mayo 24, 2019

Nosotros, de Jordan Peele: el otro en el espejo

Por Fernanda Solórzano 

Cuento dos de mis peores pesadillas de infancia. En una me encuentro en mi recámara jugando con mi madre. De pronto, alguien se aparece en el marco de la puerta: es mi madre, otra vez. Ambas mamás se miran en complicidad y estallan en carcajadas. El otro sueño era recurrente e involucraba un objeto real: una foto en la que aparezco chimuela y mostrando la mano en señal de saludo. Mis padres la ampliaron a tamaño póster y la colgaron en la pared de mi cuarto. Algunas noches me despertaba y fijaba la vista en la foto, siempre un poco iluminada por alguna luz exterior. La niña chimuela me sonreía y ondeaba la manita. Mi llanto despertaba a mis padres, quienes tardaban un rato en dispersar la alucinación.
Siempre he creído que la subjetividad se cuela en la valoración crítica. Cometo la impudicia de narrar lo anterior solo para mostrar mis cartas al lector: la figura del doble me parece la más poderosa en la mitología de horror. Que se manifieste en la imaginación inconsciente en una edad previa al contacto con la literatura y el cine confirma que es un arquetipo especialmente puro: la exteriorización de la sombra, uno de los constructos propuestos por Carl Jung. Puede que mi inclinación por el tema del doble me lleve a ser quisquillosa en la apreciación de Nosotros, de Jordan Peele, sobre una familia estadounidense sometida por sus doppelgängers. La segunda película del director y comediante negro, cuyo brillante debut ¡Huye! (2017) obtuvo el Óscar al mejor guion original, ha sido elogiada por su juego elaborado de homenajes a directores (Alfred Hitchcock, Brian De Palma, Wes Craven), referencias a películas de culto (VértigoLos muchachos perdidosLos Goonies), comentarios a momentos fallidos del altruismo estadounidense (la campaña Hands Across America) y a iconos trágicos de la cultura pop (Michael Jackson). Desde los escenarios hasta la vestimenta y tics de los dobles son homenajes al cine que influyó en Peele. Pero más allá de los regalos al público cinéfilo y del placer que provoca reconocer guiños culturales, Nosotros depende del arquetipo del doble para hacer que su historia avance. Es este aspecto, el uso de su motor narrativo, lo que impide que la cinta levante el vuelo y sea algo más que una colección de gags.
Según el folclor germánico, toparse con un doppelgänger es un augurio de muerte. Hay, sin embargo, otra forma de acercarse al doble que no le asigna a la copia el atributo de la maldad. Es la que propuso Freud en su ensayo Lo siniestro, de 1919, en torno a la sensación horrible de percibir como extraño aquello que, hasta entonces, nos parecía familiar. Freud utiliza ejemplos literarios de situaciones y personajes que generan la sensación de lo siniestro –muñecas animadas, cadáveres que resucitan, autómatas y duplicados– para alegar que provocan desasosiego porque son proyecciones de angustias infantiles que se creían superadas. Representan todo aquello que emerge del inconsciente y amenaza con aniquilar al yo. Lo de menos es aceptar la teoría psicoanalítica: Lo siniestro funciona como teoría de la recepción. Un humano duplicado no es intrínsecamente “malo”: quien lo observa es el que casi de inmediato le asigna atributos negativos. Anticipando uno de los subtextos de Nosotros, el “otro” es peligroso justo porque guarda las llaves de nuestra psique. Más que anunciar una muerte física, el doppelgänger desea apoderarse de la identidad.
Esto es lo que le sucede a la pequeña Adelaide (Madison Curry), protagonista de Nosotros, en una brillante primera secuencia de ejecución. Es 1986, y una familia de color recorre un parque de diversiones playero en Santa Cruz, California (locación de Los muchachos perdidos). A pesar del ambiente festivo, Peele dirige la secuencia desde la perspectiva de Adelaide: su vivencia del parque es incómoda y hay algo perturbador en la felicidad desenfrenada que observa a su alrededor (lo siniestro, aún en grado menor). Adelaide se aleja de su familia y entra a una de las atracciones del parque: una casa de espejos que multiplica su imagen. La niña choca de espaldas con uno de los espejos; cuando voltea, su reflejo permanece de espaldas. La visión es aterradora, para Adelaide y para el espectador. Breves escenas posteriores dejan ver las secuelas del trauma: durante meses, la niña pierde el habla y no expresa ninguna emoción.
La historia salta al presente y muestra a Adelaide (Lupita Nyong’o) convertida en madre y miembro de la familia Wilson. Presionada por su esposo Gabe, Adelaide accede a regresar a la playa donde tuvo la experiencia traumática, ahora acompañada de sus hijos Zora y Jason. Además del rechazo que le producen los escenarios, Adelaide debe convivir con los amigos de Gabe: un matrimonio de blancos de clase acomodada y sin muchos temas de conversación. Lo que hasta ese momento parecía ser solo una vacación malograda toma un giro dramático cuando los Wilson reciben la visita nocturna de una familia físicamente idéntica a ellos. A los dobles los distingue un overol rojo, un comportamiento entre zombificado y psicótico y la urgencia de matar a los Wilson con unas tijeras gigantes.
La doble de Adelaide, llamada Red, es la única de los doppelgängers que tiene el don del habla. Con una voz casi afónica le explica a Adelaide el origen de su odio. Dice que ella y el resto de los tethered (o “vinculados”) han permanecido ocultos –reprimidos, diría Freud– y buscan recuperar lo que les pertenece. Una vez que Red declara sus intenciones, los dobles emprenden una cacería sin tregua.
Nosotros es al mismo tiempo lúcida y frustrante. Lúcida, porque descansa sobre la idea de que los dobles no son monstruos con agenda propia sino versiones primitivas de nosotros mismos: seres sin desarrollo psíquico ni emocional que obedecen solo a una pulsión destructiva. Pero Nosotros es también frustrante por su ejecución de esta idea. Con excepción de la primera secuencia, su guion descarta los elementos que hacen efectivos los relatos derivados del arquetipo del doble: el desconcierto, el margen de especulación sobre las intenciones de ese otro que es idéntico a uno o –si el duplicado es un ser querido– la duda de si se está en presencia del original o de un usurpador. Una vez que los tetheredinvaden la casa de la familia Wilson, Nosotros se convierte en una cinta de criaturas violentas/humanos asesinos, en donde lo más importante es salvar el pellejo. Es hasta las secuencias finales cuando el tema de la duplicidad vuelve a ser relevante –pero a través de una explicación verbosa y apresurada por parte de Red–. Las breves imágenes que complementan la historia retrospectiva son hipnóticas por derecho propio: laboratorios asépticos en túneles subterráneos, cientos de conejos de experimentación abandonados y seres “sin alma” vinculados a los humanos de la superficie. Es el tipo de desenlace que busca resignificar todo lo sucedido hasta entonces: dar sentido a enigmas planteados y a conductas extrañas previas de los personajes. Esto habría funcionado si Peele, en efecto, hubiera plantado estas pistas en lugar de, prematuramente, lanzar a sus personajes a pelear por su propia vida. En vez de provocar una epifanía en la audiencia, la resolución de Nosotros abre preguntas que no tienen respuesta dentro de la lógica que propone el argumento. Sobra decir que un relato sobre el arquetipo del doble se presta a la ambigüedad y a las interpretaciones múltiples: después de todo, el fondo del asunto es la fragmentación de la psique. En este caso, sin embargo, la intención evidente de que Nosotros funcionara también como una alegoría de la inequidad social –y de que el público lo tuviera claro– llevó a Peele a insertar piezas que impiden que la cinta se abandone a un sinsentido lúdico y, en cambio, la obligan a hacer un aterrizaje forzado.
Nada de esto podría atribuirse a una falta de ingenio de Peele. Todo aquello que se echa de menos en Nosotros –planteamiento elaborado, situaciones que evoquen la sensación de que algo familiar se ha vuelto extraño y giros argumentales que aclaren enigmas previos– está presente en ¡Huye!, sobre un negro rodeado de blancos liberales que no son lo que parecen. Parecería que el director sucumbió ante la presión de hacer una segunda película que provocara emociones fuertes después de que se le reprochara que ¡Huye! era demasiadoastuta y que no se inscribía del todo en el género del horror (o bien, “de sustos”). Esto último es verdad, y es también lo que le permitía ser simultáneamente un thriller y una sátira social aguda. Es irónico que aquella cinta –y no la reciente, con todo y sus doppelgängers crueles y grotescos– sea un relato perfecto sobre usurpadores de identidad. ~

mayo 23, 2019

LOS WOODMANS Y AL POÉTICA DE LA VORACIDAD



A todos nos gusta la sangre, nos encanta. La sangre cinematográfica, quiero decir, que ahora es lo mismo que la televisiva: degradaciones, humillaciones de todo tipo, puñalada trapera, golpe bajito, chorros, mares, un montón de esos baldados de sangre arrojados contra la pared de estos tiempos que corren,  etcétera. 

Entre más ajena y más roja, más deliciosa. La sangre. Como cuando la gente cree que cualquier vulgar agresión es valentía o sarcasmo o fino ataque. 

Pero no. Malas noticias: hay carniceros de carniceros.Y, la mayoría de las veces, lo que la gente actual profiere como geniales insolencias, no resulta más que patanería, signos de toda una generación muy malcriada y muy soberbia cuyo aporte al mundo y a sí mismos ha sido totalmente banal. No más que canibalismo amazónico, reciclado, puro y duro. 

Pero, También la otra sangre nos encanta y por eso posteo aquí este docu´: por el nivel de sangre emocional, todo un cóagulo en la pupila.  - A veces me pregunto si la historia de cristianos devorados por leones en el circo romano no sería más bien una metáfora del nivel ético de la época -. A mi modo de ver, la historia de Jesucristo alcanza su grado máximo de encanto al leerlo como uno de los judíos más matoneados de la historia.

Sin embargo, la sangre del siguiente documental, aunque mucha, es una sangre muy sofisticada, algo muy fino. Así pues, el hilo de sangre que baja por la pantalla mientras vemos este relato de los Woodmans, es un hilo de sangre muy delicado, muy sutil. Algo para contemplar como quien se sienta a escuchar un recital de cuerdas en un auditorio muy pequeño para un público muy seleccionado. 

EN MI DICTADURA, LOS ARTISTAS CON MORRO HAN DE SER FUSILADOS

Pongo otro canal y en el documental de Natgeo sobre Gustavo Cerati, dice Twitter González,  que de tanto trabajar con él, había descubierto en el líder de Soda una falta de piel, como que le faltaba una capa extra para poder resistir la sed de sangre en quienes le rodeaban. Que todo le emputaba, que cualquier cosa lo podía sacar de casillas si no se le trataba con la debida delicadeza y no sé cuantas cosas más. 

Pero Twitter lo decía peyorativamente, como sí esa ´sensibilidad artística´ fuera un mal estigma sólo de los creativos, como si el resto del mundo se hubiera ´´salvado´´ al desarrollar un cuero muy duro para poder resistir todo tipo de improperios y atropellos por parte de vampiros, leones y hienas por igual. 

Y, entonces, uno dice: qué mal. Qué mal que alguien, que lo rodea a uno, piense así. Que piense que la sensibilidad y la falta de callo en la delicada piel humana sea algo anormal, algo de unos pocos, algo reservado sólo para determinada sensibilidad artística. Seguramente Cerati se murió sin saber que parte del dinero de su talento estaba yendo a parar, vía salario, a unas manos a todas luces equivocadas. No creo que nadie quiera pagarle plata a alguien que defienda la idea de que ser un hijueputa es lo más apropiado.  Tal vez a eso se refería Cerati, cuando dijo que lo mejor de romper con Soda había sido que ahora en solitario iba poder hacer una banda para ´´rodearse de amigos´´. Como quien dice que sentía que en Soda Stereo ya no tenía en quien confiar, fatua la explicación.   

¿Es una falla realmente ir por la vida sin escudos? ¿a pelo de una simple membrana transparente? 

El mundo tendría que estar muy mal sí ello se hubiera oficializado como una verdad académica. 

NADIE PUEDE PROCURARSE FELICIDAD SI HAY UN DOLOR AJENO DE POR MEDIO

Entonces descubro en pellejo propio algo que había mencionado Fernanda Solórzano, vía entrevista: ver películas deprimentes cura, te hace ver que tus problemas no son tan horribles si los pones al lado de los problemas de otra gente. 

Como me dijo el artista plástico John Mario Ortiz, cierto día en la calle: ´La clave está en medirse con los de abajo, no con los de arriba´´.

Eso. Y así termina mi reseña sobre Los Woodmans. - RN -



abril 03, 2019

TÚ NO TIENES POR QUÉ QUERER A TU MAMÁ, y los documentales

Es extraño que me caiga este documental precisamente ahora cuando me conflictuo tanto con el género. 

¿Qué es un documental? ¿Dónde empieza y dónde termina? ¿Cuál es el punto de vista indicado para ello?

También es muy extraño porque es un documental realizado por una persona con la que hablé un par de veces sobre los temas expuestos en Corazón de Perro. 

Se trata de Laurie Anderson, una artista que iba a desayunar cada mañana con su esposo Lou Reed al 551 de Hudson Street, en Nueva York, donde yo trabajaba haciendo los capuccinos. 

Recuerdo que una de aquellas mañanas, la pareja había llegado con cierto afán a pedir sus huevos con espinacas y queso de todos los días. Era una mañana especial para Lou: iría a los estudios de MTV a grabar una especie de desconectado con el grupo Metallica. Por alguna razón, el cocinero del Pannino Giusto no estaba. Se había ido a consignar los ingresos del día anterior, como lo hacíamos cada mañana, al City Bank más cercano. A veces iba él, otra veces iba el administrador y otras veces iba el que hacía los cafés, o sea: yo. 

El rush de las 8 am ya había pasado y me había quedado a cargo. Unos domicilios aquí y allá, también habían hecho que mis refuerzos se hubieran dado el lujo de dejarme solo, más de la cuenta. 

Lou parecía contrariado, ansioso. Yo no había podido ir a la mesa a tomarle el pedido. 

Entonces su esposa vino hasta el mostrador donde yo terminaba de hacer un pedido de cafés y muy amablemente ordenó. Me contó lo del afán de Lou y yo le dije que el cocinero no estaba, pero que si quería tomar el riesgo, yo le cocinaría sus huevos. Y lo hice. Al despacharse su desayuno, Lou Reed vino a agradecerme personalmente por haber sido tan generoso con el queso de cabra. Me dio una propina de 10 dólares, se fue en una limusina que vino a recogerlo afuera de aquel cuchitril de 2 x 2 y al otro día solicitó que fuera yo quien le preparara un baggle cream cheese and tomatoes. 

A partir del gesto, yo me aproveché para empezar a entrevistar a Laurie y a Lou disimuladamente y a cuenta gotas, todos los días una pregunta distinta. Me había ganado una confianza. Laurie siempre estaba muy pendiente del arte de los demás, había aprendido ese gesto newyorkino de preguntar por lo que tú estabas escribiendo o pintando o editando en el momento. ¨Hey, Willie, cómo va tu novela¨. 

Me acuerdo de la mañana en que me lo preguntó. Una especie de primavera. Afuera del Panino había una banquita y cierto grupo de comensales se sentaba allí a tomar el sol y a conversar chismes de barrio después de desayunar, mientras las modelos de las agencias del sector iban a tomarse su chi latte, tarde. Yo terminé mi turno y me senté en la banquita al lado de Laurie a contarle sobre mi novela de turno y ella me contó que quería adoptar un perro y de unas imágenes que tenía de insólitos militares por las calles de Nueva York y que no sabía qué hacer con ellas.

Muchos años después, frente al pelotón de videos en internet, veo este documental donde Laurie habla de ese perro que iba a adoptar. También donde menciona la paranoia post atack de aquella ciudad. También me llamó la atención que todos sus caminos condujeran a la figura de la madre, pues algo habíamos hablado del tema. Pero lo que más le agradezco y le aplaudo, es que hubiera contextualizado el documental con imágenes de ese barrio del Hudson River que tanto recorrí. Ese es como el verdadero guiño que recibe uno de los documentales o de ciertas ficciones: que te ubiquen en un territorio, un sitio, te muestren el lugar desde donde se cuenta la historia, los lugares comunes que sirvan para los encuentros simbólicos de quienes habitaron allí. 

El documental también cae como pedrada en ojo, porque una vez te acercas a los 50, te das cuenta de que hay un montón de amigos y, sobre todo amigas, de esta edad, que están llegando a la misma conclusión que llega Anderson en Corazón de Perro: aquella certeza indiscutible de que uno no tiene por qué querer a la mamá, que la mamá de uno puede ser simplemente un accidente en la vida de las personas. 

En aquella época, Laurie pisaba escasamente los 50s, tal vez todavía sus 40s. Yo estaba en mis 30s, no podría entender todavía un estamento como aquel. 

Hoy lo entiendo, el de la mamá y, mucho más, un estamento que me iría a rayar el coco tanto como se lo rayó a Laurie en su documental: la muerte de una mascota es el quiebre definitivo en la vida de cualquier persona. 

CORTE. 

En el III Salón Documental que acaba de terminar en Medellín, hubo una definición de documental que me voló la cabeza y que según un representante de la ANTV, había sido proferida por Gabriel Vieira:

 ´´Un documental es esa obra donde el documentalista transforma completamente su vida. Por su nivel de conocimiento (¿investigación?) la vida del realizador se pone patas arriba y nunca vuelve a ser el mismo después de emprender la aventura. No vayan nunca a llegar a los límites de hipotecar la casa de su madre para poder terminar la película, pero hacer un documental sí debe ser algo tan catastrófico como eso. Cuando lees el guión de un documental o ves el teaser, de una te enteras por ese nivel de inmersión al que ha llegado su autor, perdiendo casi que su vida, su dignidad y su zona de confort´´. 

Wow.

Wow.

Guau.

Así que de eso se trata un documental. 

Hay que ver Corazón de Perro, de Laurie Anderson para comprobarlo. 









marzo 31, 2019

El 3er Salón Documental Medellín

- REDACCIÓN NEBLINA - Se cumplió anoche la última jornada del SALÓN DOCUMENTAL MEDELLÍN III, correspondiente a su accionar en el claustro Comfama de San Ignacio. 

El evento finaliza hoy domingo en la sede LA CASA DEL CENTRO CULTURAL, en Maracaibo con Sucre. 


Muchas cosas para decir. Primero, que este tipo de hervidero de voces sirve para pellizcarse un poco entre los documentalistas aletargados de la ciudad.

 El SALÓN ha resultado inspiracional y muy aspiracional. A veces te olvidas, como creador, de que tienes una obra en proceso y escuchar a otros semejantes con tribulaciones parecidas a la tuya te anima bastante a sacar el proyecto de un cajón.

 También saber que hay tanta gente, tan nueva generación, preocupada por el ecosistema de la industria documental, de alguna manera te hace sentir parte de algo, de una secta soterrada, cuya religión necesita ser más conocida por la masa. 

Bajo el eslogan de ´Una sociedad sin documentales es como una familia sin álbum fotográfico´, frase del chileno Patricio Guzmán, la UPB por ejemplo ha sabido definir la importancia de un conglomerado nacional alrededor del tema documental. 

La necesidad del debate es tan urgente, que alrededor de esta iniciativa cuasi privada han sabido dejarse caer por el evento gentes institucionales y autoridades corporativas en la materia, de Bogotá, Chile, México y un largo etcétera. Igual Telemedellín, Teleantioquia y la ANTV también expusieron lo suyo. 

La cosa también ha sido un bastante-cable-a-tierra. Percatarse de un montón de detalles que requiere el momento histórico de la producción audiovisual. Aunque no nos llamemos a engaños: los dilemas siguen siendo más o menos los mismos, distribución, financiación, egolatrías, pero ya manejados a un nivel más profesional, comunitario y colaborativo que hace 20 años, menos aislado y con el plus de la tecnología y la interconexión global como agentes de potencialización. 

Ya Medellín no es un ciudad por allá con balbuceos periféricos. Ya Medellín parece ser el centro de la conversación, no como tema, sino como conversador y que la conversación se haga en el centro de la ciudad, a escasas dos cuadras donde parquea el bus de Santa Elena y, a media cuadra de la estación del tranvía, hace que nos incumba completamente en este blog.

Pero aterrizando un poco todo este plomazo informativo, debo decir que lo más importante para Radio NEBLINA fue haber descubierto a Daniela Giraldo, tal como hemos conocido a los amigos que nos hacen sentir más orgullosos aquí: sin que nadie nos la presentara, sin saber nada el uno de otro, simplemente soltando un comentario de pasillo, una treinteañera simpática que te larga una pregunta,  alguna trivialidad de parroquiano transeúnte, y vos le contestás y resulta que había otra alma gemela cinéfila más que cineasta, otra hermana que disfruta más siendo fan de otros que siendo admirada por otros. 

Daniela Giraldo es una de esas nuevas directoras pura sangre que ha brotado la ciudad de Medellín, muy de la generación de Laura Mora, Daniela Abad, Simón Mesa y David Horacio Montoya, que se ha dado el lujo de no frustrarse Y eso es mucho decir, porque en Medellín se ha frustrado mucha gente en el tema del cine y todo ese malestar  ha hecho que se enrarezcan los climas. 


Pero Daniela no. Daniela no parece estar dañada, tiene esa calma de las aguas peninsulares y que salva de alguna manera el verdadero espíritu del quehacer cinematográfico. 


Nos complace mucho decir que muy pronto tendremos a Daniela Giraldo en Radio NEBLINA, una excelente interlocutora, conversadora de filosofía barata - y profunda - como quedan pocas.


Daniela es la directora de la serie animada Tomás, Alba y Edison y posteamos algo de ella mientras subimos nuestra conversación con ella en GENTE QUE AMA SU TRABAJO.





















marzo 28, 2019

Mi risa, mi tiempo: que crezcan ansiosos por enamorar

Ayer estuvimos en Piedra Gorda, un sector de Santa Elena perfecto para ser feliz en medio de una gran tristeza. Una vereda con banda sonora propia y cuyos recovecos, como siempre, te dan regalos cada vez que los visitas, como cuando vivíamos allá.
A veces hay que esperar que pasen años para encontrarle el sentido a los lugares en los que has vivido y, si nos faltaba alguna canción de El último de la fila por escuchar, aquel año las trillamos todas, no dejamos ni uno solo de sus acordes por succionar. Eso.
-RN-



marzo 27, 2019

Un plan maestro en GENTE QUE AMA SU TRABAJO


  


- REDACCIÓN NEBLINA - El próximo viernes 29 de marzo, será la clausura de PLAN MAESTRO, la obra del artista plástico John Mario Ortiz y el cual será nuestro próximo invitado a GENTE QUE AMA SU TRABAJO de Radio NEBLINA.




Para todos los crecientes y entusiastas seguidores de la historia de Medellín, PLAN MAESTRO puede ser una excelente alternativa de conocer la mirada de Pedro Nel Gómez, uno de los pensadores urbanistas más importantes que ha tenido la ciudad. 



A medio camino entre homenaje, tributo y recreación plástica, Ortiz asume la obra del maestro con toda rigurosidad investigativa para apropiarse de sus devaneos por la planimetría de la Medellín del siglo 20 a través de varias piezas escultóricas y de formato transmedia. 



Así las cosas, en PLAN MAESTRO podemos deleitarnos con varios ambientes que recorren la pintura, la instalación y el periodismo, todos enmarcados en una solo concepto: rescatar uno de los proyectos fallidos más importantes de la capital paisa. 



En la sala de exposiciones de la Facultad de Arquitectura, de la Universidad Nacional, sede Medellín,  se exhiben a pequeña escala juegos artísticos partiendo de planos urbanísticos para la expansión de Medellín hacia el occidente del Valle de Aburrá, un extenso parque público natural, un tótem escultórico sobre los mitos regionales para el campus de la Universidad Nacional e incluso, una publicación académica en la que el maestro Pedro Nel actuara como asesor y articulista invitado con agudos textos sobre arte, arquitectura y urbanismo, una revista de 12 ediciones que tuvo alto impacto en la ciudad llamada PORTICO y que con gran esfuerzo económico y editorial, John Ortiz se atreviera a relanzar. 




La obra está abierta al público en general y no tiene ningún costo. Más detalles de contexto en el próximo podcast
de GENTE QUE AMA SU TRABAJO. 




También invitamos a visitar la web del artista, AQUÍ: JOHN MARIO ORTIZ. 

marzo 26, 2019

¿Adónde iremos a parar?

- REDACCIÓN NEBLINA - Es muy raro todo esto del mumblecore, ese subgénero del cine independiente norteamericano y cuyos cultores, y pioneros, idolatramos en Radio NEBLINA: Noah BaumbachAlex HoldridgeAndrew BujalskiAzazel JacobsAlex Ross PerryTravis MathewsBen Safdie, Joshua SafdieBarry JenkinsJay Duplass, Mark Duplass y un largo etcétera. 

En el mumblecore, el hiperrealismo siempre está presente a través del video, sonidos ambientes, cero bandas sonoras, cero iluminación artificial y demás postulados de Dogma 95 y Cinema verité, en general.  

Sin embargo, en el mumblecore no debe haber puesta en escena, pero en el fondo la hay. El asunto debe ser casi todo en tiempo real, pero igual hay montaje y el montaje es más difícil de lo normal porque debe ser disimulado. El gran drama del editor es dónde poner el raccord, ya se sabe que, como el perfume, nada mejor que un raccord bien puesto.

La película que recomendamos hoy, ya llega demasiado lejos, un cine verdaderamente para ver en teléfonos con todos los clichés del género, chico encuentra chica y demás. 

Pero además en esta trama también se involucran los sucios de un audio cuando se graba con celular, el formato es cuadrado, y los diálogos son los más intrascendentes que se puedan encontrar en el mercado. Tampoco hay créditos de entrada ni de salida y la cinta es tan mumble y tan core que se tiene que involucrar el elemento adicional de subtitular toda la película para poder entenderla, pero igual va cobrando vida como elemento estético de la propuesta en sí.

Hace como tres años, una noviecita me dijo que nos gustaba mucho este tipo de películas, tan verosímiles, porque en el fondo éramos más entrometidos de la cuenta y más sofisticados de la cuenta.  Yo, hoy, cuando ella ya ha hecho mutis por el foro, me sigo preguntando: ¿adónde iremos a parar con todo esto del mumblecore?



marzo 24, 2019

Llegar a los 40, es como ver tele por YouTube

Dedicado a Margarita Pineda


´Yo nací para mirar
lo que pocos quieren ver
yo nací para mirar´...

Los 40 es un poco como la TV por YouTube. Ahora que he vuelto a ver televisión por cable, después de muchos años, me he dado cuenta de que, en cuestiones de consumo de entretenimiento, estoy en una especie de punto del no retorno. 

Este viaje sin regreso llamado internet me ha cambiado el cerebro. Ya no soy capaz de ver televisión convencional. Tampoco me gusta. Me parece impráctica. No sirve para hacer otras cosas - ser multitasking-, como con la radio por ejemplo, porque te tenés que clavar al aparato. Ya sea para canaliar o simplemente someterte a la dictadura del programa en curso si no te lo querés perder: las leyes te las pone el programa, tiempos de pausas comerciales, y horarios rígidos, muy rígidos, en general.  Tampoco podés poner pausa o guardar para ver más tarde. Menos, podés ser tan selectivo en términos de gustos personales y, mucho menos, un pagano electrónico. Sin quererlo, de carambola Youtube inventó el formato del tiempo ideal para el siglo 21: un programa de televisión ya no debe durar más de 5 minutos, si es de 3 minutos, mejor. Hay muchos canales que antes tenían formatos de 25 minutos y una hora,y ahora les ves piezas narrativas de 1 minutos, micro documentales y no necesariamente ni spots ni promos. Telemedellín por ejemplo, ya entendió que la competencia es contra Youtube, sino una guerra fratricida. 

En la TV convencional tenés que someterte a uno de esos 800 canales sagrados que son todos un poco de lo mismo: pura silicona mental. No hay nada orgánico allí en la televisión por cable y, mucho menos, naturalismo, espontaneidad. 
Pero, bueno, supongo que está ok para quienes no conocen las maravillas de YouTube y lo que significa meterse por recovecos insondables de televisión profana. 

Un poco más o menos lo mismo pasa con el asunto de los amigos. A los 40, ya la tenés muy clara sobre con quien conectaste y con quién no. Quiénes, de los nuevos que llegan, se van a quedar y quienes no. 


A Andrés Caicedo, por ejemplo, le explotaron su famosa frase UNOS POCOS BUENOS AMIGOS, por parte de sus supuestos pocos buenos amigos. Quién sabe qué pensaría hoy de esa fusilada. Tal vez si hubiera llegado a los 40, hubiera tenido la clarividencia, esa calma tipo YouTube, de saber quiénes eran esos, sus buenos amigos. 

Vos que ya llegaste a este cuarto piso, espero que ya la tengás al menos un poco traslucida al respecto.

 
Sí. Los 40 son como YouTube. Vos adquirís la calma para ver bien. No más rápido ni mejor. Sino ver bien. Haciendo la pausa. Metiendo el partido al congelador. Consumiendo el producto de a poquitos, dejando guardados para mañana. Televisión y amigos a tu ritmo. Identificando los matices entre lo que es tóxico y lo que no lo es - algo impensable a los 25 años de edad -. Deglutiendo las nuevas almas en tu vida y las viejas amistades que sobrevivieron a la poda inclemente del tiempo. 
De repente, por ahí, te vas a dar cuenta de que esos ´pocos buenos amigos´, de los que hablaba Andrés, no son tan pocos en realidad y sí más buenos de lo que pensabas y, tal vez que sí, menos para quienes se dan ínfulas de estar muy rodeados .
A propósito del tema, nos permitimos fusilar el siguiente artículo publicado en el periódico El Colombiano, por una pluma que también suele escribir en el folletín mensual del claustro de Comfama y que cae como anillo al dedo, sobre el asunto de los amigos y de Youtube y de los 40. Eso. - REDACCIÓN NEBLINA - 



Los amigos y los años



Por DAVID ESCOBAR ARANGO 

* Director Comfama










“Dime quiénes son tus amigos y te diré cuántos años vas a vivir”, le oí decir a Dan Buettner, autor de Las zonas azules. El explorador de la National Geographic se dedicó a recorrer el mundo para estudiar y elaborar una especie de taxonomía sobre los pueblos de mayor longevidad del planeta. Vivió en 

comunidades en Grecia, Italia, Japón, Costa Rica y California. Encontró varios elementos comunes que puedes encontrar en su libro o en internet, pero el de los amigos, que él llama “la tribu correcta”, me parece un tema maravilloso para una tertulia. La calidad y fortaleza de nuestras relaciones será determinante de nuestra longevidad, ¡y por supuesto de cómo la vamos a disfrutar! ¿Qué tal si conversamos sobre el valor y la dicha de la amistad?
Cuenta Buettner que los habitantes de Okinawa, Japón, crearon unos grupos de amigos que llaman “moais”, compuestos por cinco personas que se comprometen mutuamente para toda la vida. Se reúnen cada tarde, a la misma hora, para conversar y reír. Se acompañan, nutren y apoyan hasta la muerte. ¿No crees que la vida es mucho más feliz, menos estresante, con amigos incondicionales con los que podemos contar? Qué privilegio saber que pase lo que pase, tendremos con quien compartir alegrías y penas, a quien llamar para preguntar algo que no sabemos o acudir en caso de emergencia.
La idea de “la tribu correcta” aparece también en otro libro del que te hablé, La vida de 100 años, de Gratton y Scott, con un término menos poético pero igualmente contundente. Lo llaman las amistades regenerativas, esas opuestas a las tóxicas, que lo llenan a uno de inspiración y tranquilidad. La obesidad, el cigarrillo y hasta la felicidad, dicen, son contagiosas. Por eso nos recuerdan que, para cuidar nuestra salud y vitalidad, hay que cuidar de esas relaciones que nos hacen mejores personas. Llaman la atención sobre esa época de la vida en la que los hijos o el trabajo hacen que muchos se alejen de sus amigos más queridos. Al cabo de los años, esa gente se da cuenta de que ya no tiene tribu, que no hay “red de soporte”, se quedó sola. ¿Será que en tu tertulia nos recuerdan ideas simples sobre cómo cultivar la amistad? ¿Cómo hacemos para que, desde el colegio, comprendamos que la amistad no es un derecho, sino una bendición que se construye? ¿Cómo nos explican que no hay reunión del trabajo que deba impedir un encuentro con los buenos amigos? ¿Cómo hacer comprender que el mejor regalo no son unas medias o una botella de ron, sino llevar sopa caliente a su casa el día que cae enfermo?
En un mundo en el cual cada vez hay más personas que viven solas, efecto de la demografía, y estamos más desconectados de lo que verdaderamente importa, efecto de la tecnología, la salvación para muchos de nuestros males de salud mental, suicidios y desamparo puede estar en la vieja, buena y pura amistad. ¿Qué tal si abrimos la tertulia con este texto, de El Profeta de Gibrán, para animarnos?: “Y en la dulzura de la amistad, dejad que haya risas y placeres compartidos. Porque en el rocío de las cosas pequeñas el corazón encuentra su mañana y se refresca”.


marzo 22, 2019

ESTRENANDO CANCHA, SE VINIERON LAS FINALES DE FÚTBOL EN SANTA ELENA

- REDACCIÓN NEBLINA -  Este fin de semana se definen los finalistas del torneo de fútbol doméstico en Santa Elena. 


En las categorías Veteranos, Veteranos Senior y Libre, se vienen desarrollando la semifinales que están definiendo a los equipos  y, a su vez, que disputarán la final en el último fin de semana de este mes.

En uno de los últimos partidos del sábado 16 de marzo pasado, los asistentes tuvimos la oportunidad de presenciar la aplastante goleada de 12-1, que la talentosa selección de Piedra Gorda le propició a la selección de Mazo. La fecha del domingo 17 tuvo que ser aplazada por recomendaciones ambientales de la Alcaldía, algo inexplicable para el caso específico del verde de Santa Elena. 

Es de anotar que este es el primer torneo que se juega en la restaurada cancha del parque principal del corregimiento, todo un monumento al bienestar y la convivencia ciudadana. 

Según una de las organizadoras del torneo, Maria Aydé Grajales Grajales, la cancha nueva es un aporte de la Conseción Túnel de Oriente: ´´Esa cancha fue con una donación que hizo el túnel de Oriente´´.


Por su parte, a decir De Santiago González, el extraordinario volante zurdo de la selección de El Llano: ´´El que no juegue en esta cancha, es porque es un tronco. En esta cancha no hay disculpa para jugar mal´´. 


   
   Así las cosas, el CLUB DEPORTIVO Santa Elena FUTBOL CLUB, extiende la invitación a residentes y visitantes para que se acerquen en estas finales a disfrutar de la fiesta del balompié selenita, este fin de semana. 

En los alrededores de la cancha, cuando hay partido, se puede disfrutar de comidas variopintos, servicio de restaurante casero, música parrandera, la amabilidad de los lugareños del corregimiento y ambiente festivo en general.


marzo 19, 2019

Saber de dónde venís y dónde estas


Muy importante. Fusilamos a Fuguet con este artículo sobre Luke Perry, Dylan, en CLASE DE BEVERLLY HILLS.Mea culpa sobre su superioridad intelectual en los 90. La mala noticia para él es que los defectos del alma son incurables, los del intelecto no tanto:  Columna publicada en el portal CULTO.



´´No fui tan opened-minded en los 90 como pensé. Podía ir a la Spandex pero despreciaba la televisión. Prefería Perros de la calle a las calles de Bevery Hills. Tenía un snob en mí. En la revista mirábamos en menos a Luke Perry´´.



Ciertos chicos

Por ALBERTO FUGUET

El luto hacia Luke Perry me está llegando tarde, desfasado. No me duele tanto que haya muerto, me duele que no estuviera más ligado a mi disco duro emocional. 
Durante los 90 me sentí parte de lo que yo creía que era el pop. Abracé la moral pop hasta dejarla sin respiración. No todo era rock sino además era pop. Incluso había basura fina. Warhol no había errado. No tomarse tan en serio, gozar la vida porque valía la pena gozarla. Esto se podía aplicar a todo. De eso escribía en la Rock & Pop y en la Zona de Contacto. Escribía desde adentro, por gusto, con convicción, pero también con odio y rencor y ganas de hacer justicia: el enemigo era la alta cultura. El gen del resentimiento insertado por mis compañeros de Periodismo de la Chile fue eficaz. Nadie rubio, nadie guapo, era de fiar, me enseñaron. El provocar morbo, el gatillar fantasías, hacían de alguien ilegítimo, cuestionable. Si alguien era agraciado, debía demostrar que era algo más y, ojalá, negar que lo era. Lo importante no era como te veías, era la ideología que profesabas. Varias décadas después, veo que quizás me estaba engañando. No fui tan opened-minded en los 90 como pensé. Podía ir a la Spandex pero despreciaba la televisión. Prefería Perros de la calle a las calles de Bevery Hills. Tenía un snob en mí. En la revista mirábamos en menos a Luke Perry. Despreciaba o al menos evitaba hablar y escribir de algunas series de televisión ligadas al melodrama y a la cultura juvenil que me parecían inferiores. Una cosa era gozar con los placeres culpables del pop (nefasto invento: ¿por qué el placer debe crear culpa?) y otra ver televisión light como Beverly Hills 90210. Mucha gente bonita, mucho drama de amor. Confieso que desprecié todo un mundo ligado a ciertos chicos jóvenes lindos cuyo símbolo, Luke Perry, murió esta semana. ¿Desde cuándo mueren a los 50? Fuimos criados creyendo que las estrellas se mueren muy joven o ya muy mayores. O son River Phoenix o Kurt Cobain, para seguir en los 90, o ya veteranos con un pasado glorioso atrás. Luke Perry murió como un ídolo y no lo era tanto. Siguió joven sin morirse quizás porque no superó o no quiso superar su rol de Dylan McKay. ¿Qué pasó para que su muerte causara tanto dolor? Quizás tiene que ver con sus viudos y viudas, con los que fueron sus fans. Ya sabemos: los millenial lloran digitalmente. Luke Perry no tuvo culpa de no ser más de lo que era. Eso lo hizo grande. No intentó reinventarse como toda su generación que lo hace cada cinco años.
Escribo esto mientras capto y leo y converso con amigos que quedaron consternados. Me siento algo ajeno. Nunca fui fan de los ídolos de los 90 porque quizás ya era mayor. Tuve mis ídolos juveniles en los 80 (Matt Dillon, Christopher Atkins, Richard Gere) pero algo en los 90 me hizo no estar atento a esos fenómenos demasiados pop. Creo que fue prejuicio. Supongo que siempre sucede. Dudo que muchos que hoy se sienten muy-al-día saben conjugar todas las aristas del K-Pop y las telenovelas coreanas en Netflix (aún no veo una, deuda pendiente).
El luto hacia Luke Perry me está llegando tarde, desfasado. No me duele tanto que haya muerto, me duele que no estuviera más ligado a mi disco duro emocional. Me he quedado ajeno. Algo me pasó también, a fines de febrero, con la llegada de los Backstreet Boys. Soy incapaz de distinguir uno del otro. Quedé impactado con un meme que me dejó algo claro que nunca había procesado: la cantidad de Bryan y Kevins nacidos de chicas fans noventeras. Es más: Luke Perry y luego todas las series juveniles del canal CW fueron los radioteatros de los 90 y ayudaron a formar y unir y cohesionar y acompañar a familias enteras, sí, pero más que nada fueron un lazo entre madres insatisfechas e hijos deseosos: la atracción y la obsesión por ciertos chicos. Por los mismos chicos. Madres e hijos suspirando por los BSB o nombrando a un chico Bryan o Brian o Byron para nunca olvidarse del chico de la banda que los fascinaba. Queremos tanto a Luke. Quisieron tanto a Luke. El despertar emocional y sexual de muchos. Un chico milenial me dice: lo primero que hice fue llamar, no wasapear a mi madre; los dos lo quisimos tanto. Otro amigo, uno de mi edad, me dijo:
-Lo que murió fue mi juventud, macho. La cantidad de pajas que me provocó.
Todo ídolo juvenil debe atraer a todos los sexos y orientaciones para triunfar pero fue recién a partir de los 90 que los fans se atrevieron a reconocerlo. Vi Sensación de vivir (como se llamó Beverly Hills 90210 en España, qué título) en el closet, como basura, esperando que apareciera Luke Perry. Nadie quería ser guapo o cool en mi entorno. El no tenía problemas con ser deseado. Despreciaba a Luke Perry mientras miraba su portada sin camisa y botas vaqueras en Vanity Fair en mi cama. Johnny Depp me parecía más de fiar que Luke Perry. Corrí a ver Cry Baby de John Waters pero la verdad es que no pasó mucho. Depp era guapo pero intelectual o eso creímos: fetiche de Tim Burton, cintas en blanco y negro con Jarmusch, videos con Tom Petty, novio de Winona. Depp “escapó” de la basura (la tele no era un artefacto cultural, era entretención). Hizo su carrera negando su pasado de 21 Jump Street (que luego se convirtió en dos películas trash con Channing Tatum y Jonah Hill) y ser el chico lindo desechable de Pesadilla II. Luke Perry no quiso ser otro y canalizó las patillas y la idea del ciervo herido de James Dean. Tampoco se vendió a Los piratas del Caribe o hizo el ridículo. Ahora era el padre de Archie en Riverdale. Luke Perry tenía claro qué botas calzaba y eso lo hizo enorme. Por algo, creo, Tarantino lo llamó para su nueva cinta; ese rol será su despedida. Nunca fue un actor icónico pero fue un ícono pop. Perry, además, se atrevió a envejecer porque, a diferencia de tantos, fue joven cuando le correspondió por edad y eso es la definición de cool.