octubre 31, 2018

ELEPHANT de Gus Van Sant, NO ES ESCUELA PARA VAMPIROS




´´My God, sun shine like hell today. This
school is no place for a vampire´´. 
                                   

Y ... ´´La lluvia ácida mojaba octubre
Y de rodillas vuelan lamentos
De algunos buitres, de algunos cerdos´´



- REDACCIÓN NEBLINA - ¿Quién no queda enamorado de la cámara subjetiva después de ver esta película? Es de recordarse que en los 90, antes de la revolución digital, todavía existía la discusión en las revistas y foros especializados sobre la utilización (¿el abuso?) del plano secuencia. Su inconveniencia era meramente técnica y los costos de producción a la hora de iluminar eran gran obstáculo a superar. 

Parece que hoy, aquellas prevenciones hubieran quedado todavía sembradas en el inconsciente colectivo, a pesar de que iluminar ya no cuesta tanto y los steady digitales incorporados, no mecánicos, pululan entre las marcas. 

Hoy las cámaras ven mucho: no son para nada cegatonas (me acaba de decir el camarógrafo paisa, Joche, en una esplendorosa mañana de miércoles, que la nueva de Sony tiene 246.000 de ISO, por ejemplo). 

Por otro lado, el mundo cineasta ya no es tan purista y tan constreñido a las viejas acartonadas y casi caducas normas audiovisuales de televisión barata enseñada en las universidades. 

Son tiempos de penumbras y desenfoques y texturas artificiales, definitivamente.

Parece que fue ayer que la contraluz era considerada académicamente como un error - ¿WTF? -.

Pero más allá del asunto técnico, los problemas de la cámara subjetiva llegan hasta la esfera de lo político. La cámara subjetiva es narrativa pura en primera persona. Sus implicaciones individualistas, equivalentes al YO de la literatura y simbólicamente representativas del estilo de vida norteamericano, son más que obvias.  He ahí la gran magia de Elephant. Gus Van Sant hace una denuncia desde las formas mismas, la autocrítica opera desde los dispositivos de lo auténticamente social neorrealista.  

Pero además de auto crítica, denuncia, también hay alabanza, celebración formalística. 

¿Cómo podríamos ver el mundo mejor si no es desde la preponderancia de ese Yo? Esa cámara que reemplaza el punto de vista de los ojos, nos maravilla por su ballet en la cotidianidad de las cosas. La cámara danza  con la mirada documental propia en relación a la mirada de las víctimas, que son el prójimo. El prójimo asumido, el prójimo internalizado.  Hasta dan ganas de volver al colegio por lo que vemos que ve un estudiante de secundaria cuando recorre pasillos, salones, biblioteca, cafetería, canchas y campus. Conversaciones periféricas ambiente. Paisajes sonoros fuera de cuadro. El truco del director es hacernos pensar que estamos asistiendo a un tiempo real, sin elipsis (Birdman, El Espejo, La Soga, ¿Fanny y Alexander?). 

Salimos del relato con la convicción de que la cámara trabajó para los actores, - como en el cinema verité -, cuando sucedió exactamente lo contrario, como es regla de oro en la ficción y como Dios manda: los actores trabajaron siempre para la cámara.  

Pero la ilusión persiste y en últimas Elephant es la experiencia de un autor jugando con el cine, con su sala de montaje personal (Gus edita sus propias películas, al menos en los primeros cortes, - ¿quién no?- ) y en últimas jugando con el rol de los puntos de vista según la cuentística universal, como un niño que desbarata sus regalos de navidad para examinar sus materiales, incluso mucho antes de estrenarlos.