marzo 31, 2019

El 3er Salón Documental Medellín

- REDACCIÓN NEBLINA - Se cumplió anoche la última jornada del SALÓN DOCUMENTAL MEDELLÍN III, correspondiente a su accionar en el claustro Comfama de San Ignacio. 

El evento finaliza hoy domingo en la sede LA CASA DEL CENTRO CULTURAL, en Maracaibo con Sucre. 


Muchas cosas para decir. Primero, que este tipo de hervidero de voces sirve para pellizcarse un poco entre los documentalistas aletargados de la ciudad.

 El SALÓN ha resultado inspiracional y muy aspiracional. A veces te olvidas, como creador, de que tienes una obra en proceso y escuchar a otros semejantes con tribulaciones parecidas a la tuya te anima bastante a sacar el proyecto de un cajón.

 También saber que hay tanta gente, tan nueva generación, preocupada por el ecosistema de la industria documental, de alguna manera te hace sentir parte de algo, de una secta soterrada, cuya religión necesita ser más conocida por la masa. 

Bajo el eslogan de ´Una sociedad sin documentales es como una familia sin álbum fotográfico´, frase del chileno Patricio Guzmán, la UPB por ejemplo ha sabido definir la importancia de un conglomerado nacional alrededor del tema documental. 

La necesidad del debate es tan urgente, que alrededor de esta iniciativa cuasi privada han sabido dejarse caer por el evento gentes institucionales y autoridades corporativas en la materia, de Bogotá, Chile, México y un largo etcétera. Igual Telemedellín, Teleantioquia y la ANTV también expusieron lo suyo. 

La cosa también ha sido un bastante-cable-a-tierra. Percatarse de un montón de detalles que requiere el momento histórico de la producción audiovisual. Aunque no nos llamemos a engaños: los dilemas siguen siendo más o menos los mismos, distribución, financiación, egolatrías, pero ya manejados a un nivel más profesional, comunitario y colaborativo que hace 20 años, menos aislado y con el plus de la tecnología y la interconexión global como agentes de potencialización. 

Ya Medellín no es un ciudad por allá con balbuceos periféricos. Ya Medellín parece ser el centro de la conversación, no como tema, sino como conversador y que la conversación se haga en el centro de la ciudad, a escasas dos cuadras donde parquea el bus de Santa Elena y, a media cuadra de la estación del tranvía, hace que nos incumba completamente en este blog.

Pero aterrizando un poco todo este plomazo informativo, debo decir que lo más importante para Radio NEBLINA fue haber descubierto a Daniela Giraldo, tal como hemos conocido a los amigos que nos hacen sentir más orgullosos aquí: sin que nadie nos la presentara, sin saber nada el uno de otro, simplemente soltando un comentario de pasillo, una treinteañera simpática que te larga una pregunta,  alguna trivialidad de parroquiano transeúnte, y vos le contestás y resulta que había otra alma gemela cinéfila más que cineasta, otra hermana que disfruta más siendo fan de otros que siendo admirada por otros. 

Daniela Giraldo es una de esas nuevas directoras pura sangre que ha brotado la ciudad de Medellín, muy de la generación de Laura Mora, Daniela Abad, Simón Mesa y David Horacio Montoya, que se ha dado el lujo de no frustrarse Y eso es mucho decir, porque en Medellín se ha frustrado mucha gente en el tema del cine y todo ese malestar  ha hecho que se enrarezcan los climas. 


Pero Daniela no. Daniela no parece estar dañada, tiene esa calma de las aguas peninsulares y que salva de alguna manera el verdadero espíritu del quehacer cinematográfico. 


Nos complace mucho decir que muy pronto tendremos a Daniela Giraldo en Radio NEBLINA, una excelente interlocutora, conversadora de filosofía barata - y profunda - como quedan pocas.


Daniela es la directora de la serie animada Tomás, Alba y Edison y posteamos algo de ella mientras subimos nuestra conversación con ella en GENTE QUE AMA SU TRABAJO.





















marzo 28, 2019

Mi risa, mi tiempo: que crezcan ansiosos por enamorar

Ayer estuvimos en Piedra Gorda, un sector de Santa Elena perfecto para ser feliz en medio de una gran tristeza. Una vereda con banda sonora propia y cuyos recovecos, como siempre, te dan regalos cada vez que los visitas, como cuando vivíamos allá.
A veces hay que esperar que pasen años para encontrarle el sentido a los lugares en los que has vivido y, si nos faltaba alguna canción de El último de la fila por escuchar, aquel año las trillamos todas, no dejamos ni uno solo de sus acordes por succionar. Eso.
-RN-



marzo 27, 2019

Un plan maestro en GENTE QUE AMA SU TRABAJO


  


- REDACCIÓN NEBLINA - El próximo viernes 29 de marzo, será la clausura de PLAN MAESTRO, la obra del artista plástico John Mario Ortiz y el cual será nuestro próximo invitado a GENTE QUE AMA SU TRABAJO de Radio NEBLINA.




Para todos los crecientes y entusiastas seguidores de la historia de Medellín, PLAN MAESTRO puede ser una excelente alternativa de conocer la mirada de Pedro Nel Gómez, uno de los pensadores urbanistas más importantes que ha tenido la ciudad. 



A medio camino entre homenaje, tributo y recreación plástica, Ortiz asume la obra del maestro con toda rigurosidad investigativa para apropiarse de sus devaneos por la planimetría de la Medellín del siglo 20 a través de varias piezas escultóricas y de formato transmedia. 



Así las cosas, en PLAN MAESTRO podemos deleitarnos con varios ambientes que recorren la pintura, la instalación y el periodismo, todos enmarcados en una solo concepto: rescatar uno de los proyectos fallidos más importantes de la capital paisa. 



En la sala de exposiciones de la Facultad de Arquitectura, de la Universidad Nacional, sede Medellín,  se exhiben a pequeña escala juegos artísticos partiendo de planos urbanísticos para la expansión de Medellín hacia el occidente del Valle de Aburrá, un extenso parque público natural, un tótem escultórico sobre los mitos regionales para el campus de la Universidad Nacional e incluso, una publicación académica en la que el maestro Pedro Nel actuara como asesor y articulista invitado con agudos textos sobre arte, arquitectura y urbanismo, una revista de 12 ediciones que tuvo alto impacto en la ciudad llamada PORTICO y que con gran esfuerzo económico y editorial, John Ortiz se atreviera a relanzar. 




La obra está abierta al público en general y no tiene ningún costo. Más detalles de contexto en el próximo podcast
de GENTE QUE AMA SU TRABAJO. 




También invitamos a visitar la web del artista, AQUÍ: JOHN MARIO ORTIZ. 

marzo 26, 2019

¿Adónde iremos a parar?

- REDACCIÓN NEBLINA - Es muy raro todo esto del mumblecore, ese subgénero del cine independiente norteamericano y cuyos cultores, y pioneros, idolatramos en Radio NEBLINA: Noah BaumbachAlex HoldridgeAndrew BujalskiAzazel JacobsAlex Ross PerryTravis MathewsBen Safdie, Joshua SafdieBarry JenkinsJay Duplass, Mark Duplass y un largo etcétera. 

En el mumblecore, el hiperrealismo siempre está presente a través del video, sonidos ambientes, cero bandas sonoras, cero iluminación artificial y demás postulados de Dogma 95 y Cinema verité, en general.  

Sin embargo, en el mumblecore no debe haber puesta en escena, pero en el fondo la hay. El asunto debe ser casi todo en tiempo real, pero igual hay montaje y el montaje es más difícil de lo normal porque debe ser disimulado. El gran drama del editor es dónde poner el raccord, ya se sabe que, como el perfume, nada mejor que un raccord bien puesto.

La película que recomendamos hoy, ya llega demasiado lejos, un cine verdaderamente para ver en teléfonos con todos los clichés del género, chico encuentra chica y demás. 

Pero además en esta trama también se involucran los sucios de un audio cuando se graba con celular, el formato es cuadrado, y los diálogos son los más intrascendentes que se puedan encontrar en el mercado. Tampoco hay créditos de entrada ni de salida y la cinta es tan mumble y tan core que se tiene que involucrar el elemento adicional de subtitular toda la película para poder entenderla, pero igual va cobrando vida como elemento estético de la propuesta en sí.

Hace como tres años, una noviecita me dijo que nos gustaba mucho este tipo de películas, tan verosímiles, porque en el fondo éramos más entrometidos de la cuenta y más sofisticados de la cuenta.  Yo, hoy, cuando ella ya ha hecho mutis por el foro, me sigo preguntando: ¿adónde iremos a parar con todo esto del mumblecore?



marzo 24, 2019

Llegar a los 40, es como ver tele por YouTube

Dedicado a Margarita Pineda


´Yo nací para mirar
lo que pocos quieren ver
yo nací para mirar´...

Los 40 es un poco como la TV por YouTube. Ahora que he vuelto a ver televisión por cable, después de muchos años, me he dado cuenta de que, en cuestiones de consumo de entretenimiento, estoy en una especie de punto del no retorno. 

Este viaje sin regreso llamado internet me ha cambiado el cerebro. Ya no soy capaz de ver televisión convencional. Tampoco me gusta. Me parece impráctica. No sirve para hacer otras cosas - ser multitasking-, como con la radio por ejemplo, porque te tenés que clavar al aparato. Ya sea para canaliar o simplemente someterte a la dictadura del programa en curso si no te lo querés perder: las leyes te las pone el programa, tiempos de pausas comerciales, y horarios rígidos, muy rígidos, en general.  Tampoco podés poner pausa o guardar para ver más tarde. Menos, podés ser tan selectivo en términos de gustos personales y, mucho menos, un pagano electrónico. Sin quererlo, de carambola Youtube inventó el formato del tiempo ideal para el siglo 21: un programa de televisión ya no debe durar más de 5 minutos, si es de 3 minutos, mejor. Hay muchos canales que antes tenían formatos de 25 minutos y una hora,y ahora les ves piezas narrativas de 1 minutos, micro documentales y no necesariamente ni spots ni promos. Telemedellín por ejemplo, ya entendió que la competencia es contra Youtube, sino una guerra fratricida. 

En la TV convencional tenés que someterte a uno de esos 800 canales sagrados que son todos un poco de lo mismo: pura silicona mental. No hay nada orgánico allí en la televisión por cable y, mucho menos, naturalismo, espontaneidad. 
Pero, bueno, supongo que está ok para quienes no conocen las maravillas de YouTube y lo que significa meterse por recovecos insondables de televisión profana. 

Un poco más o menos lo mismo pasa con el asunto de los amigos. A los 40, ya la tenés muy clara sobre con quien conectaste y con quién no. Quiénes, de los nuevos que llegan, se van a quedar y quienes no. 


A Andrés Caicedo, por ejemplo, le explotaron su famosa frase UNOS POCOS BUENOS AMIGOS, por parte de sus supuestos pocos buenos amigos. Quién sabe qué pensaría hoy de esa fusilada. Tal vez si hubiera llegado a los 40, hubiera tenido la clarividencia, esa calma tipo YouTube, de saber quiénes eran esos, sus buenos amigos. 

Vos que ya llegaste a este cuarto piso, espero que ya la tengás al menos un poco traslucida al respecto.

 
Sí. Los 40 son como YouTube. Vos adquirís la calma para ver bien. No más rápido ni mejor. Sino ver bien. Haciendo la pausa. Metiendo el partido al congelador. Consumiendo el producto de a poquitos, dejando guardados para mañana. Televisión y amigos a tu ritmo. Identificando los matices entre lo que es tóxico y lo que no lo es - algo impensable a los 25 años de edad -. Deglutiendo las nuevas almas en tu vida y las viejas amistades que sobrevivieron a la poda inclemente del tiempo. 
De repente, por ahí, te vas a dar cuenta de que esos ´pocos buenos amigos´, de los que hablaba Andrés, no son tan pocos en realidad y sí más buenos de lo que pensabas y, tal vez que sí, menos para quienes se dan ínfulas de estar muy rodeados .
A propósito del tema, nos permitimos fusilar el siguiente artículo publicado en el periódico El Colombiano, por una pluma que también suele escribir en el folletín mensual del claustro de Comfama y que cae como anillo al dedo, sobre el asunto de los amigos y de Youtube y de los 40. Eso. - REDACCIÓN NEBLINA - 



Los amigos y los años



Por DAVID ESCOBAR ARANGO 

* Director Comfama










“Dime quiénes son tus amigos y te diré cuántos años vas a vivir”, le oí decir a Dan Buettner, autor de Las zonas azules. El explorador de la National Geographic se dedicó a recorrer el mundo para estudiar y elaborar una especie de taxonomía sobre los pueblos de mayor longevidad del planeta. Vivió en 

comunidades en Grecia, Italia, Japón, Costa Rica y California. Encontró varios elementos comunes que puedes encontrar en su libro o en internet, pero el de los amigos, que él llama “la tribu correcta”, me parece un tema maravilloso para una tertulia. La calidad y fortaleza de nuestras relaciones será determinante de nuestra longevidad, ¡y por supuesto de cómo la vamos a disfrutar! ¿Qué tal si conversamos sobre el valor y la dicha de la amistad?
Cuenta Buettner que los habitantes de Okinawa, Japón, crearon unos grupos de amigos que llaman “moais”, compuestos por cinco personas que se comprometen mutuamente para toda la vida. Se reúnen cada tarde, a la misma hora, para conversar y reír. Se acompañan, nutren y apoyan hasta la muerte. ¿No crees que la vida es mucho más feliz, menos estresante, con amigos incondicionales con los que podemos contar? Qué privilegio saber que pase lo que pase, tendremos con quien compartir alegrías y penas, a quien llamar para preguntar algo que no sabemos o acudir en caso de emergencia.
La idea de “la tribu correcta” aparece también en otro libro del que te hablé, La vida de 100 años, de Gratton y Scott, con un término menos poético pero igualmente contundente. Lo llaman las amistades regenerativas, esas opuestas a las tóxicas, que lo llenan a uno de inspiración y tranquilidad. La obesidad, el cigarrillo y hasta la felicidad, dicen, son contagiosas. Por eso nos recuerdan que, para cuidar nuestra salud y vitalidad, hay que cuidar de esas relaciones que nos hacen mejores personas. Llaman la atención sobre esa época de la vida en la que los hijos o el trabajo hacen que muchos se alejen de sus amigos más queridos. Al cabo de los años, esa gente se da cuenta de que ya no tiene tribu, que no hay “red de soporte”, se quedó sola. ¿Será que en tu tertulia nos recuerdan ideas simples sobre cómo cultivar la amistad? ¿Cómo hacemos para que, desde el colegio, comprendamos que la amistad no es un derecho, sino una bendición que se construye? ¿Cómo nos explican que no hay reunión del trabajo que deba impedir un encuentro con los buenos amigos? ¿Cómo hacer comprender que el mejor regalo no son unas medias o una botella de ron, sino llevar sopa caliente a su casa el día que cae enfermo?
En un mundo en el cual cada vez hay más personas que viven solas, efecto de la demografía, y estamos más desconectados de lo que verdaderamente importa, efecto de la tecnología, la salvación para muchos de nuestros males de salud mental, suicidios y desamparo puede estar en la vieja, buena y pura amistad. ¿Qué tal si abrimos la tertulia con este texto, de El Profeta de Gibrán, para animarnos?: “Y en la dulzura de la amistad, dejad que haya risas y placeres compartidos. Porque en el rocío de las cosas pequeñas el corazón encuentra su mañana y se refresca”.


marzo 22, 2019

ESTRENANDO CANCHA, SE VINIERON LAS FINALES DE FÚTBOL EN SANTA ELENA

- REDACCIÓN NEBLINA -  Este fin de semana se definen los finalistas del torneo de fútbol doméstico en Santa Elena. 


En las categorías Veteranos, Veteranos Senior y Libre, se vienen desarrollando la semifinales que están definiendo a los equipos  y, a su vez, que disputarán la final en el último fin de semana de este mes.

En uno de los últimos partidos del sábado 16 de marzo pasado, los asistentes tuvimos la oportunidad de presenciar la aplastante goleada de 12-1, que la talentosa selección de Piedra Gorda le propició a la selección de Mazo. La fecha del domingo 17 tuvo que ser aplazada por recomendaciones ambientales de la Alcaldía, algo inexplicable para el caso específico del verde de Santa Elena. 

Es de anotar que este es el primer torneo que se juega en la restaurada cancha del parque principal del corregimiento, todo un monumento al bienestar y la convivencia ciudadana. 

Según una de las organizadoras del torneo, Maria Aydé Grajales Grajales, la cancha nueva es un aporte de la Conseción Túnel de Oriente: ´´Esa cancha fue con una donación que hizo el túnel de Oriente´´.


Por su parte, a decir De Santiago González, el extraordinario volante zurdo de la selección de El Llano: ´´El que no juegue en esta cancha, es porque es un tronco. En esta cancha no hay disculpa para jugar mal´´. 


   
   Así las cosas, el CLUB DEPORTIVO Santa Elena FUTBOL CLUB, extiende la invitación a residentes y visitantes para que se acerquen en estas finales a disfrutar de la fiesta del balompié selenita, este fin de semana. 

En los alrededores de la cancha, cuando hay partido, se puede disfrutar de comidas variopintos, servicio de restaurante casero, música parrandera, la amabilidad de los lugareños del corregimiento y ambiente festivo en general.


marzo 19, 2019

Saber de dónde venís y dónde estas


Muy importante. Fusilamos a Fuguet con este artículo sobre Luke Perry, Dylan, en CLASE DE BEVERLLY HILLS.Mea culpa sobre su superioridad intelectual en los 90. La mala noticia para él es que los defectos del alma son incurables, los del intelecto no tanto:  Columna publicada en el portal CULTO.



´´No fui tan opened-minded en los 90 como pensé. Podía ir a la Spandex pero despreciaba la televisión. Prefería Perros de la calle a las calles de Bevery Hills. Tenía un snob en mí. En la revista mirábamos en menos a Luke Perry´´.



Ciertos chicos

Por ALBERTO FUGUET

El luto hacia Luke Perry me está llegando tarde, desfasado. No me duele tanto que haya muerto, me duele que no estuviera más ligado a mi disco duro emocional. 
Durante los 90 me sentí parte de lo que yo creía que era el pop. Abracé la moral pop hasta dejarla sin respiración. No todo era rock sino además era pop. Incluso había basura fina. Warhol no había errado. No tomarse tan en serio, gozar la vida porque valía la pena gozarla. Esto se podía aplicar a todo. De eso escribía en la Rock & Pop y en la Zona de Contacto. Escribía desde adentro, por gusto, con convicción, pero también con odio y rencor y ganas de hacer justicia: el enemigo era la alta cultura. El gen del resentimiento insertado por mis compañeros de Periodismo de la Chile fue eficaz. Nadie rubio, nadie guapo, era de fiar, me enseñaron. El provocar morbo, el gatillar fantasías, hacían de alguien ilegítimo, cuestionable. Si alguien era agraciado, debía demostrar que era algo más y, ojalá, negar que lo era. Lo importante no era como te veías, era la ideología que profesabas. Varias décadas después, veo que quizás me estaba engañando. No fui tan opened-minded en los 90 como pensé. Podía ir a la Spandex pero despreciaba la televisión. Prefería Perros de la calle a las calles de Bevery Hills. Tenía un snob en mí. En la revista mirábamos en menos a Luke Perry. Despreciaba o al menos evitaba hablar y escribir de algunas series de televisión ligadas al melodrama y a la cultura juvenil que me parecían inferiores. Una cosa era gozar con los placeres culpables del pop (nefasto invento: ¿por qué el placer debe crear culpa?) y otra ver televisión light como Beverly Hills 90210. Mucha gente bonita, mucho drama de amor. Confieso que desprecié todo un mundo ligado a ciertos chicos jóvenes lindos cuyo símbolo, Luke Perry, murió esta semana. ¿Desde cuándo mueren a los 50? Fuimos criados creyendo que las estrellas se mueren muy joven o ya muy mayores. O son River Phoenix o Kurt Cobain, para seguir en los 90, o ya veteranos con un pasado glorioso atrás. Luke Perry murió como un ídolo y no lo era tanto. Siguió joven sin morirse quizás porque no superó o no quiso superar su rol de Dylan McKay. ¿Qué pasó para que su muerte causara tanto dolor? Quizás tiene que ver con sus viudos y viudas, con los que fueron sus fans. Ya sabemos: los millenial lloran digitalmente. Luke Perry no tuvo culpa de no ser más de lo que era. Eso lo hizo grande. No intentó reinventarse como toda su generación que lo hace cada cinco años.
Escribo esto mientras capto y leo y converso con amigos que quedaron consternados. Me siento algo ajeno. Nunca fui fan de los ídolos de los 90 porque quizás ya era mayor. Tuve mis ídolos juveniles en los 80 (Matt Dillon, Christopher Atkins, Richard Gere) pero algo en los 90 me hizo no estar atento a esos fenómenos demasiados pop. Creo que fue prejuicio. Supongo que siempre sucede. Dudo que muchos que hoy se sienten muy-al-día saben conjugar todas las aristas del K-Pop y las telenovelas coreanas en Netflix (aún no veo una, deuda pendiente).
El luto hacia Luke Perry me está llegando tarde, desfasado. No me duele tanto que haya muerto, me duele que no estuviera más ligado a mi disco duro emocional. Me he quedado ajeno. Algo me pasó también, a fines de febrero, con la llegada de los Backstreet Boys. Soy incapaz de distinguir uno del otro. Quedé impactado con un meme que me dejó algo claro que nunca había procesado: la cantidad de Bryan y Kevins nacidos de chicas fans noventeras. Es más: Luke Perry y luego todas las series juveniles del canal CW fueron los radioteatros de los 90 y ayudaron a formar y unir y cohesionar y acompañar a familias enteras, sí, pero más que nada fueron un lazo entre madres insatisfechas e hijos deseosos: la atracción y la obsesión por ciertos chicos. Por los mismos chicos. Madres e hijos suspirando por los BSB o nombrando a un chico Bryan o Brian o Byron para nunca olvidarse del chico de la banda que los fascinaba. Queremos tanto a Luke. Quisieron tanto a Luke. El despertar emocional y sexual de muchos. Un chico milenial me dice: lo primero que hice fue llamar, no wasapear a mi madre; los dos lo quisimos tanto. Otro amigo, uno de mi edad, me dijo:
-Lo que murió fue mi juventud, macho. La cantidad de pajas que me provocó.
Todo ídolo juvenil debe atraer a todos los sexos y orientaciones para triunfar pero fue recién a partir de los 90 que los fans se atrevieron a reconocerlo. Vi Sensación de vivir (como se llamó Beverly Hills 90210 en España, qué título) en el closet, como basura, esperando que apareciera Luke Perry. Nadie quería ser guapo o cool en mi entorno. El no tenía problemas con ser deseado. Despreciaba a Luke Perry mientras miraba su portada sin camisa y botas vaqueras en Vanity Fair en mi cama. Johnny Depp me parecía más de fiar que Luke Perry. Corrí a ver Cry Baby de John Waters pero la verdad es que no pasó mucho. Depp era guapo pero intelectual o eso creímos: fetiche de Tim Burton, cintas en blanco y negro con Jarmusch, videos con Tom Petty, novio de Winona. Depp “escapó” de la basura (la tele no era un artefacto cultural, era entretención). Hizo su carrera negando su pasado de 21 Jump Street (que luego se convirtió en dos películas trash con Channing Tatum y Jonah Hill) y ser el chico lindo desechable de Pesadilla II. Luke Perry no quiso ser otro y canalizó las patillas y la idea del ciervo herido de James Dean. Tampoco se vendió a Los piratas del Caribe o hizo el ridículo. Ahora era el padre de Archie en Riverdale. Luke Perry tenía claro qué botas calzaba y eso lo hizo enorme. Por algo, creo, Tarantino lo llamó para su nueva cinta; ese rol será su despedida. Nunca fue un actor icónico pero fue un ícono pop. Perry, además, se atrevió a envejecer porque, a diferencia de tantos, fue joven cuando le correspondió por edad y eso es la definición de cool.

marzo 14, 2019

Las mujeres de Rubén Mendoza, en su condición más muda y subordinada


En los 90, mucho antes de que la Facultad de Comunicaciones, U. de A., se convirtiera en un instituto tecnológico festivalero, los estudiantes de periodismo teníamos la oportunidad de picotear en diferentes áreas de lo más sublime del pensamiento humanista. Asistíamos por obligación a dos o tres clases transversales con antropólogos, psicólogos, historiadores, filósofos, etcétera. En varias de esas clases siempre destacó como favorito de los profesores, Pedro Adrián Zuluaga, para muchos el más prominente crítico de cine colombiano en la actualidad.  Hoy desde su blog PAJARERA DEL MEDIO, nos hace recordar el tono y el nivel de aquellas clases en la Universidad de Antioquia, por ejemplo con este artículo que suscribimos de pé a pá: 



"Semana Santa": censura, disimulo y disonancia cognitiva en el cine colombiano

El equipo de Niña errante en la inauguración del FICCI. Foto de El Heraldo.
Publicado en Pajarera del Medio, el 10 de marzo de 2019

Con un lánguido comunicado, el Festival Internacional de Cine de Cartagena reaccionó el sábado pasado a los hechos que, en su noche de inauguración, tuvieron como protagonistas al cineasta Rubén Mendoza y a la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. Los incidentes son bien conocidos y no creo necesario recapitularlos; en cambio, es importante reparar en algunos detalles que cierran un círculo de intentos de censura y corrección cuyo punto más álgido es el susodicho comunicado.

En este se lee: "No compartimos la utilización de este espacio [la inauguración del FICCI] para promover agendas que le resten protagonismo a las oportunidades de encuentro que este festival propicia para beneficio de toda la comunidad cinematográfica". Noten la utilización del lenguaje del disimulo y la falsa cortesía. En Colombia, el súmmum de la corrección consiste en no nombrar directamente el objeto de la discusión y acudir a argucias retóricas para "hacerse pasito". Ya volveremos sobre ello.

El discurso de Rubén Mendoza asumió la vocería de un sector cultural que, después de meses de la posesión del nuevo gobierno, no ha podido sacar nada claro sobre la promesa -o la amenaza- de la economía naranja. La incapacidad del gobierno para comunicar algo concreto sobre el principal slogan de su política cultural ha sido llenada, en su defecto, por varias decisiones que ya suman un prontuario y que tienen las marcas de la censura, el revisionismo histórico y el retroceso de conquistas colectivas. Mendoza recogió el prontuario con determinación y vehemencia, en una noche que era la suya y la de su película.

Pero el "performance" de Mendoza estuvo a su vez lleno de contradicciones. En las primeras líneas de su discurso dijo: "Aquí estoy con gente que amo profundamente, dos años después de haber terminado el rodaje nos amamos más, y es muy difícil que cualquier cosa se atraviese sobre ese amor; pero ojalá que luego ustedes lo que sientan con la película, lo confirme y puedan hacer su propio criterio. La dictadura y la tiranía del pensamiento desde donde venga, por más progresista que se finja, no vale la pena…” Mendoza en su acto de libertad, en esa noche suya, envió un guiño de desprecio por la libertad de los otros para decir, con las mismas garantías que él usó, lo que se les diera la gana.

La mención de esa supuesta dictadura progresista, supongo -porque el disimulo siempre nos obliga a especular-, era su manera de sentar posición sobre debates que se originaron en las redes sociales en los días previos a la inauguración del Festival y que tuvieron como objeto, sin ningún subterfugio, a su película Niña errante.

Como lo resumió el artículo de Sara Malagón Llano en la versión digital de Arcadia, el debate se centró en las relaciones entre arte/política y ética/estética, puesto que lo que escritores y críticos como Carolina Sanín y yo mismo reprochamos a la película fue un punto de vista obsesiva -e inútilmente- enfocado en el cuerpo femenino: la reducción de la mujer a cuerpo y piel. 

https://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/nina-errante-no-es-una-pelicula-politicamente-incorrecta-es-simplemente-ingenua/73195

La puesta en escena del discurso de Mendoza en la inauguración del FICCI no hizo más que confirmar las sospechas que la película dejaba sembradas en su propuesta estética. Allí, en Cartagena, se vio a Mendoza asumiendo, como única voz, el sentido de un proceso artístico en el cual, según sus palabras, trabajó con un equipo mayoritariamente femenino y feminista, un equipo que, en el escenario del Centro de Convenciones de Cartagena, solo fue adorno y decorado, caja de resonancia del ego del director. La forma del discurso contradecía, de forma palmaria, su contenido, pues reafirmaba a la mujer en su condición muda y subordinada.

El discurso de Mendoza fue un acto político, celebrado de manera entusiasta por muchos de aquellos que, horas antes, habían condenado la contaminación del acto creativo con demandas ajenas a su autonomía y libertad. El caso más flagrante de contradicción e incoherencia fue el del cineasta Luis Ospina, quien en un trino fustigó, sin nombrarlos -en la misma tradición del disimulo y el sofisma que venimos mencionando- a aquellos críticos que, según su interpretación del debate, condenaban con argumentos moralistas a las películas antes de que el público tuviera oportunidad de verlas. ¿Habrá olvidado que ese acto de hacer circular insidias y sospechas, él mismo lo practicó con determinación contra la película¡Que viva la música! de Carlos Moreno, adaptación del libro de Andrés Caicedo? Y esto con el agravante, que lo cambia todo, de que ni siquiera la había visto.

La "censura" entonces, para Mendoza y Ospina, parece mala cuando otros la ejercen, pero es irresistible si se trata de acallar voces disidentes o incómodas que afectan los privilegios naturalizados, o simplemente cosas o ideas que no les gustan, que no valen la pena. Ospina se retiró del debate que él mismo propuso. Tengo la sospecha de que parte de su indolencia se debe a que tenía como contradictores a una mujer y un gay, y que el lugar de enunciación de ambos contradictores puede fácilmente caer en la sospecha de la histeria o el resentimiento. 

"Lo políticamente correcto" es producto del rencor y del odio, escribió Ospina en cuenta de Twitter. Y horas después, ante respuestas de Carolina Sanín y de otras personas a su simplificación de las luchas sociales que se juegan en el lenguaje, escribió: "LIMPIEZA SOCIAL EN REDES. Aprovechando la polémica en la cual me he visto involucrado en los últimos días por aquellos nuevos moralistas que, a falta de otro nombre, he decidido llamar 'La Nueva Inquisición', he aprochado (sic) para hacer un poco de aseo en mis redes sociales."

Que Ospina acuda, así sea en broma, al imaginario de la limpieza social, es, por decir lo menos, decepcionante. Aquí es importante decir algo sobre la valentía  política y estética de su cine en las décadas de 1970 y 1980, cuando impugnó de forma brillante -y pionera- las fantasías fascistas de limpieza, orden y homogeneidad. En su cine más reciente, que me gusta mucho menos, hay una mezcla de revisionismo político con mucha habilidad para escribir contra-historias y poner en el primer plano de la representación a personajes proscritos o incómodos, por su sexualidad o su pensamiento en contravía de la norma social (como Antonio María Valencia, Lorenzo Jaramillo y Fernando Vallejo).

Estamos pues ante el caso de un artista que, con su figuración pública, decide sabotear el sentido más profundo de su propia obra, y que se pone del lado de los vencedores echando al olvido que su filmografía nació en los márgenes, en los linderos del cine no oficial, sacudiendo con vehemencia -muy lúdica por cierto- al poder -y lo que recoge de ese poder más grande el poder más acotado pero igualmente importante de la representación, como nos lo hizo ver en sumockumentary, codirigido con Carlos Mayolo, Agarrando pueblo-.


En psicología, la disonancia cognitiva se refiere a una desarmonía en el sistema de ideas, creencias y emociones de una persona que tiene dos pensamientos que entran en conflicto, o un comportamiento que contradice sus creencias expresadas. Puede que esto nos ayude a entender el talante de lo que ha pasado en la escena cinematográfica colombiana por estos días.

Pero volvamos al comunicado del FICCI. Con él debemos darle sentido a otro gesto con el cual el Festival borra con sus acciones los discursos de inclusión que orientaron la nueva propuesta curatorial; el FICCI corrobora así que le interesa el cine como un lugar de encuentro, siempre y cuando todos estén de acuerdo en las condiciones de la conversación. En últimas, al darle la espalda a un director y a sus declaraciones, envían un mensaje que recorta y censura al cine. Están diciendo, como lo escribió Andrés Suárez, "que a los cineastas únicamente les es permitido hablar 'en clave' a través de la pantalla y ante pequeñísimos grupos de espectadores que se suceden lentamente, lejos de los grandes medios de comunicación... Sugerir, como enseñan en las Escuelas de Cine, pero no nombrar y denunciar explícitamente ni con vehemencia. O quizá la idea es aún más simple: se cree que, en público, los cineastas solo deben/pueden hablar de cine..."

Suárez concluye, de manera categórica, con estas palabras que suscribo: “Últimamente, con las discusiones alrededor de esa película Niña errante y las reacciones que ha despertado esa inauguración, se puede observar, no sin preocupación, que aún hoy algunos piensan en el cine como un hecho aislado de la política, la moral y el mismo orden social y económico que rige las demás dimensiones de nuestras vidas... Y con este comunicado tan desafortunado, el FICCI, por desgracia, les da la razón.”

En mis clases de cine colombiano les digo a los estudiantes, la primera sesión, que hay unos temas o asuntos que, como mojones, marcan el camino que vamos a empezar a reconocer. Les hablo de que uno de ellos es la censura y de cómo en esta se entrelazan miedos y obsesiones de vieja procedencia. Y les propongo pensar cómo esos actos de censura se vinculan con la principal sinsalida del cine nacional: la relación con lo otro. Que lo que siempre se ha intentado censurar en las películas es lo otro que nos cuestiona, lo que se sale del árbol de lo familiar y hunde sus raíces en lo ominoso y lo oscuro.

La semana que pasó parece anunciar el retorno de la censura al cine colombiano, el llamado a un orden patriarcal en estricta consonancia con los hechos más amplios de la política y la sociedad. Puede ser que el cine, algo considerado periférico en la conversación social, es un potente medidor de energías colectivas, y sirva para conocer, como dijo Kracauer, al "estado psicológico de una nación".

marzo 10, 2019

MATAR A JESÚS: un feminismo demasiado poco pop

- REDACCIÓN NEBLINA -  Los personajes masculinos en la película de Laura Mora son hombres protectores, hombres con capacidad inconsciente de ternura, de cuidar a sus mujeres, a su mundo circundante, no anti héroes necesariamente sino héroes-anti-súper-hombres, hombres cuasi maternales con una pistola caliente entre sus manos. No son esos monstruos sin compasión absoluta de las películas de Víctor Gaviria o del resto de ese cine colombiano que se esfuerza tanto en denunciar nuestra realidad. 

Tenía que llegar una nueva mirada de salto en el tiempo para demostrar que en Colombia sí se podía hacer Realismo Social legitimo, sin trampas, sin trucos, sin bajezas de lente óptico. Se podía ir a la clase obrera sin defenestrarla, sin ponerle estigmas. Bajar de estrato no sólo por bajar. Bajar el estrato no como prenda de garantía cinematográfica. 

Lo de Laura Mora con ´Matar a Jesús´es instalarse en el presente del cine, es pasar de largo a Passolini y a Visconti, mirarlos con desdén por el retrovisor de un Land Rover, demorarse un rato en la Nueva Ola Francesa y llegar a los 90 de Gus Van Sant, inaugurando el siglo XXI junto a Sofía Coppola y a sus bandas sonoras sorprendentes a contrapelo. 

No es porque haya tantos guiños al pop clasemediero repleto de camisetas del Deportivo Independiente Medellín, - y de locaciones en ese amado campus de Universidad de Antioquia -, que yo me atrevería a decir que Mora hizo la primera película de cine importante en Colombia. Digo, cine liberado de chauvinismo y cantos a la bandera. Considero que El Vuelco del Cangrejo ya había tenido ese honor. Pero así es. Antes de Ruiz-Navia y de la misma Mora, y ante la sombra de ellos mismos, todo el cine criollo, tantas películas que ahora hacemos al año, parecen experimentales, ejercicios de clase, devaneos escolares con palos de ciego en la oscuridad.

 Laura Mora con ´Matar a Jesús´ parece decir: el cine de verdad, el de ligas mayores, debe ser así y se los voy a mostrar. La Luz debe venir de allá, el color es éste, la cámara debe ir de esta forma, se debe poner aquí, se debe mover así, debe transmitir esto, los actores deben decir esto. 

En resumidas cuentas, aquí hay un director. Una directora, perdón. 

¿Es la primera? No lo es. Directores hemos parido tantos como a pobres en las comunas. Pero Laura Mora es la primera a la que le ha sonado la flauta, sin desafinar y, lo más importante, le ha sonado con notas llenas de significado. 

Laura Mora no debería estar aquí. Pero lo está. Le decidió apostar a Medellín. Lo que la hace doblemente gigante. Laura debería estar en Hollywood haciendo ese cine que se parece tanto al de Alfonso Cuarón. 

Y desde Medellín, junto a Ciro Guerra y a Daniela Abad, lograron colar sus miradas en varios capítulos de una serie de Netflix y digo ´miradas´ porque, de dirigir puede hacerlo cualquiera con ínfulas de cineasta. Directores pueden ser un Andy Baiz, o un Andrés Burgos o un Javier Mejía y de hecho lo son. Estamos hablando de un mundillo en el que la pose lo puede ser todo.

 Pero de allí a tener un universo propio, de tener algo para decir, de tener una mirada, cosmogonía narrativa que llaman, les falta mucho. Historias pretensiosamente de calle y rock and roll, contadas por gente sin calle ni rock and roll. Y peor: por gente sin carretera. Sólo alguien como Laura Mora (Abad, Guerra) hace gala de ese mundo interior particular, repleto de códigos internos, dado por los dioses, regalo divino en el que no hay que recorrer ningún trecho pues ya ha sido dado, y/o, señalado por el dedo celestial desde tiempos inmemoriales. 

Escribo esto un día después de haber ido a una charla de Carolina Sanín, una especie de conferencia promocional sobre sus libros, disfrazada de conversación temática. Es diciembre. Es 2018. El Medallo no va a ser campeón. El aire fresco de una noche veraniega cae sobre la reinauguración de la Biblioteca Pública Piloto. Los árboles, otrora verdes, ahora son grises por el hollín de la autopista que bordea a Carlos E. Restrepo. A mi izquierda acentos femeninos de España y Estados Unidos. A mi derecha un acento paisa que me ha puesto conversa. Todo muy bien, muy guay, al mejor estilo Barcelona, pero Matar a Jesús lleva más de hora y media de retraso. El Blue Ray no arranca. En plano general somos lo mejor. En primer plano y en primer-primerísimo-plano seguimos siendo más de lo mismo: una criatura de cemento en carrera desenfrenada hacia la grandeza, pero que toda la vida ha descuidado administrativamente sus detalles, a su pobre corazón.  

Por fortuna, la película que por fin ha de arrancar con casi dos horas de retraso sí se ha de preocupar por ir de lo micro a lo macro, un cine centrado en el código, una película de adentro hacia afuera. Una cinta con nervio, carne y mucha sangre. Mora se ha preocupado por lo obvio, por lo que le falta a la patria, sin efectismos: abrazar a sus antagonistas.

Vuelvo al monte. Reconciliado con el cine nacional. En el bus, mientras veo en panorámica las luces de la Medellín en forma de telaraña iridiscente, pienso en ciertas palabras de Carolina Sanín, 24 horas antes: ´Los hombres deberían tener cuidado con nosotras las mujeres porque podemos ser más temperamentales que ellos. De hecho lo somos´. 

De eso no se trata, Sanín.