marzo 13, 2017

Víctor Gaviria no se cansa de poner el dedo en la llaga

Exterior, tarde gris, Centro Colombo Americano, centro, centro. Hoy tengo ganas de entrar putiado a la casa. Por eso me voy a ver la última de Víctor Gaviria. Vaya plomazo. 

Me encuentro con una amiga. Le llego tarde. 

De tantos años de haber vuelto al país, se me volvió a pegar la costumbre de llegar tarde, de darme un margen de error, demasiado grande, para todo. 

Ella ya ha comprado la boleta. A mí me corresponde, entonces, comprar las cervezas. 

Al salir, llueve. Exterior, noche, centro, centro, calles de la gran ciudad. Solloza sobre la ciudad. Luces de semáforo reflejadas en el pavimento mojado. 

- Qué incapacidad de simbolizar, la falta de signo, de rito - Le digo a mi amiga, mientras caminamos. - Obviamente me refiero al Animal. 

- Es un mundo primitivo… eso es lo que quiere mostrar. Un grupo de primitivos en la plena premodernidad.

- He ahí la importancia de ritualizarlo todo. La única ritualización del animal era cuando se reunían a revisar billeteras robadas al pie del río. - Comentamos lo visto. 

Mi amiga pide una sopa, hace frío, un poco de hambre. Yo empanadas de iglesia, pero en un sitio fancy.  La película nos ha sacado demonios. Pienso que la violencia más cruda no es la de las puñaladas, ni los machetazos ni las cascadas ni los balazos.

La violencia más cruda es la del lenguaje. Un lenguaje que ya se puede llamar ´gavirezco´.  Le digo a mi amiga que nuestro lenguaje violento hace parte del tejido cultural. Se esparce rápido, se hereda.

- Acabamos de atestiguar el trasegar de una güeva, una mujer que se deja, parece que hasta lo disfrutara. Ahí también hay una crítica de género, una invitación a superar el masoquismo femenino. Es que echarle la culpa de toda la mierda al sistema patriarcal también se convirtió en comodín, es muy fácil patinar en ese fantasma, en la auto victimización. Da réditos, pero es cómodo y da plata en esta coyuntura de corrección política. Pero proponer es más difícil, re victimizar a los pobres más fácil, el cine no es para eso .

- Yo no creo. Es muy difícil estar en una situación como ésas. 

Hacemos una lista de mujeres que hemos conocido como Amparo. Un montón. 

- Es la falta de educación, son los parajes, las circunstancias, el terror.

- El horror, diría yo. Por fin una primera de película de terror importante en Colombia. Una que sí da miedo. 

- Los gallinazos lo presagian todo acá. 

- Unos alumnos míos, que viven en esos barrios, viven muy bravos con la estigmatización, dicen que Víctor agrede su imagen cada vez que le da la gana, que ellos no son ningunos bárbaros. Que en esos barrios hay procesos, de resistencia cultural, muy valiosos, hace muchos años… Yo también comulgo, e insisto, conque esas películas podrían funcionar en estratos de 5 para arriba. No hay necesidad de hacerlas estrato 1… La Historia Oficial, por ejemplo. Es estrato alto y habla de los mismo…Leidy también podría ser estrato 5, no había necesidad de ensañarse con la miseria.

- El tipo es un investigador, él se la ha guerreado en esos barrios… conoce su material… sabe de lo que habla. 

- Desde lo artístico es intachable, aunque visualmente creo que se ven mejor sus otra películas, las tomas sin trípode estropean el paisaje… falló la corrección de color o pudo haber sido la proyección del Colombo…la música no obstante da un salto cualitativo en relación a sus otras pelis... insisto con lo del lenguaje, ahí está toda la violencia y no es potestad de las clases bajas, ese tipo de lenguaje uno lo encuentra en cualquier condición social, porque es muy móvil y se disemina muy fácil sobre la telaraña cultural, en los vasos comunicantes de las estructuras.


Salimos a la calle. Pagamos la dos cervezas y la comida. El parque del periodista parece un paraíso, al lado de lo visto en cine. Seguimos de largo. Compramos más pola y ya queremos llegar a nuestras casas, cuanto antes. Gaviria no se cansa de poner el dedo en la llaga. En tus manos colocamos, Señor, la ficción que ya pasó y el Víctor Gaviria que llega.

En casa ruedan los fotogramas de Ninfomaniaca 2. Y yo que creí que esa cinta me iba a ayudar a bajar el embale de la otra. 

Me acuesto putiado.


febrero 14, 2017

La Ardilla Roja, obra maestra del cine, cumple 20 años

Las películas también tienen sus 20-años-después, como las bandas de rock, como los álbums y como los hitos. 

Ahora es el turno para Julio Medem y su La Ardilla Roja. Una cinta clave dentro de la obra más potente del cine español.

 Para el gusto de este blog, Medem es mucho más cine que Almodóvar o que de La Iglesia, por ejemplo. 

Y sólo estamos siendo consecuentes. De Medem, hemos escrito  aquí varias entradas, todas ellas celebratorias. De los otros dos no tanto o tal vez ninguna y/o en malos términos. 

Y de alguna manera el tiempo nos ha dado la razón. Las pelis de Pedro y Alex, vistas a la distancia, son cuasi irrepetibles y pueden tirarme ya a la hoguera antes de que escriba lo siguiente: la mayoría de dichas cintas dan pena ajena, son bobaliconas. No digo que carezcan de valor, pero son obras que envejecen mal, son más histéricas que la media. 

Medem por el contrario es como la ropa vintage. Un director, cada década más valioso, maduro, serio, un director que se pone caro, valorado, pero sobre todo un cineasta que bien ha sabido envejecer. Revisitarlo no se torna en una misión insufrible.

La siguiente pieza periodística es una lección de cine y de investigación insuperable, un especial que le hace un digno tributo a la película más deliciosa de Julio, después de Tierra, quizás su cabezazo épico por excelencia.

Pido entonces excusas porque no cualquiera se pone a hablar de La Ardilla Roja, obra maestra del genial Julio Medem que por estos días celebra sus 20 años. 


febrero 13, 2017

Porque la masa es estúpida, sí que lo es - BLACK MIRROR 3a TEMPORADA -

Espejo Negro es una serie ligera. Es pretenciosa, quiere adivinar el futuro desde el presente. Sus atmósferas de asepsia logran crear hábitos de audiencia. Sin embargo es una serie superficial, exceptuando este capítulo que se postea a continuación. 

Perteneciente a la temporada 3, este episodio de la exitosa serie británica nos ubica en el presente y en el pasado pero jugando a recrear el futuro. No quiere ser profeta, porque el futuro ya llegó. Habla de la estupidez de las estadísticas, de cómo alguien para aplastar a los demás o de cómo las instituciones aplastan al individuo siempre bajo el pretexto de las encuestas o por los números (´´es que los números así lo dicen...´´) y de cómo la masa es la masa: un compendio de borregos. 

Nunca me canso de explicar el comportamiento tan femenino de las sociedades, al masificarse:

EJEMPLO: era un invierno. Trabajaba lavando carros e iba a trabajar de porfiado. El jefe nos decía que no irían carros, pues para qué lavar un carro si saliendo del lavadero ya iba a estar sucio con la nieve y el barro y que podíamos entonces tomarnos el día libre. Siendo muy perezoso como soy, de todos modos iba por no quedarme en casa. 

Me gustaba salir en invierno y de repente lograba arañar algunos dólares en propinas. 

Entonces siempre ocurría el milagro. De pronto algún rico que no sabía que hacer con el dinero ni con el tiempo que le sobraba, decidía pasar su tiempo en el lavadero. Total, los carros que lo veían entrar al establecimiento se animaban (¿antojaban?) y decidían ellos también lavar el carro. De de repente se formaba una pequeña cola, que animaba a otros carros y esos otros a otros hasta que era una muchedumbre de carros lavando el carro para nada, para ensuciarse el doble de lo que estaba. Era el hecho de ver otros carros haciendo cola en el lavadero lo que los empujaba a desperdiciar su dinero.


Esa misma situación se plantea en este Black Mirror, pero aplicada a las redes sociales del futuro. Cualquier parecido con Facebook y su influencia en la sociedad es pura coincidencia.


enero 23, 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR, EL IMPERIO DE LO TÁCITO

- ADVERTENCIA: spoiler a la vista - 

 Esta película me la veo el día de la posesión de Donald Trump y 15 días después de la muerte de mi padre. Hay helada en Washington. Las redes sociales enloquecen. Los medios insisten en que no hay jolgorio, en que el acto es una puta bajoniada. Hay linchamiento digital. Protestas en las calles. Gina Parody amenaza con armar una quebrazón de huevos a las puertas del Uberrimo. Carolina Sanín se hace la digna en su caso con los Andes. 


También es el último día de lluvias en Medallo. Los pronósticos colombianos hablan de días de mucho sol, por fin, a finales de enero. 6 meses de invierno es más que suficiente. ¿diciembre lluvioso? ¿Enero lluvioso? Por favor. Pa que lloviera tanto, algo muy feo y muy grosso se tuvo que estar lavando energéticamente en este lugar de la Mancha. 


 ¿Qué pasa? Manchester By The Sea, (a partir de este momento MBTS), es una película sobre el duelo a dos tiempos. Su relato habla del duelo recién estrenado y del duelo rancio, el duelo luego de muchos años después de haber sido asimilado. 


 Por un lado es el duelo de un adolescente con la muerte de su padre, 8 días después del deceso, y por otro lado el duelo de un padre muchos años después con esa muerte que no tiene nombre, la muerte de sus hijos, y me perdonan por el spoiler. En todo caso, el relato habla de un solo duelo, que en todos los casos es el mismo. Solo que muta. 


El duelo se modifica, es distinto de persona en persona, y de semana en semana, de año a año. Qué Dios nos coja confesados cuando un miembro de la clase media, con todas las herramientas y todos los recursos conceptuales al alcance de la mano, decide no llevar de una manera civilizada sus duelos y sus dolores. Nadie querrá estar cerca de una lesbiana ricachona si ésta decide separarse de su esposa y no ir donde el psicólogo. O hacer yoga. O sembrar un jardín entero de suculentas. O viajar por el mundo: Mares de sarcasmo e ironía habrán de chicotear a quienes la rodean. Sin embargo, con la clase obrera es diferente. La clase obrera no está obligada a sostener la caña de que el psicoanálisis en este mundo no ha fracasado. 


 Y es que de eso se trata MBTS. De salirse de ese pensamiento dogmático, habilmente redescubierto por Gilles Deleuze, y decir que el realismo social norteamericano está aquí para decir que los obreros del mundo no tenemos por qué estar obligados a superar nuestro dolor. 






 Los obreros del mundo no tenemos por qué expresarnos y respetar los rituales funerarios, cualesquiera que sean. Los obreros gringos somos lo más parecido a la realeza británica y hemos de continuar esta vida con el dolor atrancado en la garganta o en el pecho, ó como nos salga de los cojones: tal vez armando riñas en un bar, dándole en la jeta al primero que nos mire mal luego de 5 cervezas. (En el caso colombiano, un machetazo y tumbarle la cabeza a alguien). ¿Qué es esa mierda de un velorio? 


Por favor. Eso no cura nadie, tal vez a usted. Pero, a mí, no me ha hecho sentir mejor. El muerto se muere y listo se acabó la historia. Quedan los recuerdos, pero son tan personales. No me interesa compartirlos contigo. El rito es colectividad, mi dolor es individualidad. Hay una escena en MBTS en la que el tío le dice al sobrino si no quiere ver el cadáver de su padre muerto. Entonces el sobrino le dice: - No quiero verlo, me da locha. - Deberías verlo - Le dice el tío. - Para qué no tiene sentido, ya se murió. Es un cadáver y punto. 


 Esa última frase dice mucho. Dice que prefiere el recuerdo de un papá vivo, de un papá de otros tiempos mejores, ¿a quién se le ocurrió esa mierda de que ver al papá muerto o enfermo, es mejor ? Convengamos: hay gente a la que no le interesa ver el muerto, punto. 


 Hay otra escena (tal vez la más memorable del largometraje entero y tal vez la más memorable del cine en los últimos tiempos) en la que la ex esposa se encuentra con el ex esposo y le pide que hablen, que se perdonen, que se digan cosas amables o cualquier mierda de ésas. 

 Han pasado años, demasiados. Las heridas intactas, pero todo bien. Él se extraña, se encoge de hombros. Balbucea. Ella también. Se vuelven un par de gagos ebrios. Un diálogo de tartamudos. Un festival de nudos en la garganta. No hay diálogo, solo frases entrecortadas, palabras pisadas la una a la otra. 


 ¿Qué le diría, esa hijueputa, que le está pidiendo perdón por algo que le dijo en el pasado?… (pero que ha quedado tácito en el guión). 

 O mejor dicho: ¿qué no le diría esa tetra malparida? ¿qué omitió? Nunca vimos la reacción mediata de esa pobre mujer destrozada para con ese marido inconsciente. Tampoco vemos lo obvio: es muy raro para la sociedad ver muertos que caminan, gente que está muerta y ya no le interesa resucitar. Gente que se muere espiritualmente con sus muertos y siguen respirando por inercia. Nadie respeta eso hoy en día. A la gente le parece más normal esa actitud psicópata de las mujeres que no se entregan a la pena. Esas mujeres que se llevan lo que sea por delante con tal de reivindicar que la especie continúe, que la vida siga como si esto fuera una eterna fiesta, un carnaval continuo.   


 Pero no queda difícil imaginarse lo que le haya dicho ella a él. El caso es que el man está dañado y más que dañado con su error y su pérdida, el man está dañado es con ella, con lo que ella hizo, con lo que no, con lo que le dijo y con lo que no le dijo después de. 


Nunca sabremos los detalles, pero que importan. ¿O sí?  


 Al final hubo un error y unos hijos que se murieron, pero, a los que les tocó continuar, tirando de la existencia, fue a ellos y de cómo lo resolvieron dependían muchas cosas.





Su acto de heroismo, el de él, es que no salió por ahí a reproducirse, a tratar de tapar un hijo muerto con más hijos (como ella). Hay personas que creen que tener amor es lo mismo que tener un bulto al lado. Un bulto que respire y que les pertenezca. Se confunden con eso. Tener amor es tener una historia, un patrimonio de recuerdos agradables. 

Por eso, el mejor amor es el de los amigos. Los verdaderos. Su acto de heroismo, el de él, es que decide quedarse solo, no por duelo, pero sí por dolor. Más que válido. Hay una escena, al final, en que el sobrino le pregunta al tío para qué quiere una habitación extra en su nuevo apartamento. Obviamente todos estamos esperando que diga ´porque quiere empezar´ una nueva vida, esa cosa tan cristiana de que tus pecados ya fueron redimidos y que mañana también sale el sol (pensamiento dogmático). Pero el tío dice que, al final, la habitación extra no la va a usar pa nada. O sea: que prefiere quedarse con su vacío, que también es normal. 


 Al final, MBTS es una película muy gringa. Es la película del vaquero del viejo oeste en busca de redención. De un man que la cagó y que se niega a que la sangre de Cristo lave su pecados por él (nunca nos cansaremos de decir las palabras de Godard: ´Si alguna vez hubo una película importante, ella fue un western y si alguna vez habrá una última película importante, ella será también un western). 


La escena que demuestra esto, es cuando el tío va a una especie de ferretería del pueblo a preguntarle algo a un viejo amigo y la esposa de éste le dice que no lo quiere ver nunca más por allí. ¿Sanción social? Tal vez. A él que le importa. Ya está muy lejos, en otro plano físico y mental muy lejos de allí. Entonces no hay regreso, no hay héroe que quiera volver a casa. Hay un héroe que quiere morirse con su dolor. Punto. (no me vengas con tus cuentos de que hay que superarlo). ¿Es tan terrible aquello? 


 A veces, también, lo único que necesitamos algunas personas de clase obrera, es irnos a la tumba con nuestros dolores intactos o, en su defecto, agarrar una puerta a patadas, quebrar una ventana de un puñetazo, sangrar un poco en los nudillos de las manos y así superar algunas pérdidas. Luego podremos seguir tranquilos.

diciembre 31, 2016

La inmanencia de lo trivial, Ciudad inmóvil, de Aaron Katz

El cine que me gusta, desde hace muchos años, es ese cine que no parezca cine. Que se preocupe por la eliminación del artificio en su máxima expresión. Se sabe que la mayoría de la gente va a cine porque adora ese artificio, le encanta que le muestren un espectáculo de pirotecnia ficcional. Qué la musiquita, que las actuaciones, que los paisajes, que el freeze frame, que la cámara lenta, que este otro golpe de efecto allá y, bueno, todo eso que es el cine en general.

 Pero hay otro tipo de cine naturalista que ni siquiera respeta al documento. Es un cine que desdibuja todo tipo de puesta en escena o montaje. El documento no le interesa, el hecho de tratar de dejar una huella o un testimonio ya es de por sí un amaneramiento anti natural y artificioso, agentes de la cultura humana para impresionar y que se expresa en un género tan sobrevalorado por los intelectuales como el documental. Sin embargo, el hiper naturalismo es todo lo contrario. Es dejar que la vida fluya, con la menor intervención política posible, la idea es no ejercer poder sobre el mundo, sobre nada. No manipular, dejar que la obra de Dios simplemente sea. (Todo arte narrativo es profundamente político, hasta el más tonto, hasta el más comercial).


 Tampoco se trata de parecerse a la vida. Se trata de otra inmanencia de lo trivial. De lo poético que no es poesía, de los retazos de film que cualquier productora medianamente decente tiraría a la basura. Ese pedazo de lenguaje que hace parte del paisaje y por tanto se invisibiliza por lo apropiado. ¿Qué puede haber de documental en una bella actriz haciendo de interlocutora en una relación de pareja? ¿Es el conversar, sobre todo y sobre nada, un buen guión que vaya a buen puerto? Quizás no. Pero cualquier tipo de gesto humano captado por una cámara es cinematográfico. Aaron Katz, como Swanberg (actuación incidental acá) y como el resto de la tropa, son herederos de eso que Cassavettes llamaba construir sobre la línea. Hay un eje rector en sus producciones que es indestronable, ningún actor podría atentar contra la solidez de la línea. Sin embargo, qué libertad se tiene sobre ella. 

 Pa finalizar, quien hay vivido en NY y no haya tenido una novia como la de esta película y quien no haya tenido este tipo de diálogos por esas calles, en realidad nunca vivió en Nueva York.  Acaso la sobrevivió.

diciembre 20, 2016

Ese discreto encanto de las vidas aburridas

La vida es más rutinaria de lo que se piensa y por tanto el cine debería ser así. ¿por que centrarnos en la excepción y no en la norma? ¿Acaso no es la norma más fascinante?, ¿no es la realidad un cúmulo de aventuras simples, maravillosas y entre más sutiles más paradisíacas?

 Cada vez más paso de ese cine en el que tiene que pasar algo cada 15 minutos, el famoso punto de giro que llaman los guionistas, un twist.


Hay películas como esta de Aaron Katz en el que los giros dramáticos te los proveen las actuaciones, en algún gesto, alguna mirada desprevenida o por qué no, algunas inflexiones de la voz en diálogos aparentemente insulsos y triviales.


 Ah, qué bella es la cotidianidad y entre más quieta mejor. Ese discreto encanto de las vidas aburridas en el mundo de hoy.


Para qué le vamos a poner tanta imaginación a la vida, si en la rutina esta ella y mucho más, ya lo dijeron ellos, no yo: la realidad siempre supera a la ficción. Y si es hiperrealidad mucho mejor.


 

diciembre 03, 2016

Las personas que saben escuchar, follan más

Esta es una típica película de personajes como una noche veraniega podría ser típicamente californiana (bueno, lo que técnicamente se llama en inglés developing character: o sea, un personaje que se desarrolla, adecuadamente, crece y terminamos sabiendo casi todo de él (ella) .

El ataque es silencioso. La trama va creciendo subterfugiamente, bajo del manto oceánico de la alfombra.

De repente, nos vemos arrojados al encanto de ella, de él y los demás.

Ella, la más encantadora con sus dilemas protagónicos de una relación que la eclipsa (quién no ha tenido una novia que se monta en relaciones de competencia hasta dinamitar, si es posible, toda la relación). Él, un sol social. Nada personal. Naturaleza humana, tradición cultural. El hombre es el que brilla simpáticamente, ella la que aplaude empáticamente.

Si somos atentos, nos iremos involucrando con el drama antes mencionado. Swanberg nos va soltando datos sutiles sobre estos personajes hasta el punto de la identificación.

La historia parece anodina y lo es, pero a quién le importa. Hay un conflicto, ella quiere echar a su novio. Es su máxima aspiración en la vida. Todo el guión se reduce a ello.

Nosotros participamos de ese deseo: ¿qué hace una mujer tan bonita con un imbécil como ése? (quienes tenemos varias amigas bonitas, y somos sus confidentes, todos los días entramos a ese terreno: cuántas veces nos vemos aconsejándoles, ´échalo, échalo, él no te merece´.

Pues bien pasa igual con esta rubia. Sólo que en este caso no bien han pasado 20 minutos y ya nos hemos enamorado, como todos los demás hombres que la rodean. Nuestro consejo no es objetivo, está viciado).

Además, ¿qué mujer no está metida en una relación donde solamente es su novio el que habla? Las historias de ella no importan... Bueno... los buenos somos menos: ciertos hombres también sufrimos de esas enfermedades metropolitanas. A veces, es ella la que habla, la que brilla, la que hace sólo sus historias valgan o se oigan. Muchos, con harto esfuerzo, hemos aprendido que las personas que saben escuchar son las que follan más. Si quieres tener sexo, aprende a cerrar el pico.

Pero, bueno, no sólo de sexo vive el hombre. No nos montamos en una relación para ser el psicoanalista del otro. Si necesitas terapia, búscate un terapeuta, no una novia (o). Sin embargo, suele suceder que la cortesía es confundida con la tontería. Entonces, esta rubia que es cortés, que es toda una dama por dentro y por fuera del matrimonio, una mujer educada, que le gusta respetar a sus interlocutores escuchándolos y entregándoles la palabra, - una reina de la cortesía, vaya -  es tomada por su novio como un diván de psicólogo. Ella se siente un mueble en esta relación, a la que él de vez en cuando le quita una mota de algodón o le pasa una mano por encima mientras su culo se arrellana más.

Un amigo solía decir en el barrio Carlos E. Restrepo de Medellín cada vez que se emborrachaba: ´las mujeres son para quererlas y nada más´. Total, no creo que muchos hoy en día estén dispuestos a pagar el precio que significa esa frase. Concordemos, con esta película, en decir que nadie es capaz de enamorarse lo suficiente como para ser el (la) psicólogo (a) del otro, aunque estoy seguro, estimado lector, que usted conoce algunos casos, especialmente hoy en día, en que los niveles de histeria, entendida como la incapacidad de expresarse, andan disparados y convertidos en pandemia.

Entonces, como dice Diana Uribe: desde los confines del conflicto, no quiero avanzar más para no convertirme en un spoiler y se trata de que este blog sea más de recomendaciones que de análisis.

Además, qué importa la historia, aquí la única que importa es ella.










julio 04, 2016

El difunto Kiarostami, RIP, QEPAD, SOS, WOW, LOL, WTF, etc.

Ya sé que queda muy mal hablar de los muertos y hablar mal. Pero siempre sospeché de las películas sobre niños y especialmente las de Kiarostami. Para mí, el difunto siempre fue un pedófilo encubierto y nunca se demostró lo contrario. Sin embargo, este corto es de una ternura mayúscula y aunque se crea que es una historia sobre la infancia, en realidad esta es una historia sobre los perros, un homenaje al diálogo entre la zorra y el Principito:


junio 16, 2016

El mejor final de la historia

Si este no es el mejor final en la historia del cine, entonces en este blog no hemos visto cine...

junio 15, 2016

Avalanchas políticamente sospechosas

Habría que preguntarse cuál es el lugar de la academia y la institucionalidad ahora que las series pertenecen a YouTube y otro poco a Netflix, las cuales, no nos llamemos a engaños hoy son la nueva verdadera pantalla del mundo. 

Todos los días vemos intentos desesperados de los policías sociales tratando de encausar los audiovisuales, de controlar unos contenidos que ya no les pertenecen más, que se pueden hacer entre dos personas o tres y no con grupos de 50 personas como ellos pregonan. Y lo peor, o lo mejor: su razón de ser es la red, no su fin, pero sí su medio, tal vez su único medio esencial, estar en internet, accesibles para todo el mundo, sin filtros, ni censuras.

Hoy productos como estos, no sirven para justificar grandes nominas de profesores de maestría internacional, ni sesudos simposios multimillonarios, ni abismales presupuestos estatales, ni astronómicas contrataciones que sirvan pa´ chupar la sangre de los fondos públicos, como suele suceder aquí y allá. 

Veremos a ver cómo se las ingenia el sistema para ponerle una camisa de fuerza a las series web, esta avalancha políticamente sospechosa.

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