marzo 24, 2019

Llegar a los 40, es como ver tele por YouTube

Dedicado a Margarita Pineda


´Yo nací para mirar
lo que pocos quieren ver
yo nací para mirar´...

Los 40 es un poco como la TV por YouTube. Ahora que he vuelto a ver televisión por cable, después de muchos años, me he dado cuenta de que, en cuestiones de consumo de entretenimiento, estoy en una especie de punto del no retorno. 

Este viaje sin regreso llamado internet me ha cambiado el cerebro. Ya no soy capaz de ver televisión convencional. Tampoco me gusta. Me parece impráctica. No sirve para hacer otras cosas - ser multitasking-, como con la radio por ejemplo, porque te tenés que clavar al aparato. Ya sea para canaliar o simplemente someterte a la dictadura del programa en curso si no te lo querés perder: las leyes te las pone el programa, tiempos de pausas comerciales, y horarios rígidos, muy rígidos, en general.  Tampoco podés poner pausa o guardar para ver más tarde. Menos, podés ser tan selectivo en términos de gustos personales y, mucho menos, un pagano electrónico. Sin quererlo, de carambola Youtube inventó el formato del tiempo ideal para el siglo 21: un programa de televisión ya no debe durar más de 5 minutos, si es de 3 minutos, mejor. Hay muchos canales que antes tenían formatos de 25 minutos y una hora,y ahora les ves piezas narrativas de 1 minutos, micro documentales y no necesariamente ni spots ni promos. Telemedellín por ejemplo, ya entendió que la competencia es contra Youtube, sino una guerra fratricida. 

En la TV convencional tenés que someterte a uno de esos 800 canales sagrados que son todos un poco de lo mismo: pura silicona mental. No hay nada orgánico allí en la televisión por cable y, mucho menos, naturalismo, espontaneidad. 
Pero, bueno, supongo que está ok para quienes no conocen las maravillas de YouTube y lo que significa meterse por recovecos insondables de televisión profana. 

Un poco más o menos lo mismo pasa con el asunto de los amigos. A los 40, ya la tenés muy clara sobre con quien conectaste y con quién no. Quiénes, de los nuevos que llegan, se van a quedar y quienes no. 


A Andrés Caicedo, por ejemplo, le explotaron su famosa frase UNOS POCOS BUENOS AMIGOS, por parte de sus supuestos pocos buenos amigos. Quién sabe qué pensaría hoy de esa fusilada. Tal vez si hubiera llegado a los 40, hubiera tenido la clarividencia, esa calma tipo YouTube, de saber quiénes eran esos, sus buenos amigos. 

Vos que ya llegaste a este cuarto piso, espero que ya la tengás al menos un poco traslucida al respecto.

 
Sí. Los 40 son como YouTube. Vos adquirís la calma para ver bien. No más rápido ni mejor. Sino ver bien. Haciendo la pausa. Metiendo el partido al congelador. Consumiendo el producto de a poquitos, dejando guardados para mañana. Televisión y amigos a tu ritmo. Identificando los matices entre lo que es tóxico y lo que no lo es - algo impensable a los 25 años de edad -. Deglutiendo las nuevas almas en tu vida y las viejas amistades que sobrevivieron a la poda inclemente del tiempo. 
De repente, por ahí, te vas a dar cuenta de que esos ´pocos buenos amigos´, de los que hablaba Andrés, no son tan pocos en realidad y sí más buenos de lo que pensabas y, tal vez que sí, menos para quienes se dan ínfulas de estar muy rodeados .
A propósito del tema, nos permitimos fusilar el siguiente artículo publicado en el periódico El Colombiano, por una pluma que también suele escribir en el folletín mensual del claustro de Comfama y que cae como anillo al dedo, sobre el asunto de los amigos y de Youtube y de los 40. Eso. - REDACCIÓN NEBLINA - 



Los amigos y los años



Por DAVID ESCOBAR ARANGO 

* Director Comfama










“Dime quiénes son tus amigos y te diré cuántos años vas a vivir”, le oí decir a Dan Buettner, autor de Las zonas azules. El explorador de la National Geographic se dedicó a recorrer el mundo para estudiar y elaborar una especie de taxonomía sobre los pueblos de mayor longevidad del planeta. Vivió en 

comunidades en Grecia, Italia, Japón, Costa Rica y California. Encontró varios elementos comunes que puedes encontrar en su libro o en internet, pero el de los amigos, que él llama “la tribu correcta”, me parece un tema maravilloso para una tertulia. La calidad y fortaleza de nuestras relaciones será determinante de nuestra longevidad, ¡y por supuesto de cómo la vamos a disfrutar! ¿Qué tal si conversamos sobre el valor y la dicha de la amistad?
Cuenta Buettner que los habitantes de Okinawa, Japón, crearon unos grupos de amigos que llaman “moais”, compuestos por cinco personas que se comprometen mutuamente para toda la vida. Se reúnen cada tarde, a la misma hora, para conversar y reír. Se acompañan, nutren y apoyan hasta la muerte. ¿No crees que la vida es mucho más feliz, menos estresante, con amigos incondicionales con los que podemos contar? Qué privilegio saber que pase lo que pase, tendremos con quien compartir alegrías y penas, a quien llamar para preguntar algo que no sabemos o acudir en caso de emergencia.
La idea de “la tribu correcta” aparece también en otro libro del que te hablé, La vida de 100 años, de Gratton y Scott, con un término menos poético pero igualmente contundente. Lo llaman las amistades regenerativas, esas opuestas a las tóxicas, que lo llenan a uno de inspiración y tranquilidad. La obesidad, el cigarrillo y hasta la felicidad, dicen, son contagiosas. Por eso nos recuerdan que, para cuidar nuestra salud y vitalidad, hay que cuidar de esas relaciones que nos hacen mejores personas. Llaman la atención sobre esa época de la vida en la que los hijos o el trabajo hacen que muchos se alejen de sus amigos más queridos. Al cabo de los años, esa gente se da cuenta de que ya no tiene tribu, que no hay “red de soporte”, se quedó sola. ¿Será que en tu tertulia nos recuerdan ideas simples sobre cómo cultivar la amistad? ¿Cómo hacemos para que, desde el colegio, comprendamos que la amistad no es un derecho, sino una bendición que se construye? ¿Cómo nos explican que no hay reunión del trabajo que deba impedir un encuentro con los buenos amigos? ¿Cómo hacer comprender que el mejor regalo no son unas medias o una botella de ron, sino llevar sopa caliente a su casa el día que cae enfermo?
En un mundo en el cual cada vez hay más personas que viven solas, efecto de la demografía, y estamos más desconectados de lo que verdaderamente importa, efecto de la tecnología, la salvación para muchos de nuestros males de salud mental, suicidios y desamparo puede estar en la vieja, buena y pura amistad. ¿Qué tal si abrimos la tertulia con este texto, de El Profeta de Gibrán, para animarnos?: “Y en la dulzura de la amistad, dejad que haya risas y placeres compartidos. Porque en el rocío de las cosas pequeñas el corazón encuentra su mañana y se refresca”.


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