, me respondió diciéndome que le habían echado mucha tijera, que se le notaba mucho el embale. Me imagino que Soto hoy debe estar contento que películas como Roma, ya estén despuntando como nominadas al Oscar.


En este blog, casi nunca hemos reseñado películas nominadas al Oscar por su nivel de predecibilidad en cuanto a resortes narrativos.


Sin embargo, las películas de Cuarón nunca han faltado por estos píxeles, Y tu mamá también, Gravity, Hijos de los Hombres.


Siempre nos hemos preguntado hasta dónde irá a llegar Alfonso Cuarón en su persecución enfebrecida por el naturalidad en el arte. Sólo el tiempo lo dirá.


Por lo pronto, Roma ya puso un pico muy alto en los niveles de verosimilitud. Nos llevamos en el corazón esas escenas de Roma que logran emocionar y enchocolatarnos los ojos, sin la ayuda de un piano mariconcito en la banda sonora.


Nada. Roma emociona y emociona a punta de sonido ambiente. El naturalismo expresado a través del silencio. Sin músicas incidentales al mejor estilo de Dogma 95.


De hecho, las escenas con banda sonora de Roma se plantean para desarrollar euforia, pero no para provocar la lágrima, lo cual hubiera sido un recurso muy facilista al final. La poesía no se hace acá con lirismo. La poesía cobra valor documentando lo evidente, lo obvio. La simpleza de lo habitual. Cine del desparche, vamos. La ficción de la no ficción.


Para terminar, dejamos constancia de las obsesiones de Alfonsino Cuarón con el mar. Ese es su otro gran leitmotiv global. En Y TU MAMÁ TAMBIÉN las cosas terminan en el mar (¡y qué mar! Mar de cámara al hombro). Igual en GRAVITY y ROMA.


Ni se diga: le pegaste al perrito... perro, pinche Cuarón.


 Cuando vuelvas a levantar esa estatuilla, brindaremos con tequila, güey. RN




enero 09, 2019

Radio NEBLINA directo a tu teléfono

Grandes buenos vientos les desea su emisora Radio NEBLINA, desde Santa Elena y los invita a escuchar nuestros audios más destacados en la siguiente dirección: 


Recordándoles que los pueden descargar a sus teléfonos y conservarlos. 

Muy pronto nuestra temporada 3 de GENTE QUE AMA SU TRABAJO.

enero 07, 2019

Joche y la fuerza de la imagen (PARENTAL ADVISORY).

Dicen los especialistas, que la imagen del siglo 21 se ha vaciado de significados. Que tanta proliferación de representación electrónica desde la TV, el cine, pero sobre todo del internet y desde los teléfonos, ya no nos dice nada como espectadores de mirada fresca y que ha hecho que una imagen ya no valga, ni mucho menos, más de mil palabras.

Hoy una imagen no vale ni media palabra. Hoy las imágenes perdieron su precio, y su peso. Se suceden ante nuestros ojos como el torrente de realidad escindida que es la existencia fragmentada de la posmodernidad.

 Estamos en un mundo de imágenes pero no estamos. 

La saturación nos dejó ¨islas inundadas, la piel cuarteada y las piernas enterradas¨ (VETUSTA MORLA -SIC- ). 

Dicha proliferación de representaciones bidimensionales nos ha sumido en una inercia que acaso se equipara a la verborrogia de borracho que se lanza desde las obsoletas universidades de occidente.

Y de eso se trata más o menos esta película del gran Joche (JOSE MIGUEL RESTREPO), quien desde una cómoda posición clasemediera siempre se ha atribuido el papel reivindicatorio de las clases populares, a través del video. (Es muy fácil ser sensible a través del cristal).

¿Cuántos largometrajes de autoría propia tendrá Joche entre sus archivos? Es uno de los grandes misterios que alberga la ciudad de Medellín y que ni siquiera él mismo lo sabe. 

El caso es que todos estos largometrajes han sido consecuentes con una muy particular forma de ver el mundo y ello le ha cobrado una factura muy grande entre los sabiondos de este país. 

Dentro de una supuesta incoherencia, la obra de Joche nos proveerá siempre congruencia de postulados (pero sobre todo de principios).

Más de 20 años han pasado ya desde que vimos a Joche en el laureado DIARIO DE VIAJE (SANTI GÓMEZ) diciéndole a la cámara que el cine era urgente, que el cine era para ya, y que había que volarlo en mil pedazos.

Pues bien, ahora que todos los fanáticos de la imagen quisiéramos tener el tiempo y la energía y los datos suficientes para sentarnos a ver YouTube - día y noche -  (por toda la fuente de poder kinestésico que allí se encuentra), Joche nos ha hecho el favor de hacernos un generoso resumen, evitándonos la fatigosa labor de dar click y saltar de enlace en enlace.  

Restrepo ha tratado de darle una continuidad de flujo a un montón de ideas visuales desperdigadas, proveyendo dicho timeline de un marco teórico lógico.  El no rigor del rigor, Joche se casa hasta la muerte con sus principios. 

Hoy todos le han dado la razón. Hasta el propio Santiago Gómez ha reconocido públicamente que Joche terminó siendo la constatación político espiritual de Madera Salvaje, la popular productora audiovisual de los 90. 

Y sí: Joche lo ha logrado, pudo volar el cine en mil pedazos. Tanto que muy pocos le han copiado y otros nos sentimos más hermanados que nunca. 

Lo que más me gusta y habla muy bien de él como cineasta, es que uno termina hablando de asuntos técnicos con Joche. Para mí, los cineastas de Medellín se dividen en tres partes:

1. Con los que terminas hablando de chismes de farándula.

2. Con los que terminas hablando de cosas técnicas, la última cámara, etcétera-

3. Con los que hablas de cosillas del mundillo y de cosillas técnicas. 

Joche pertenece principalmente a la Nro. 2

Una de las imágenes que aparece en la RE VUELTA, la hizo Joche mientras hablábamos de la ISO de las cámaras SONY, luego de encontrarnos casualmente en el paradero de los buses de Santa Elena. 

Se le agradece a Joche su reivindicación al cine auto referencial en ésta, su más reciente película del 2018.  (¿Qué cine no es auto referencial?)

Y, si usted es un cazador de imágenes - como este blog -, en este documental va encontrar imágenes. 

Imágenes de verdad. 

Imágenes fuertes, puras, rudas, salvajes, porque Joche es pura fuerza de la imagen.  



enero 06, 2019

MÁS ABURRIDO QUE UNA FIESTA EN LAS INSTALACIONES DE GOOGLE


´´Todo lo malo que soñé, lo toqué. 
Pero está tan oscuro que el miedo no se ve´´. 
CALLE 13

¨La vanguardia es así. ¨ 
CHARLY GARCÍA


Hoy en día, no hay nada más vieja escuela que la ciencia ficción. Cualquier tema que te atrevas a tocar por ese camino resulta gastado, repetitivo y de un periódico de ayer.

Hoy retratar el presente, resulta lo más futurista del mundo. Incluso el pasado. Quién dijo que el futuro no estaba escrito. El futuro es ya. Está en tu cocina, notificando un correo en tu celular, - ese que le costó un ojo de la cara a tu hijo para dártelo como regalo de navidad y que ahora descansa en tu muñeca como reloj, hasta que termines de batir esa sopa  y que, además, mide tus pulsaciones, el número de kilómetros caminados en la mañana, y demás gadgets habidos y por haber, todos para enviar tu información más biométrica a la nube-.

Aquí, lo que parece una denuncia al gigante Google, no es más que una apología al espíritu sensible de las personas que se dignan a engrosar los ejércitos de androides millenials que la conforman. Gente como tú y como yo.

 Su protagonista, Mae Holland es una mujer en sus veintes que se divierte virtualmente, pero que todo lo que hace es trabajar. Aquí no vas a ver colegialas fumando marihuana en una esquina de Medellín, con el uniforme de católica aun puesto.

Lo que intriga de EL CÍRCULO, en realidad, es la capacidad de los guionistas para construir un macro cosmos narrativo tan totalitario en casi dos horas de tiempo. Aquí no se deja nada por contar sobre lo que sucede en esa versión posmoderna de 1984, que tanto temíamos. Todas las implicaciones políticas, sociales, económicas y, sobre todo éticas, no se dejan de tocar por EL CÍRCULO. 

Por ello, bienvenidos al Círculo. Emma Watson y Tom Hanks los esperan para llevarlos de la mano a una historia que ya es pasado: o sea, el futuro de Google. 

Aplausos para esa versión de Hollywood que insiste en un cine hecho sin sexo, sin armas de fuego, sin patadas, ni puños. Ni sangre en general. Ese tipo de ganchos publicitarios que por fortuna parecen estar trasladándose a las series y que parecen tener tan contentas a las masas de cadáveres conectados a Netflix.


enero 03, 2019

Espejismo Y DE CÓMO UNA BOMBA HACE MÁS RUIDO QUE UNA CARICIA



Si ustedes creían que los argentinos eran unos melodramáticos y los colombianos unos sentimentales irremediables, esperen a ver la pasión de los dominicanos tal como se plantea en esta necesaria película tan auténtica, tan aprendiz y necesaria como la que posteo a continuación.

¿Por qué en Colombia no tenemos al menos un largometraje así? ¿Tal es el tamaño de nuestra psicopatología nacional, que casi todo nuestro cine - avalado por los sabiondos - tiene que venir de un problema grosso, de asuntos tremendistas relacionados con el conflicto?

En lo personal, yo siendo colombiano crecido en el meollo de la Medellín de Pablo Escobar, me identifico más con este tipo de historias que con cualquier super producción de esas urgentes que nos vende Mincultura y que tantos réditos festivaleros nos proporciona.  

Y no es una identificación gratuita, es que viví más cosas como éstas que historias de bala. De hecho nunca me tocó la realidad del gatillo como nunca tocó a ninguno de los miembros del círculo en el que me moví y como nunca tocó a millones de colombianos, a pesar de que a pocas cuadras estaba Escobar contratando sicarios para matar policías.  

Es más sospechoso (por parte de nuestro cine) que hayamos podido llegar a Cannes y a San Sebastián con la miseria expuesta en Los Colores de la Montaña o en la Vendedora de Rosas y Rodrigo D, que con más fábulas tipo Leidi de Simón Mesa. 

¿Qué es más dramática la tragedia de la guerra que el drama cotidiano de unas personas viviendo pequeñas pasiones insulsas? 

No lo creo. I don´t Buy it. 

Pero puede que sea así. Puede que la basura blanca euro centrista se deleite más con la monstruosa realidad que ellos mismos han ayudado a crear. Pero sigo sin copiar igual.

En lo personal, cambiaría toda esa profundidad sociológica y pertinencia históricas, tan bien producida, por uno solo de estos ejercicios de aprendiz como Espejismos, mal actuados, pésimamente sonorizados, - de la foto ni hablar -, pero con bellos guiños a Tomás Gutiérrez Alea o a Taxi Driver de Scorsese (a Cuarón, para no ir muy lejos). Una historia sin relevancia política, pero con un universo personal, un alma.   

Me niego a creer que en Colombia no seamos más los que compartamos una existencia anodina, con pequeños grandes dilemas existenciales y que lo copen todo.

 ¿Yo que tengo que ver con la barbarie paramilitar? O ¿con la coptación progresista de todo el aparato educativo (la guerrilerada en las aulas, vaya)? ... Muy poco y casi nada. Soy un colombiano del montón que nunca me metí en política y nunca lo haré. 

Mis preocupaciones no van más allá de que el DIM no venda los pocos buenos jugadores que produce y que EPM no me tire más chuzo con La Luz. 

Tanto mamertos como paracos me han dado en la cabeza cuando han estado en el poder y siempre lo seguirán haciendo, tantos unos como otros intentarán su fraude electoral. Pero, conque la chica de la esquina me trate bien y conque de vez en cuando haya un pedazo de chicharrón en el plato de mis frijoles, mi planeta seguirá girando bien y mejorando. No voy por el gran botín para poder comprarme una casa a las afueras de Medellín, como pretenden todos esos opinadores de Facebook y de Twitter.  

El problema del cine no son los temas, lo sé. Siempre será la forma. Matar a Jesús de Laura Mora, así lo demuestra. O Carta a una Sombra de Daniela Abad. Alberguemos la esperanza que que algún día nuestra máxima obsesión como cineastas sea la de poner a nuestros protagonistas a perseguir ballenas como el personaje principal de Espejismos.  

Y como dice Julito: ´´Cuénteme la misma noticia, pero dándole la vuelta´´.

Aquí, en ESPEJISMOS, nunca vas a ver a nadie consumiendo drogas ni personajes travestidos. Tampoco verás a nadie hablando de problemas de tierra con el vecino. Aquí vas a ver a alguien como tú y como yo: sobreviviendo psicológicamente al tamaño de la urgencia de nuestra monotonía, como personas menos enfermas de la media, que somos.   


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