agosto 05, 2018

Notas de un turista


- a manera de Diario -

Viernes 25 de mayo:

Bueno, ya era hora de empezar. Hay muchas cosas que anotar sobre esta película. Lo primero es que todos los caminos conducen al turista.

Todo se va acomodando misteriosa, mágicamente, para que me dedique a la película. Hasta lo que luce más malo en tu vida, si lo miras bien, tiende a orientarse para que te pongas a editar.

Es como si la película ya fuera un ser vivo con grandes poderes de atracción. Como si tuviera un magnetismo concéntrico de mucha energía que hace que todo se ponga a girar alrededor de ella y tu existencia se convirtiera en un instrumento para tal fin.

Eso.

Supongo que lo que sigue en este diario es la lista de cosas en mi vida que se han transformado para darle luz verde a este proyecto.

 Mejor no. Mejor hablar de lo que significa tener una película semi editada y que ésta empiece a halar, a tragárselo todo.

Primero que todo, decir que una película, o una novela, a medio hacer, es un poco como la muerte cuando viene por vos.

 Sólo que en este caso no es una dama. En este caso es un man, un man que tengo sentado en la sala de la casa desde meses ya.

Lo primero que debes hacer es tratar de mirarle los ojos.

El tipo te mira pero vos no le ves los ojos. Sólo sabes que te está mirando. Tiene un sombrero y el sombrero le produce una sombra en la mitad de la cara y no lo podés ver.

Como la muerte, es una presencia misteriosa, de chaqueta negra y solapas siempre húmedas y botas empantanadas. El tipo a veces entra y sale de la casa, especialmente cuando está lloviendo, - que en la alta montaña es casi siempre -, y vos casi nunca te das cuenta. Sólo te dice, como la muerte, que ha venido a quedarse en la sala de tu cabaña hasta que termines la maldita película.

Y siempre en el mismo sillón, qué cosa tan berraca. En ese rincón donde escasamente cae la luz de una lámpara de mesa y donde nunca lo pues ver. Sólo oír esa voz ronca cuando se pone a hacerte preguntas y entonces vos pensás en esas preguntas y te das cuenta de que en parte tiene razón.

Mira tu vida alrededor: es una puta mierda, pero una puta mierda tranquila, al sol, una puta mierda desolada en medio de un paraje por donde nunca pasa nadie. Pero qué más da. Era lo que habías pedido con tal de tener una película. Y vos no tenes solamente una. Tenés varias. Casi todas por acabarse, obvio. Excepto ésta. Las películas de pantalla y las tridimensionales, la de la vida real.

Ésta, ya está muy madurada, muy pulida, muy cuajada. De seguro puede no gustar. Pero tenés una puta historia y está contada, qué más da. No todo el mundo tiene una historia entre las manos y un tono y un enfoque.

 Querías tiempo. La película te lo está dando. Esta cabaña está tan desvencijada que no vale la pena ni gastarte tus horas haciéndole aseo. Además toda es de madera. Si se cae un chorro de sopa al suelo, no hay que salir corriendo a trapearla. La madera misma, tal como está, se encarga de absorber toda suciedad orgánica y sobretodo todo tipo de fluidos. Además siempre está empolvada y húmeda y llena de grietas que van a dar al monte, por donde se te meten las enredaderas.

Entonces, ¿cuál es el objetivo de barrer y de sacudir y de trapiar?

Nunca vas a ver esta cabaña como una casa de ciudad porque es no es una casa de ciudad. Es una cabaña del monte, bastante ermitaña, a propósito. Tal como la necesitabas, rústica y que no demandara demasiado arreglo cotidiano - por mucho que la limpies y la ordenes, siempre se va a ver sutilmente igual -. Estás viviendas entre más descuidadas, se ven mejor. Una cabaña como éstas nunca se va a ver sucia. tal vez se verá desordenada, pero nunca sucia.

Entonces, relájate. Es el espíritu del ambiente, catch the mood, baby. De todos modos, si te da el ataque por la limpieza, si tus cadenas culturales te lo imponen demasiado, entonces ataca. Limpia. La cabaña es pequeña y en una hora ya la tienes reluciente. Es lo que querías: tiempo.

Por demás, también está el asunto de aquella pelada, de esta otra, de tu madre, de tus archivos desclasificados, de esta miseria y de la otra. De repente todo cayó parado. Hasta lo más doloroso, entra en la película.