agosto 29, 2018

8 años de Radio NEBLINA

La emisora comunitaria Radio NEBLINA ha sido vilipendiada, denigrada,amenazada, secuestrada, traicionada, ultrajada, envidiada y casi silenciada.

También ha sido muy amada.


Y todo esto en el corregimiento de Santa Elena.


 Sin embargo, bien o mal, nunca ha dejado de emitir. 

Siempre hemos estado sonando así sea con música o con alguno de nuestros podcast almacenados en el banco de más de 200 contenidos que hemos generado de manera original.

Este primero de septiembre queremos celebrar los 8 años de la primera emisión de Radio NEBLINA. 


Hasta la fecha, Radio NEBLINA es la única emisora asentada en el corregimiento, (mientras las demás entidades radiofónicas generan desde Medellín), que emite las 24 horas del día (los otros colegas han mostrado una radio difusión intermitente, tanto en el corto como el largo plazo) y que ha resistido a los embates del tiempo y de los cambios de administración, sin depender de las subvenciones del Estado y de los cambios de ánimo del funcionario de turno, con una alta resonancia de supervivencia de otros proyectos como VIVIENDO SANTA ELENA, periódico que ha sabido mantenerse en pie de manera auto sostenible. En 8 años de existencia, Radio NEBLINA no ha parado de generar contenidos ni un sólo día de los 365 del año. 




Gracias a los que siempre ha estado de nuestro lado: sabemos perfectamente quiénes son y brindaremos por ellos y ojalá con ellos.

Por lo pronto, les dedicamos estos dos temitas de Caifanes:



agosto 25, 2018

Los fotogramas de Blade Runner 2049



Cada fotograma de esta película es una fotografía de exposición, un homenaje al imperio de la luz, la composición y el color...

Muchos la acusan de ser una película lenta e ininteligible, pero lo que pasa es que aquí no hay nada que entender y que esta película está hecha para gente muy iniciada en el campo de la foto.  






























agosto 24, 2018

EL ARTE DE HUMILLAR EN PÚBLICO



´´Ocurre a menudo que la gente que más fácilmente tiene la capacidad de humillarte en público, es la gente que más te quiere y la que más te idolatra en su fuero interno.´´ DENNIS HOPPER


He pensado mucho en esta última frase ahora que hay una especie de confabulación astral para estar cerca de cineastas - cineastas de verdad - que en el fondo he admirado artísticamente y cuyas obras, al mismo tiempo, he terminado atacando en este blog desde hace muchos años. 

Gente que, de alguna manera yo he terminado por intentar humillar - no sé si humillar sea el término exacto. ¿Será escribir sobre el cine de los demás otra forma de atacar? ¿Es atacar-el-arte otra forma de humillar a las personas detrás de ese arte? ¿Deben los cineastas tomársela a personal?- en público (y así este blog no lo lea nadie), pero personas que tarde o temprano terminé encontrándome en el camino.

También toco el tema a propósito del episodio de ira protagonizado por Isabel Cristina Estrada Baena, una periodista muy cercana y que, de hecho, es bastante amiga de muchas figuras sobresalientes del séptimo arte paisa y que, a mi modo de ver, su diseño de pensamientos, muy Universidad Bolivariana, es bastante representativo de cierto grupo de blanquitos en Colombia o de cierto grupo que se creen blanquitos con cierto complejo de mandamases y cuyo máximo dolor, inconscientemente centenario, es no pertenecer a las élites europeas, el haber tenido que sobrevivir al rastrojero entre tanto animal de monte y tener, por destino, haber tenido que nacer en la manigua al lado de tanto negro y de tanto indio, y que por tanto jueguen a haber construido un modelo de élite criolla absolutamente fantástico. 

Lo siento, pero por mucho que jueguen a la diversidad y al progresismo y al anti uribismo, siempre los delatará el lenguaje y sus formas. Así como a Isabel en su video (que para mí es puro cine), a varias de las personas que les chanta este post se les sale las ínfulas de colonizador español, violador de indias y azotador de negros, día tras día. Cualquier pretexto es bueno para subrayar la condición de blanco que no merece haber nacido entre tanto mulato, zambo y mestizo: un@s se casan con extranjer@s, otr@s se van definitivamente de este platanal, hay quienes no se bajan de sus carros sino hasta que se pueden encerrar en sus casas o apartamentos, están los que persiguen enfebrecidamente cualquier tipo de poder para desquitarse con sus subalternos y hay quienes se dedican a humillar en cada papayazo a cuanto chandoso, según su criterio, se les cruza por el camino.  



Personalmente conocí la casa de Isabel y muy lejos está de ser una ricachona. Pero esa actitud provinciana de la pose y las ínfulas, en efecto, sí la ayudan a vivir esa fantasía de que pertenece a una élite de blancos ricos eurocentristas. El denigrar del otro, rebajándolo desde su condición de obrero a esclavo de la servidumbre, también incluso la pone en una situación social privilegiada, porque así funcionan los cargos en este país. Los privilegios están determinados por los apellidos, los pergaminos y la capacidad de humillación que tengan esos apellidos y esos pergaminos.      

Reducir al otro siempre será el objetivo, pero como el humilletas siempre será un cobarde, un cagón, ese tratar de disminuir, de profesar el Quítate tú para ponerme yo, el Yo no me dejo, tendrá como objetivo superior a alguien a quien el humilletas considera inferior, más débil socialmente que él, como Estrada con aquellos obreros quienes no hicieron más que reírse porque evidentemente sabían que ella estaba siendo una imbécil nadando en la arena movediza de su propia imbecilidad, pues sucede a menudo que el imbécil nunca es consciente de su estupidez. Tampoco faltan los que son conscientes de su tontería y siguen adelante con ella. Estos son los más peligrosos. 

 Bueno, las sensibilidades andan muy revueltas en Colombia, especialmente por estos días, y cualquiera usará la coyuntura para capitalizar estas fallidas conjeturas, estos palos de ciego que aquí garabateo. 

Pero voy a hablar de otros tiempos sin tiempo. 

Según mi amiga psicoanalista, (que ya he mencionado antes en este blog), aquella capacidad de traición y de lucimiento público a costa del objeto amado - o sea aquella capacidad de humillar en público- hace parte de una condición femenina, ya sea por imposición cultural o por inercia social. 

´Eso es muy propio de lo femenino´, me dijo hace varios siglos cuando nos juntábamos y, juntos, nos volvíamos indestructibles y no necesitábamos a nadie más y nuestro presente era eterno y yo me tiraba en la hamaca de la sala de su casa a degustar sus deliciosos sánduches gratinados y cuando todavía tenía los pergaminos suficientes para tener derecho a un pliego de re petición, doble porción de queso incluida. (Seguramente todavía los tengo, los pergaminos. Pero llegas a una edad en que aprendes a dejar que las amistades más queridas respiren, que se vayan como una mirada persiguiendo el horizonte de un paisaje lleno de montañas. Te quiero, hermosa, y como dice el gran Fito: ´´Si escuchas esto por ahí, quiero saber de vos´´).  

Obviamente, mi amiga no hablaba de mujeres. Hablaba de esa parte femenina que reposa en hombres  por igual.

´Es que somos muy humanos´, me decía hace poco en un bus de Santa Elena, Mercedes Cardona de la Corporación Cinefilia, a propósito del tema y en relación con los cineastas periodistas y nuestra capacidad de fagocitarnos unos a otros, de ´hacer crítica gratuita´, dirían los intelectuales, de ser buenos cuates, dirían los ingenuos, de ´aporrearse como prueba de amor y amistad´, dirían los viles, y/o ´de humillar en público´, diría yo, pues generalmente esa capacidad de canibalismo, a la colombiana, conlleva cierto nivel de exhibicionismo, y ya se sabe que el exhibicionismo nunca se hace de manera unilateral sino en multitud. 

Al humilletas de salón - o de acera como en el caso de Isabel- no le bastan los conductos regulares para gestionar los demonios sociales. No le basta el correo electrónico para dirimir sus molestias personales, ni  le basta un llamado al orden de manera civilizada, pues todo lo que hace es delatar que en sus familias nunca nadie conversó las cosas. Cada vez que alguien trata de humillar a otra persona, me pregunto qué clase de crianza pudo haber tenido la persona que humilla y que usa el camuflaje de lo público, de lo social, para atacar. Como los alumnos cuando delatan el infierno de sus familias comportándose mal en el colegio, también la persona que intenta disminuir al otro con la palabra está (¿estamos?) poniendo en evidencia su trasfondo familiar, su tipo de crianza, al muladar de brutalidad emocional en el que crecieron y el cual heredaron y heredarán.

Al humilletas colombiano, principalmente de derechas - pero disfrazado de izquierdas-, sólo lo calma un linchamiento público y beberse la sangre aun caliente del sacrificado enfrente de la manada. Es lo único que lo redime de su frustración por haber sido relegado a este monte lleno de alimañas. De ahí que llevemos más de 50 años en Colombia con una cadena de venganzas imparable, pues a nuestras contenidas católicas almas no le ha bastado con la justicia de los hombres, ni la justicia divina, para tramitar las ofensas de sus contradictores. Cuando vi el video de Estrada Baena me extrañé bastante. En varias ocasiones la escuché esgrimir un montón de posiciones políticas lo más de evolucionadas y moderadas si se quiere. ¿Qué había pasado con ella, a qué horas emergió el verdadero monstruo de odio blanco que todos los colombianos llevamos por dentro?  

A nuestras contumaces católicas almas (¿caso exclusivamente colombiano?) sólo nos es suficiente comernos el corazón de nuestros detractores, teñir a toda costa nuestros días de coágulos rojos, vampirizar, chuparnos la energía de la criatura a linchar, comernos el cerebro ajeno para seguir siendo zombis con el alivio del viento a nuestras espaldas,  no dejar que llegue la noche sin linchar a alguien, un gamín, un ídolo personal, lo que sea: que nuestras bocas queden impregnadas con la sangre insolente de nuestros semejantes (en alza está el precio de la sangre filial) y que aquella sed de desquite se alivie temporalmente con las gotas que chicotean las páginas de nuestras Biblias siempre abiertas en algún Salmo que nunca leemos.

¿Ya dije que iba a haber sangre en este post? 

A los humilletas colombianos nada nos sacia nuestra sed de sangre humana, pues la que nos corre por la venas quizás ya se animalizó. 

Sea de izquierda o de derechas, el humilletas es un goloso. Nuestra gula por el corazón humano es imparable, una extraña búsqueda equivocada del amor, pues detrás de todo ritual caníbal suele esconderse una desolación. Detrás de tanto miedo y deseos frustrados, una frustrada vida amorosa y sexual y carente absolutamente de significado.  

Nada más revisar la inexplicable matanza de líderes sociales, intensificada especialmente después del triunfo electoral de sus perpetradores. ¿Cuánto hay de una frustración sexual colectiva, que no se vislumbra, allí?

Entonces, te pones a conectar los puntos desperdigados en el mapa y, si los unes adecuadamente, puedes llegar a formar un dibujo bastante esclarecedor: resulta que, a veces, el primer disparo lo hacés vos y ni siquiera te das por enterado. 

I did start the Fire, diría un Billy Joel ´after-hours´, tardío, en modo twittero, ó ´un Billy Joel trasnochado´, diría mi padre. 

Pensando en el tema, me preguntaba hace poco cómo había sido mi rifirrafe con Santiago Andrés Gómez en una época en que todavía no trabajábamos juntos y yo sólo era un admirador más de sus películas. Otro que iba por ahí a sus charlas en el Colombo y a las retrospectivas de su obra y que lo incomodaba con preguntas corchadoras. Así como cuando una noche en OtraParte, el director paisa me indaga en un foro por mi opinión alrededor de cierto material inédito suyo y yo lo acribillo con una crítica barriobajera y lapidaria delante de su esposa, y enfrente de sus colegas de Madera Salvaje. 

Luego, meses más tarde, Santiago tuvo la oportunidad de desquitarse en un Festival de Cine de Santafe de Antioquia y yo todavía tuve el descaro de preguntarme durante muchos meses el por qué de su ataque. 

 O sea: yo había borrado el incidente de OtraParte, porque seguramente lo consideraba, inconscientemente, un mal menor (pues parece que, cuando humillamos no vale pena. La humillación sólo cobra valor cuando el humillador es humillado).

Pero, qué le vamos a hacer: los fans nos creemos con derecho a todo, con respecto a nuestros ídolos. 

Fue mucho tiempo después en que caí en cuenta de por qué Santiago se comportó como una celebridad impotable que, además de atacarme, se dio el lujo de mirarme por encima del hombro en la proyección de su película, de ningunearme delante de sus admiradores en un Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia. 

Bueno, por demás, aquella era su tarde. El recinto estaba a reventar y todos los astros estuvieron de su lado. Pudo haberme matado moralmente practicando ese deporte que los colombianos sabemos jugar tan bien: Sicariato-Moral-Mediante-Linchamiento-Público. 

Pero Santiago fue más misericordioso de lo debido.

Hoy, -que hemos decidido reencontrarnos en el home-video, lo que mejor sabemos hacer - calculo que nuestras humillaciones mutuas del pasado no fueron calculadas, surgieron siempre de raptos de inspiración divina, desde lo más profundo de nuestra brillantez, pues humillar es nuestro legado poético más preciado, está en la cultura, hace parte de nuestra impronta nacional y de vez en cuando se nos sale a manera de poema luminoso. Pero calculo que Santiago y yo, como la mayoría, no calculamos humillar.   No de manera premeditada, no por buscar poder o prestigio como sí lo hacen muchos. Simplemente se sale, la intención de humillar simplemente aparece. Es omnipresente. Es.

De hecho, nunca voy a entender porque nos hemos tirado tan duro Santiago y yo en un par de ocasiones, por qué atacamos a los que admiramos y queremos, - a pesar de que sí entiendo toda la ruindad que rodea a nuestra generación de realizadores-, acaso una suerte de destino cultural. De hecho siempre lo defiendo cuando hablan de él a sus espaldas. Como fan, me duele que la obra de Santiago sea tan mal interpretada y sobre todo, matoneada.  Sus críticos más feroces lo acusan de ser un autor demasiado sincero.

 - Hágame el favor. Empecemos por esa palabrita.  ´Es que se te salió LA SINCERIDAD´, se llenan la boca generalmente los sobrevaloradores de la ficción, de la mentira, de quienes adoran hacer arte en tercera persona, sin involucrarse, con la primera persona escondida omnipotentemente, como en ese infierno de la canción HiFi de Bajotierra en el que nadie saluda. Cada vez que un mamerto sesentero, generalmente teatrero frustrado o poeta tirapiedra, quiere quedar bien en esos foros deprimentes de su época, usa el apelativo ´Sincero´, lo cual no es otra forma despectiva y astuta de disimular un ataque. ´Si vamos a enumerar un acierto, debo decirte que se te salió la sinceridad?´

 ... ¿¿¿¿WTF????     

¿Qué quiere decir que una obra sea sincera?, ´´Es que se te salió la sinceridad´´, te dicen los jipis trasnochados cuando te quieren humillar . -  

Pero esas ganas de humillar no esconden más que cierta miopía cuando no ignorancia o ingenuidad. Cuando escucho que alguien acusa a Santiago de ´sincero´, pienso que a ese alguien le falta viajar (viajar de verdad, estarse años en un país del primer mundo, no ir 15 días a Nueva York o estarse tres semanas en Barcelona: eso no es viajar, eso es turistiar y el turista nunca conoce nada, el turista solo presume de todo, de su tránsito epidérmico sobre la faz de la tierra), o ver más cine o escuchar más música ó que le faltan unos 70 títulos claves de la literatura universal en su cabeza, no sé, cada vez que alguien ataca el arte en primera persona, como el de Santiago en su películas - o lo pordebajean - concluyo que su espectro de influencias estilísticas no es que sea muy grande, más bien reducido. Conclusión especulativa, claro está, pues nunca vamos a conocer las motivaciones profundas por las cuales alguien considera al home-video como un sub arte, una expresión menor en oposición al gran cine mayor. 

¿De qué se le acusa a Santiago Andrés Gómez? 

¿De ser demasiado autoreferencial? ¿De que salga, él, actuando en sus películas? ¿De qué haya sido el primero en Colombia en demostrar que el cine es mucho más que rodar en 35 mm o en HD? ¡¡¡ES QUE EL HOME VIDEO NO SE LO INVENTO SANTIAGO, IGNORANTE!!!!!, me decía un Javier Mejía totalmente iracundo hace poco, cuando referencié su nueva película en relación a Diario de Viaje. 

(Hoy el tiempo le dio la razón a Gómez: el cine iba a ser en video y punto. Que grabemos en un RedOne muy bien iluminado y encuadrado no quiere decir que el producto al cual se aspira se convierta automáticamente en celuloide. Video es video y hoy casi todo el cine lo es). 

La gente está muy equivocada cuando cree que una historia narrada en primera persona es una historia sincera o narcisista. Yo, que escribo casi siempre en primera persona, estoy convencido de que se miente más fácil con el YO de por medio que cuando se usa la tercera persona del singular. De hecho, cuando quiero narrar más verdaderamente, con más ´sinceridad´, nunca escribo en primera persona. En primera persona miento más fácil.  ¿Acaso no esta en decadencia la ficción y muy en alza el hyperrealismo?

 Se nota que no conocen el oficio quienes critican el YO, o simplemente usan esa valentía y vulnerabilidad del punto de vista en primera persona, para dar rienda suelta a sus ganas de humillar en público ó al menos lucirse con su falta de talento - ojo no estoy pensando en vos, Mejía-  (porque de alguna manera de eso se trata humillar: de falta de herramientas histriónicas, de la carencia de canales expresivos para exorcizar lo demoníaco de manera artística. Pienso en comunidades, cuasi primitivas, como las de los nativos de Santa Elena que lo único que tienen para ponerse ellos mismos en escena, colectivamente, es la temporada de Feria Flores y los bailes de salón adonde van a emborracharse cada 8 días).  

Así las cosas y para no ir muy lejos, cuántos escritores clásicos no han escrito en primera persona impostando personajes que no tienen nada que ver con quien narra. 

Al final, si una historia es autobiográfica o no, es irrelevante. Filmar en primera persona no es más que otro recurso perfectamente válido y muy pertinente para decir mentiras. No veo nada de sinceridad en ello. Lo importante es que sea una buena historia. De eso depende la ficción. Historia mala, sea verdad o mentiras, no alcanza el estatus de ficción. Pero como estamos, quizás, en el país más avergonzado de la tierra, nuestros criticones no le perdonan a Santiago que él sea el propio protagonista de sus películas. - Bueno, ya se sabe que nos encontramos en la mitad de una cruzada por la honorabilidad de esta sociedad acusada mundialmente de ser una sociedad mafiosa, narcotraficante y bárbara. Y ya sabemos también que la máxima aspiración de un mafioso es conseguir al menos un poco de honorabilidad, que la sociedad en general le legitime su forma de estar en el mundo, sus modos de existir. Nada raro que toda esa búsqueda de honorabilidad mafiosa gotee y se filtre hasta las capas más sutiles de la expresión criolla, como la del inútil arte de hacer películas caseras o películas en general, tan profesionales como aburridas, ´´la guerra lo transversaliza todo´´-. 

Y me permito hacer esta disgresión sobre Santiago, porque hace pocos días estuve en la casa de otro cineasta colombiano, de grandes ligas, que he atacado de alguna manera en este blog (reseña sobre LA SANGRE Y LA LLUVIA), al que siempre vi muy lejano pero que, vea usted cómo es la vida, terminamos de vecinos y caras familiares del camino. En casa de Carlos Eduardo Henao y a propósito de la próxima Muestra de Cine Colombiano en la vereda Perico, de Santa Elena, obvio caímos en el tema Santiago Andrés Gómez, no de manera tan visceral como sus otros críticos, pero hablamos igual de él, tal vez, un poco más desde la Republica del Cariño que desde las ganas de humillar. 

Y allí estábamos en casa de Henao y estaba también otro gigante como lo es Carlos César Arbeláez y estaba Mercedes Cardona y yo me sentí tan acogido y tan valorado y tan mimado que, obvio, me sentí mal por haber criticado, tan mal, (¿humillado? ¿hacer reseñas en un blog es hacerlo, insisto?) las muchas películas de este par de Carlos, en el pasado. Porque entrar a la casa de Mercedes y Carlos es como entrar a la casa de los papás cineastas que siempre quisimos tener. 

ASÍ QUE ASÍ SE ESCRIBIERON ´LA VENDEDORA DE ROSAS´ Y ´LOS COLORES DE LA MONTAÑA´, me dije cuando vi a estos ídolos apoltronados en una bella sala llena de sofás con sendos computadores portátiles frente a su narices, con una cálida amarilla luz tenue gobernándolo todo. Una puerta grande a borde de carretera como en las casas de las estrellas de Hollywood, un sendero que va de la puerta a la casa, una casa grande tipo mansión, guardando las proporciones, y un contexto de verde y árboles y de noche estrellada alrededor y de aire fresco de verano (prácticamente una auténtica noche californiana ). 

Y digo ´´papás´´ porque, a estos dos, a Mercedes y a Carlos, uno los está viendo juntos toda la vida. No porque sean mucho mayores que yo. Pero verlos juntos, después de tanto tiempo, te hace entrar en un juego de proyecciones y estabilidad, pues ¿qué pareja hoy en día dura más de 15 años?. Estando en aquella mullida sala llena de sofás y alfombras y libros de cine y cuadros de buen gusto, alcancé a pensar por un instante en tanta gente cercana con un historial de divorcios y rupturas incluyéndome yo. Viendo a Carlos y a Mercedes pensé que algo en el cine colombiano ha valido la pena, que si hay tantas películas valiosas hoy en día y con cierta cultura del guión, es porque Mercedes y Carlos han logrado estar juntos. Una reflexión sin sentido, pero que la hice igual. Una venia de admiración se derramaba con la noche. 

Y entonces, en ese clima de familiaridad y de calidez, entre arepa, chocolate y canapés, hablamos de Santiago, de lo importante que ha sido para el cine de Medellín, y yo lo ensalcé hasta donde se pudo, - como lo he ensalzado desde hace más de 20 años cuando hizo DIARIO DE VIAJE -. 

Y escuchando a Arbeláez y a Henao, y a Cardona, desatrasándonos de un montón de amigos mutuos y escuchándome a mí, de alguna manera pensé que la crítica entre cineastas también puede ser una forma de cuidarnos, de estar pendientes los unos de los otros, de estar pendientes por la tribu, de decir que nos preocupa la manada, algo mucho más que simplemente humillarnos. De pronto, a veces, y yéndonos para otros lugares, humillar es amar, amar de forma equivocada, pero amar, al fin y al cabo. Love Will Tear Us apart, dice la canción. El amor nos partirá en dos.    

Otro caso similar me pasó con el mencionado Javier Mejía, de Apocalipsur. Otro que ha decidido ser 'demasiado autoreferencial' en sus películas (¿quién no?, en estos tiempos individualistas de selfies y de prepondereancia del yo? ... García Márquez decía que había que empezar escribiendo de uno mismo y, cuando no somos lo suficientemente maestros, entonces a veces nos quedamos grabándonos a nosotros mismos para siempre) . 

Y lo cito a Javier, porque resultó ser de esos nuevas caras asiduas que me ha deparado el 2018. Igual, otro vecino, a pocos minutos de la casa donde Henao y Mercedes me supieron acoger tan bien. Javier ya hace parte de los itinerarios cotidianos del corregimiento de Santa Elena, el parque, los buses, la Placita de Flores y naturalmente terminamos intercambiando montones de ideas. Nunca pensé hace muchos años, al escribir mi crítica amañada sobre su opera prima, que íbamos a terminar de vecinos con Mejía y acaso bebiendo un par de noches juntos. Hoy somos paisajes recurrentes el uno para el otro en su casa, en el bus de la vereda o en una tienda donde quiera que haya una cerveza esperando por un paladar sediento y, vea usted, que hasta lo más de nutridas y astrales que han resultado nuestras conversaciones. Obvio, Javier como muchos, son muy queridos hasta que se toman el tercer guaro. Del cuarto guaro en adelante, hay que tenerse fino, pues es cuando empiezan a emerger esas ganas de hacer daño. Cada vez que uno de estos personajes, del mundillo, empieza a exhibir el arte de humillar en público, me pregunto, ¿quién les hizo tanto daño? ¿Por qué estamos tan quebrados por dentro? ¿Tan escindidos? ... A veces olvidamos que una cosa es cobrárselas, - todas juntas - , a los responsables de nuestra ruina interior y otra muy distinta es salir con una metralleta a dispararle a cuanto cristiano se nos cruza por el camino. Pobre, Javito: qué haría para terminar arrinconado en Santa Elena... En Santa Elena sólo terminamos acorralados los locos que necesitamos ser amansados por la fuerza magnética de una naturaleza supra selectiva. 

Pero, ¿quién iría a pensar que un detractor en su momento de Apocalipsur, como yo, iría a terminar echándole flores a la misma obra criticada, 10 años después, en medio  del paisaje montañoso que rodea a Medellín y casi que entrevistando indirectamente a su director?

 A veces falta que un famosillo se mude a tu barrio, para darte cuenta de que vos también eras su admirador y que, tal vez por eso, denostabas de su obra. También para darte cuenta de la necesidad de humillación terciaria que conllevan los rumores sobre personas que no conocés (en su tiempo, sólo conocía a Javier por ciertas amigas mutuas y, sobre todo, colegas que le tenían envidia, tal como lo escribí en su momento). Y especialmente cuando el director de turno está a la altura de su hit. Javier es un man muy distinto a como me lo habían pintao´  aquellos ciertos amigos mutuos. Javier es un señor ya, en la medianía de edad, muy respetuoso en estado sobrio, lúcido, coherente, buen conversador, con grandes ínfulas de humorista, una persona muy cálida, en general. Y ese es el precio que debemos pagar quienes hemos usado un medio como estos para esa otra forma de humillación disfrazada que es la crítica cinematográfica: que tarde o temprano terminemos hermanados con el objeto criticado. 

Bueno, hay que reincidir también en que, ya en estado ebrio y en instancias de farándulilla criolla, Javier como todos los demás nos convertimos en los mismos humilladores públicos de siempre. No voy a entrar casi en detalles. Sólo decir que Mejía, siendo un man tan bacano y cortés y accesible, también se ha llevado un puñado de buenas almas por delante. Estoy casi seguro que él ni se entera. A menudo un humillador ni se da por enterado, especialmente en los micro star-systems, donde naturalizamos todo, hasta el salvajismo y la barbarie civilizada.

De todos modos, en los primeros encuentros con Javier, lo primero que le valoré fue esa consciencia de respeto por la obra de los demás: ¨No sé como la gente va diciendo las cosas así de fácil¨. ´´Obvio, porque somos torpes, Javi´´, le dije. ´´La torpeza la llevamos en nuestro ADN. Eso demuestra todo lo que nos falta en Colombia´´. Hablaba básicamente por mí, claro, que conocí de primera mano cómo se cuidan entre ellos, muchos directores famosos de Nueva York, su grado de colegaje, pero que igual llevo años escribiendo sobre la torpeza emocional y aun sigo cayendo en ella, una y otra vez.

    Más allá de Apocalipsur, - cuyo éxito y trascendencia, sus ´críticos´nunca llegaremos ni siquiera a llegarle a los tobillos-, Javier es un gran tipo en su faceta  más íntima y casual, una buena persona,  y ahora convengo que es un error no separar la obra del artista; gesto que precisamente le exijo tanto a la gente que ha criticado a Santiago Gómez o que lee mis cosas y que creen que todo lo que escribo hace parte de un sistema de creencias o de mi lista de traumas personales y/o de una supuesta declaración de principios. 

Tal vez. O tal vez no. 

¨Si elimináramos esa clase de arte que hiere la sensibilidad de los demás, desaparecería el 70% del cine¨, dice Fernanda Solórzano en entrevista sobre su libro MISTERIOS DE LA SALA OSCURA, ¨Lastimosamente las buenas personas no hacen buenas películas¨, remata. 

¿Será?

Tal vez. Bueno, al menos un montón de cineastas creen que ser malas personas es un pre requisito. Entonces se cortan una oreja y después tratan de ser Vincent VanGogh, cuando la cosa funciona al revés: primero debes ser VanGogh y después te puedes cortar las dos orejas, si quieres.

Lo que yo sí creo, es que hacer buenas películas ayuda a que sus realizadores sean mejores personas. Con cada película un poco más. Pocos saben del tormento purificador que implica involucrarse en la producción cinematográfica, especialmente para el director, y en ese camino estamos todos. Narremos en primera o en tercera persona, cualquiera que sean nuestros recursos estilísticos, al final todos estamos siendo autobiográficos. Unos más embusteros que otros. E igual, cuando la intención es humillar, lo hacemos como una forma de auto mutilación y de destrucción propias, porque para humillar a los demás hay que aprender a humillarse a sí mismos.

Para no ir muy lejos y quedándome literalmente en el mismo círculo vicioso, escogiendo un personaje representativo de la noche medellinense, es preciso conectar a Javito con el icono de iconos en cuanto a humillación pública se refiere: Gloria, La Mona Uribe, propietaria del bar más encubiertamente gomelo de la Bella Villa y auto denominada ¨rata de alcantarilla¨, una de las mujeres más queridas y generosas en Medellín, siempre y cuando no tenga una audiencia a la cual deleitar. Cada vez que yo entraba al Guanábano, cuando todavía iba allí, y me ponía a beber con la Mona, ella terminaba dedicándome su amargura, tal como se ha jactado de dedicársela a un montón de famosillos, que nunca volvieron a ese bar por miedo a que la Mona los vuelva a volver mierda desde su tribuna: la barra del bar.

 Bueno, ahora con la sobriedad que depara el aire puro del campo, caigo en cuenta de que cualquier pretexto es bueno en los náufragos urbanos pa boletiar a la gente. Entre más abajo estás, más arriba tratás de lanzar la piedra. Del mismo modo, la Mona, está convencida de que es una especie de Gertrude Stein paisa o algo así. Sobre todo cuando están Pascual Gaviria y Juan Fernando Ospina cerca. Humillar almas en la barra, delante de sus mejores clientes, - a costa de gente que es mejor que ella pero que ella siempre intenta rebajar -, es el nuevo viejo pasatiempo preferido de ese ser oscuro, cual hobby de proxeneta regentador de un burdel muy acreditado. Ahora entiendo cuando una noche entró Johncito Jaramillo burlándose, en su cara, - y a los gritos -, de un supuesto cáncer que ella tenía. Ahora me doy cuenta a qué tipo de cáncer se refería, al peor cáncer de todos y que en Medellín muchos compartimos: ese cáncer espiritual de sabernos con el derecho de humillar público.

Me pregunto si la Mona Uribe, este caso tan representativo de canibalismo colombiano, ¿no será un caso típico de necesidad de trascendencia? Bueno, lo de ella, es un poco excepcional, el típico caso de una persona sin hijos, sin obra y sin un dios, que humilla principalmente a ciertos narradores talentosos de relevancia, que se le acercan, porque en el fondo desea que hablen de ella algún día en sus historias. 

¿No será, la forma de atacar públicamente a un narrador, un grito de auxilio? ¿Una forma desesperada de decir que necesitamos  ser relatados para poder acoger las pulsiones cósmicas del universo y su mandato de una vida un poco más llena de significado? ¿otra forma de trascender?

 Por mi experiencia como escritor de internet, me he enterado de que no falta el amigo que te odie más por NO haber escrito sobre él. Tal vez mucho más que quienes te odian por haber escrito sobre ellos. Humillar en público también puede ser otra forma de estar aterrorizados, paniqueados frente a la vida y ante el hecho de que la existencia sea tan evanescente. 

La existencia en general es vapor puro, polvo de estrellas. De suerte hemos alcanzado este estado de condensación que es muy efímero, en forma de cuerpo y a veces de relato, y debemos dar gracias a Dios por ello. El algún punto de la causalidad hemos hallado una suerte de orden para conformar una existencia que después volverá a desperdigarse. De la evanescencia venimos y a la evanescencia vamos. De ahí que también debemos aportar a la causa: la causa de generar algún tipo de condensación para el universo y el acto de humillar tiene que ver con ese acto desesperado de trascender. 

Para no seguir con la larga lista de ilustres humilladores profesionales de la ciudad, me pregunto si los ataques mutuos más sangrientos de nuestra clase política no esconden más que una necesidad reprimida y tarada de lucimiento social a costa del otro. Ante nuestra incapacidad de exorcizar lo demoníaco por canales histriónicos perfectamente válidos, optamos por la humillación y el sicariato moral. Como si invalidar al otro nos salvara de nuestro propio abismo. Sería más noble bailar y actuar, pero preferimos disparar. Aquí, el que no hace, humilla. Intenta disminuir al otro, decirle POBRE, como Isabel a los obreros en su video y como se lo he escuchado más de una vez a John Jaramillo y a La Mona Uribe y Javier Mejía, todos tres parte de un código que se repite entre los de su misma especie. Aquí en Colombia el que se lee dos o tres libros y se educó en universidades privadas hace gala de la misma tara. Y el que hace y se siente frustrado, también. No tienes hijos, ni escribes ni pintas o pintas y escribes, pero no te lo tomas en serio, entonces lees. Lees para buscar la debilidad. Lees para humillar. Lees porque es más fácil estar en la tribuna. Lees más a la gente que a los libros. Pero lees mal, porque nunca pudiste llegar a la empatía. 

Al final, todo se reduce a una pésima utilización del lenguaje. ¿Por qué somos tan torpes? ¿Por qué nos maltratamos a nosotros mismos maltratando ese vehículo precioso que son la palabras? Al final, cada vez que maltratamos a alguien con las palabras, lo que estamos haciendo es subiéndonos a un auto muy estropeado y a un auto que no es del vecino, se trata de un auto que es propio, es nuestro y de nadie más y que sólo está parqueado en nuestro garaje.

Yo que he sido un tipo hijo de la renuncia, que vengo en un escala de pérdidas de toda clase en los últimos años, tal vez las más dolorosas de mi vida:  padre muerto, mascotas muertas, amigos muertos, novias muertas, trabajos muertos, discos duros averiados con grandes proyectos personales, ex esposa muerta, cosas materiales, computadores muertos, casas muertas, etc -,  hace poco no entendía por qué mi mejor nueva amiga del 2018, de un momento a otro, me dejó de hablar sin razón aparente. Ninguna pérdida de las antes mencionadas me había dolido tanto, tal vez, por esa misma razón.  Todo iba bien y de un momento a otro, pufff: cero saludo, cero cordialidad. Luego me di cuenta que había sido por la forma en que traté de negociar un guión suyo que íbamos a rodar. El lenguaje. Tal vez lo hice de una manera demasiado uribista, demasiado con papa y yuca, ¨A la hijueputa¨, como me dijo hace poco mi mejor amiga, mi hermana del alma, y como solemos hacerlo en Antioquia y esta pelada, la del guión, siendo pura-agua-pura, una motica de algodón, se asustó con ese tono paramilitar que casi sin darme cuenta he venido interiorizando desde que volví a Colombia (para poder sobrevivir). ¨Es la forma como lo dijiste, son las formas mi querido amigo de fríjoles a mil pesitos¨, me dejó caer en una de nuestras últimas conversaciones. Y ese fue el fin. Ella que viene de una familia terrateniente, sabía qué agua la estaba mojando y quiso desmarcarse de ello. Resultado: mi corazón sangrante como hace muchos años no lo tenía. Creo que era la pelada más valiosa que había conocido desde los 90. 

- Ya tendré la oportunidad de escribir ampliamente de ese fenómeno de los hijos de familias mafiosas que quieren desmarcarse de ese linaje, en un país donde casi todos tenemos un pariente traqueto, lejano o cercano. Tuve que volverme amigo, ya viejo, de Javier Mejía, por ejemplo, para creer entender esa escena de Apocalipsur en la que un personaje se despacha contra las barrigas de los mafiosos: ¿Estaría Mejía telegrafiando un mensaje contra alguien de su clan familiar? 

Es mejor NO decir más, ya ha habido suficiente especulación en esta entrada. -  

Siguiendo con aquella misma lógica, también tenemos a quienes no necesitan sentirse demasiado ofendidos para usar la manada como artilugio de humillación. Es el caso de Oscar Campo, por ejemplo y para volver al cine. 

Estaba yo recién llegado a Cali, proveniente de Nueva York. El teacher Patiño me había introducido en sociedad. Y ¡qué sociedad! Un almuerzo laboral en Unicentro. La pesada del cine: Ramiro Arbeláez, otro que era director de Señal Colombia y cuyo nombre no recuerdo, el director del Rey también estaba, el propio Oscar y su señora esposa. Era en todo caso un combo grande de puros duros. Yo que no los conocía personalmente, estaba obnubilado. Pero igual, me había acabado de atravesar todo el campus de la Universidad del Valle en bermudas y sin medias. Los mosquitos me había devorado y me picaba hasta el alma. Por mis piernas, parecía que tuviera varicela o sarampión. Además me había doblado un tobillo, estaba gordo y desempleado y resentido por haber estado lavando baños en Estados Unidos. Nunca me había odiado a mí mismo como en aquella época. Así que llegué al almuerzo renegando interiormente de Colombia y de su trópico bestial. Una de las bellas caleñas que estaba en el almuerzo, al verme las piernas devoradas por los mosquitos, me preguntó qué me había pasado. Yo le contesté algo atacando a Cali, no sé por qué. Una cosa no tenía que ver con la otra. 

La reunión continuó. Insolentemente, en medio de la comezón y la rascadera de piernas y del dolor en el tobillo, el cual ya se había inflamado, también me puse a criticar ¨profesionlamente¨ a Señal Colombia y a Telepacífico. Patiño aterrado, con su nueva faceta de hombre respetuoso. - ¨La gente puede cambiar, la gente cambia Willie¨, me diría días después - . 

Luego, al final, después de yo alabar la obra de Oscar Campo y a Caliwood, Campo resultó diciéndome delante de todos, que nosotros los paisas éramos unos hijueputas, que teníamos a Colombia jodido y yo, claro, lo tomé a título personal. Nunca entendí su ataque, hasta hace poco, muchos años después que recordé mi ataque contra Cali, minutos antes, por el solo hecho de haber sido devorado por los mosquitos. El comentario, obviamente, al ser parte de la memoria RAM y no del disco duro de almacenamiento interior, yo lo había borrado de mis registros. Resultado: una animadversión que hasta la fecha permanece intacta.

Eso. Creo que no queda más para decir. Ya he humillado a demasiada gente en este post. 

Sólo agregar que creo que nos estamos equivocando en las formas. Y eso que somos gente de cine y el cine es pura forma. Los contenidos valen huevo. 

- REDACCIÓN NEBLINA - 




agosto 18, 2018

El discreto encanto de lo abrumador

Esta es la segunda vez, tal vez, que posteo un libro en este blog. Tal vez lo hago porque haya venido por una recomendación en medio de una negociación audiovisual, en un contexto doméstico de cine. 

El caso es que está escrito de una manera tan simple, y tan visual, que bien podría ser (de hecho ya lo es) un guión para una serie de esas que ahora están tan en boga.

Igual, me interesa que la persona que tuvo la deferencia de pasármelo, siendo tan bacán y pilo y fresco, esté tan inmerso en el tema clasista, desde su discurso en lo cotidiano hasta en sus obsesiones más profesionales. 

Para resaltar, como lo menciona el prólogo del libro, citando a un bloggero colombiano, es el punto de vista del relato, el cual sólo puede ser logrado por la mirada plástica de una verdadera artista, el punto de vista de una niña que, no obstante haber sufrido todas las indolencias de la crueldad típica de una época, también no se exime de describir su lugar en el grupo humano con no poca dosis de clasismo, como por ejemplo en el caso de la descripición que hace de ´´los indios´´, al narrarlos como narrando animales.


Paradójico que este libro llegue por manos de quienes siempre insinúan un discurso clasista en sus formas. 

Aparte, el libro es completamente abrumador, hay cartas en las que te quedas varado como una mula cruzando un páramo lleno de pantano y de frío, pues las lágrimas y el dolor y la empatía por esas almas infantiles - incluso en cuerpos de adultos-, son casi incontenibles. 

MEMORIA POR CORRESPONDENCIA es el arte de narrar en su estado más puro, es el relato esencial y no está en ninguna parte. Simplemente es.


       

agosto 14, 2018

La mirada de David Horacio Montoya

Ya se puede decir que hay una nueva generación de cineastas en Medellín totalmente distinta a la generación que abrió trocha con un cortauñas. Esta nueva generación es de formas distintas, con otros valores, una generación que proyecta placidez e invita a seguir en autopista pavimentada, con velocidad de crucero. Este miembro de esa generación es uno de mis fotógrafos favoritos. Un bacán, un teso, modesto, un brillante y sin esas ínfulas que tanto daño le han hecho a nuestro trasegar cinematográfico:

Reel Documental 2017 2018 David Horacio Montoya - Director de fotografía from DAVID HORACIO MONTOYA on Vimeo.

agosto 05, 2018

Diario de un turista 4

Domingo

Paradójico que me ataque el mono por escribir, precisamente este año que estoy tan en modo montaje cinematográfico. Debe ser el excedente de energía que te queda después de que el dínamo de la creatividad ha estado girando y echando chispas y a todo vapor, full oil, durante los primeros 6 meses del 2018.

 Hoy me he levantado tarde. Cada vez que llegan las primeras mañanas invernales después del verano, es igual: el cuerpo se acostumbra a ese sol forastero muy rojo saliendo detrás de las montañas y, cuando no lo percibe, entonces sigue durmiendo de largo bajo el arrullo de la lluvia.



Transcribo a continuación un fragmento que escribí hace un año en EL DIARIO DE ELLA Y YO:

¨Estoy acostado. Escribiendo. Escribiendo acostado. Como Capote. Café Ekono, del Exito. Echando vapor. Del putas. Mi mejor momento del día. Mis mejores 5 minutos, generalmente.

Daría lo que fuera por irme a vivir a esos 5 minutos en que me tomo los primeros 2 sorbos de café y no salir nunca más de allí. Si la vida fueran 5 minutos y no más.

Aunque viéndolo bien, lo es. La vida es lo que pasa durante los mejores 5 minutos de tu vida. A menudo, hacemos lo que hacemos, todo ese esfuerzo, tanto sacrificio, tantas lágrimas y tantos desvelos, sólo por pagar el precio de los mejores cinco minutos de tu existencia¨.

Creo que eso resume mucho el estado actual de las cosas.  Ha pasado el verano y lo he vivido para cantarlo, como dice Sabina. No me he emborrachado demasiado, sólo un par de veces y más de una noche me he ido a la cama con dos cervecitas en la cabeza. También me he visto unas películas del putas y he leído unos textos increíbles. Todo gracias a que me levanto con las energías suficientes para disfrutar de los mejores 5 minutos del día: los del café echando vapor en tu mesa de La Cocina, temprano en la madrugada y la mascota jugando a un lado con los otros perros de los vecinos. Pura perfección.

Ahora me toca entonces volverme a sentar con la película, hacerme un espacio en su sofá y ponerme a editarla. Hace como dos meses había decidido pararla. Quería más plata y tomar la decisión de ponerme a generar más capital en Medellín. Entre otras cosas porque no tenía teléfono y quería uno. Tenía un par de nuevas novias y quería salir con ellas. Aparecieron viejos afectos y quería emborracharme con ellos. Necesitaba visitar a la gente que me está ayudando con la peli y quería facilitarles la vuelta, a domicilio para no hacerles perder mucho tiempo.  Pero la vida a veces es un toro que no se puede coger de los cachos. La vida es como un barco con el timón averiado que te va llevando fluidamente por el río babel: sin un fin.
Luego vino el mundial de fútbol y las elecciones y toda esa ansiedad que se genera en un aire viciado de publicidad, y de ondas radiales, hasta que dije, No más. Hasta aquí llegué con los medios de comunicación colombianos y con toda esa basura mediática digital que sólo sirve para disfrazar la soledad de las personas. Al fin y al cabo, cuando decides asumir tu soledad y todo lo que ella conlleva, y mirarla de frente a los ojos, sin distractores, ves que no es tan horrible como pensabas y que es mucho menor que la soledad de mucha gente que no se cree tan sola. La soledad de alguna manera siempre está en la vida de todo el mundo y unos, (más temprano que tarde), nos damos cuenta de que ella no depende de tener gente al lado, ella depende más de un estado de ánimo, de cierta actitud mental y, que cuando la miras a la cara, no es solo inofensiva sino también conveniente.

En estos meses de sol fue muy triste volver a salir a la calle para encontrarme con amigos que por no querer reconocer su soledad, y asumirla (y por favor, sollátela, disfrutala, ya somos viejos, brother),  siguen auto destruyéndose sin razón. Manes que fueron héroes en un pasado remoto, manes que iban a ser los grandes cineastas o comunicadores de los 90 y claudicaron. Manes con cargos importantes en universidades y con trayectorias y con estabilidad económica y te los encuentras más patéticos que nunca, más borrachos y empericados y más agresivos, con esa suerte de sarcasmo tardío. Y OJO QUE NO ESTOY HABLANDO DE UNO O DOS ENTRE MI GENERACIÓN. ESTOY HABLANDO DE UN MONTÓN, OCHO, NUEVE, DIEZ, 15, 20 MANES MUY AUTODESTRUCTIVOS.

 ¿Acaso no quemaron la etapa del sarcasmo entre los 20 y los 30 años de edad?  ¿Se habrán dado cuenta de que el sarcasmo en la vida real ya no se usa desde que existen las redes sociales? ¿Habrán intentado hacer una ironía en Twitter para no tener que herir a los suyos en la cotidianidad? Pobrecitos: alguien les vendió la idea de que el sarcasmo era signo de inteligencia y se quedaron toda la vida creyéndose el cuento. Yo también viví mi juventud con esa creencia (por favor, ¡yo fui el reiventor del sarcasmo en Medellín!). Luego el tiempo me enseñó que el sarcasmo es un gesto lleno de terror, pánico y de cáncer espiritual. SE NECESITA, A VECES PIDE SALIR A PROPULSIÓN EL SARCASMO DESDE TUS ENTRAÑAS, PERO NO LO USES COMO UN REVÓLVER PORQUE PUEDE SERLO. NO LO APUNTES A LA CABEZA DE NADIE, DISPARA TUS BALAS DE SARCASMO AL AIRE, COMO YO, QUE JODO EN FACEBOOK, PERO YA NO JODO A NADIE ESPECIFICAMENTE A NADIE CON MI CRUZ. - BUENO, ESTO LO DIGO YO QUE ANDO BACANIADO, TRABAJANDO POCAS HORAS, DURMIENDO MUCHO, RESPIRANDO AIRE PURO, JUGANDO CON MI PERRA TODO EL TIEMPO, CUMPLIÉNDOLE POCAS HORAS DE TRABAJO A UN JEFE QUE ES UN BACÁN Y NO ME CHIMBEA PARA NADA . OTRA COSA ES TODA ESA GENTE QUE TRABAJA EN MEDELLÍN QUEBRÁNDOSE EL LOMO, CEDIENDO SU VIDA ENTERA AL CAPITALISMO, AGUANTÁNDOSE LAS INSTITUCIONES PERVERSAS DE ESTE PAÍS -.

Por otro lado, en cambio, vi que un montón de amigas están mejor con ese tema de la soledad. Las había dejado de ver el año pasado y las había dejado felices con sus historias de amor. Este verano me desatrasé de sus vidas y varias de ellas ya no están con sus parejas. Pero vea usted: cómo lo saben llevar de bien. No se ponen a tapar, a maquillar, a chillar y ahogarse en jornadas de licor como mis tantos amigos varones . Por el contrario, las vi mejor, más aplomadas y de hecho más felices, prósperas y rebosantes de energía creativa (a pesar de problemas grossos). En este largo descanso de la película, que ya se extiende más de la cuenta, logré sentirme muy orgulloso de muchas mujeres en Medellín.  Para la muestra, este fragmento de un chat en wasap - con música de Silverson Pickups de fondo- :

- ¿Y el amor qué?

- Jajajaja... Algo ausentes... ando muy ocupada y, con mis rollos, se fractura un poco la relación...

- Todo amor eterno dura 4 meses.

- Jajaja, Me duró un poco más. Pero obvio, se acaba, muy a mi pesar.

- El sexo desaparece, pero el deseo no.

- O al contrario, jajaja

- jajajaj

- Sin duda prefiero el deseo.

- Uf. Como tú y yo hasta el fin de los tiempos.

- Tan bonito. Algo así. En mi corazón sí que hay ganas de desear.

- Ese estado es muy bacano.

- Sí, aunque nos hace sufrir un poco.

- Esperate que llegues a los 40.

- Jajajaj, hace rato que pasé por ahí. Y no pasé ilesa. He dado tumbos.

- Quien iba a creer.

- Por

- Porque sos una especie de heroina. Para mí y para un montón de gente.

- Pero también sufro por desamor.

- Increíble.

- No es fácil, lo que pasa es que me repongo

- Bienvenida al club.

- Jajajaja

- y bueno, bacano que te muestres vulnerable.

- Claro. Lo soy también.

- Estar terrible también me habita.

- Uf.

Todo este tema da para muchas confusiones y creo que es mejor dejarlo así. En una sociedad donde hay una especie de sobrevaloración de la institución familiar (ver  video blog de Fernanda Solórzano de la primera semana de agosto), vale la pena preguntarse, ¿Qué es la familia? ¿quién es la familia?

En una Santa Elena que muchos hemos escogido como una forma de isla desierta a la cual irnos a amarrar con nuestras parejas para que nadie nos moleste (esa fue mi motivación e inicios aquí, y mi vida durante muchos años), es altamente sospechoso el gesto. Sé por conocimiento de causa que el amor en Santa Elena también es una forma de arrinconar a la persona amada (el frío asusta a todo mortal y queremos minimizar a toda costa esa desprotección). Las opciones en este tipo de zonas, no son muchas, no van mucho más allá de entrepiernarse para esconderse del mundo, pero sobretodo para esconderse de sí mismo.

Todavía, por ejemplo, estoy pagando el precio de hacer un corto como ES DOMINGO YNTAN. La gente local, que lo ha visto, se llenó de pavor.

¿Cómo puede haber tanto horror en la vida cotidiana de Santa Elena? En algo tan insulso y anodino como una tarde soleada, me dijo la expresión de más de un@ que lo vio. Otr@s aun se burlan de mí, como si el cortometraje hubiera sido autobiográfico - ¿qué película no lo es?-. Much@s, de es@s, que te odian camufladamente, que están buscándote eternamente la caída, han aprovechado el asunto para atacarme. - Lo bueno de esa película es que me he dado cuenta quién quiere verme mal /YO ME HAGO EL MUERTO PARA VER QUIEN ME LLORA Y PARA VER QUIEN ME HA USADO/ dice Charly García - .

Lo que quizás no saben todavía, es que yo hice la peli estando casado y arrejuntado, no estando solo.  YO era en ese tiempo, y por muchos años, como esa gente que saca la pareja a exhibirse  por el parque del corregimiento, por honor familiar. Y que lo que ahora capto, que quería decir, (no en ese tiempo. En ese tiempo quería hacer un retrato de lo que era el ermitaño clásico de Santa Elena, muy distinto a mí y en vía de extinción), es que sí, que me sentía profundamente solo en una relación supuestamente idílica, largamente soñada, pero que ahora quería volver a ese punto de partida donde la soledad es asumida y real, no una ficción disfrazada como estaba sintiendo a mi matrimonio en ese momento.

Total, hoy la cosa no ha cambiado mucho. Todo sigue exactamente igual, excepto que los chats han vuelto y que la puta película sigue sentada en el sofá, esperando que la despierte de sus largas vacaciones de verano, y que se me ha ido otra mañana más procrastinando, y yo sin poder volver a sentarme a editar y, encima, el pito del celular sonando pues hay amigos que se niegan a que termine el verano de cervezas.

Chao, película, hoy tampoco pudo ser (aunque quién sabe: en la bohemia también hay otro tipo de músculo creativo). Mañana nos vemos. Mañana será otro día, ojalá sin guayabo. Que te vaya bien en ese sofá. Los mejores 5 minutos del día, hace horas que ya no están aquí.

- REDACCIÓN NEBLINA - .