octubre 09, 2018

La clase obrera, según Jim Jarmusch



Paterson es una película sobre la bondad del pueblo americano, al menos de esa bondad en las maneras, en la forma de decirse las cosas y en partir siempre desde las buenas intenciones.




Es difícil hablar de esa bondad y entenderla si no se ha vivido nunca allí, así como es difícil de creer que la tierra norteamericana sea una tierra profundamente bendecida si nunca se han pisado ciudades de los States. 

Pero Estados Unidos es una tierra bendita y Jarmusch habla de eso en Paterson sin ser demasiado explícito. Simplemente trata de formularlo desde el papel de la cotidianidad en el cine y, en un blog que siempre ha defendido la cotidianidad como vehículo de expresión cinematográfica (desde su primer post), es apenas natural que se recomiende altamente a Paterson, de uno de nuestros directores favoritos.

Una vez dije en un taller de Casa Teatro El Poblado que la cultura era la gran salvadora de la ciudad de NY (y que podría serlo también de Medellín en la medida en que dejara de ser una cosa de intelectuales ya artistongos mamertos), porque allí las aspiraciones artísticas eran potestad de todo el mundo, incluso de la gente más humilde y sencilla, gente que no se puede dar el lujo de ser comunista ni pequeño burgués, gente a la que simplemente no le interesa, gente de bajo de perfil, gente conforme con su lugar en el piñón de la gran maquinaria. El vecino analfabeta menos pensado pinta cuadros o declama poesía. La viejita asiática del laundry de la esquina, ha escrito una novela.  Considero que eso es lo que quiere resaltar Jarmusch cuando me refiero a ´bondad del pueblo americano´: toda una masa de gente, más que crítica, con cierta sensibilidad. Más sensibilidad y no tanta inteligencia y/o educación.   

También Paterson puede ser una reflexión sobre el matrimonio, pero eso ya es harina de otro costal distinta a la harina de este post.



Insistimos en que la temporalidad perfecta en una película, es aquella que trata de plasmar la cantidad de maravillosas aventuras que hay en lo que nos sucede en un día normal de trabajo, sin ninguna de clase altibajos. El cine como la vida, es básicamente pura y deliciosa y llana cotidianidad.