julio 31, 2018

LOGRAMOS SACAR A LA GENTE DE SUS PUTAS CASAS

- REDACCIÓN NEBLINA-

Así que el lunes ya está aquí. Las mañanas ahora son menos soleadas y nubarrones en el cielo llegan con sus presagios invernales. Todo vuelve a la normalidad, si es que acaso hubo algo de excepcionalidad en Santa.

¿Acaso el Día de los Sancochos no es un paisaje habitual? Ojalá que no.

En cualquier caso, la mayoría pudo volver a sus casas, a pesar de la rasca (¿pudimos?) y ya vendrá el otro fin de semana para buscar cualquier pretexto y levantar así los espíritus (en mi caso, ya vendrá el próximo verano, el próximo diciembre).

Para el entorno, alguien también se inventó el pretexto de una MUESTRA DE CINE COLOMBIANO, en la vereda Perico, para generar esa ficción celebratoria de pasarla bien, acaso un poco relajados lejos del jolgorio de feria, y de alguna manera funcionó. Aunque, como era de preverse (teniendo en cuenta nuestro pintoresco tropicalismo) la muestra resultó siendo un desastre logístico, más allá del triunfo social. Pero funcionó, insisto.

POLICÍA DEL KARMA: CAPTURE A ESTE HOMBRE QUE HABLA DEMASIADO

Las películas, que iba a mandar Mincultura, nunca llegaron, el cacareado salón de proyecciones de la Junta de Acción Comunal no contó con voluntad política de préstamo, y hubo profundas decepciones de la comunidad infantil al no poder ver El Mundo de Lila, por ejemplo.

Sin embargo, los organizadores se sobrepusieron e hicieron la de MacGiver: abrir trocha con un cortaúñas.

El evento logró algo, que en Santa Elena es casi un milagro: hacer que la gente deje a YouTube y a Netflix, y a sus vehículos particulares, y a sus huertas, y a sus jardines y a sus reparaciones de fin de semana, y que fueran  en dos patas a la esquina, a curiosear lo que estaba pasando en términos cinematográficos. Primer triunfo. En Santa Elena, lo único que anima a la gente a salir de sus encierros es una alacena y una nevera vacías y la natural impulsividad por el consumismo, el frío insoportable de las catacumbas y las ganas de loliar entre las multitudes de lugareños, - cuando las hay en cada jornada de aguardiente y chicharrón - .

Bueno, no eran precisamente las masas de gente las que se asomaron por la Muestra, pero sí eran pequeños grupos en cada proyección que expresaron, con el gesto, la necesidad apremiante de que haya en el corregimiento (¿mejor en cada vereda?) un teatro, ojalá mullido, con un cine distinto al que puedes conseguir en internet, (así sea ese cine colombiano con toda su carga de tonalidades que poco queremos ver reflejadas).

- O sea: cine de actualidad y que difiera también al cine de las carteleras - .

Los asistentes a la muestra, nos tuvimos que conformar, entonces, con un salón subterráneo en un siniestro colegio de vereda.

Para poder llegar a sentarnos en aquellas incómodas sillas rimax,  (y experimentar la helada proyección castiga-oídos) , había que sortear a un amable vigilante y a unas rejas y a unos candados y a unas escaleras. Simpático: en un corregimiento donde la mayoría se relaja con los espacios y hasta dejan las puertas de sus casas abiertas, tuvimos que ver cine al mejor estilo del miedo urbano: encerrados, confinados, en una especie de iglesia académica donde la entrada es gratis y la salida vemos.

Y LA GENTE COPIÓ 

Intuyo que muchas de las personas que se asomaron por el lugar, lo hicieron por las mismas razones por las que lo hice yo: número uno, por ver en qué estaba el cine colombiano, cuál era su presente. Y la noticia es que nada ha cambiado.

De todas la películas anunciadas, me había visto La Mujer del Animal y Eso Que llaman Amor. De alguna manera, albergaba la esperanza de que los otros títulos ofrecieran otros registros, de pronto un cine menos convencional, algunas ficciones que jugaran más con el documental o con el punto de vista en primera persona y con las propiedades plásticas del video. De un tiempo para acá considero que ese tipo de cine se necesita más, (o al menos, el cine que yo necesito ver más), ante la perspectiva de que toda ficción es un juego cada vez menos convincente. Todavía en Colombia no hay una masa crítica de cine y tal vez nunca la habrá, pero, por favor, ya no somos tan inocentes. Si vas a meterme una mentira, por favor dótala con cierta sensación de realidad. Fernanda Solórzano dixit: ´´Hacemos un pacto con la ficción, dejamos que nos engañe, siempre y cuando, nos engañe bien´´.



De esto se trata el juego del cine y de casi todo en la vida (la religión, el amor mismo y hasta la política), se trata de que nos echen el carretazo y nos conquisten y nos seduzcan. Si la mentira falla, que al menos quede la alternativa de una mentira cara, una mentira a la que se le hayan invertido millones de dólares.

 Sin embargo, ya somos legión quienes perseguimos realidad, quizás un poco de honestidad, y cuando digo realidad no hablo de aburridos documentales (aunque también). Hablo de ser menos acartonados, más under, más lúdicos, más un cine artesanal y ojalá hecho en casa, algo que huela a estofado, a recursividad, a cámara de celular más que a pretenciosidad intelectual y a fanfarronería cinéfila de alta definición  (el cine empezó como atracción de circo y así ha de terminar). No puedes aspirar a una industria si no tienes el billete de Misión Imposible 6 y Colombia está muy lejos de ello. Eso ya lo saben incluso hasta los países ricos que filman por fuera de Hollywood.

Y con esa convicción fui a desatrasarme de cine colombiano (tantas películas al año y acaso me veo una cada 6 meses): con la esperanza de ver un tipo de cine que no muestre a un autor tan distanciado de sus relatos y, en cambio, sí un autor que se involucre más, un tipo de películas más narcisistas, más honestas y sinceras ( perdón por el carácter sesentero del término ´sinceras´).

Necesitamos más preponderancia del Yo en la dramaturgia y menos en las conversaciones de la vida real. Necesitamos más directores de cine que digan: Este soy yo y esta es mi historia ó una historia de la que fui testigo. No necesitamos más esos directores con la actitud Voy-a-contarles-una-historia-de-aquel-que-va-por-la-otra-acera-y-que-apenas-conozco, y la cuento porque soy omnipoderoso.

Pero nada de ello hubo. Quizás lo más parecido a verosimilitud fue el fresco cuasi costumbrista de Los Nadie, película de la que pude escuchar voces extremas como, ´Ahora ya me caen bien los punks´,  o:  ´no es mi tipo de historia, me pareció muy oscura la atmósfera de la película´.

En lo personal, creo que Los Nadie logra su objetivo. Pero sigue siendo ficción prefabricada, ficción de bichos raros para asombrar los paladares exquisitos de Europa. ´Mira qué simpáticos estos especímenes suramericanos´, ´démosle un premio, paguemos sus tickets de avión para que vengan a exhibirse´.

En aras de la diversidad, los directores colombianos se están quedando sin exotismos para meter en sus clásicos empaques de estructuras dramáticas tradicionales y así poder viajar a festivales.

No es una película sobre gente normal Los Nadie. Bueno, al menos son gente sus protagonistas. Es una película de marginales naturalizados, ¿les suena La Vendedora de Rosas? El hecho de que hayan ido a festivales importantes les avala un montón. Tanto a la primera cita antes mencionada, como a la segunda. Y en ese sentido muchos seguimos esperando que los nuevos cineastas como Sebastián Mesa nos vuelen la cabeza con algo filosófico en los foros posteriores al film, algo más jugado.

  Algo de más show, por favor, cineastas. Ustedes no son los propios actores de sus tramas, pero el siglo sí espera que sean los protagonistas de sus fábulas .

¿QUIÉN QUIERE SER NORMAL? ... MINCULTURA SÍ.

¿Podemos aspirar a la normalidad en nuestro cine?

Qué película lo es.

Uno que se cree rockstar, más que cineasta, y que cree y se merece que Colombia sea como Cannes y que Santa Elena sea un Muholland Drive, se dejó caer a destiempo por la muestra y lo primero que preguntó fue que si Los Nadie se parecía a Apocalipsur, como le habían murmurado. Relajado, lo tranquilicé y le dije que ´para nada´, que Apocalipsur era ´´una película de gente normal´´. Entonces brindamos con la periodista Janeth Guerrero en la tienda más cercana, Pilsen y Aguila de por medio, y luego nos fuimos Mejía y yo a su casa y terminamos nuestra propia MUESTRA con un cine colombiano más orgánico y autoreferencial. Javier me mostró algunos materiales refrigerados en su computador, aun en la sombra del proceso audiovisual, varios de ellos escriturados en el software de edición y grabados en video minidv.

Total, que mi sed de realismo honesto se vio más o menos saciado al mejor estilo de mis grandes héroes (Joe Swanberg, Jose Miguel Restrepo ´Joche´, Oscar Campo, Santiago Andrés Gómez, Ken Loach, Herzog - hágame el favor, nada más y nada menos-, Alberto Fuguet, Andrew Bujalski, Camilo Uribe, por citar sólo unos cuantos de los que hicieron grandes relatos en video, con un punto de vista muy personal)  y así terminó LA MUESTRA DE CINE COLOMBIANO EN PERICO, ENVIGADO y así doy yo por clausurado mi verano personal, chuleando las dos juergas que tenía planeado meterme y que desde diciembre no me metía: hasta al amanecer.

Si alguien estaba interesado en que no funcionará LA MUESTRA, alguna suerte de dios todo poderoso, o algo así, su mala noticia es que la muestra sí funcionó. Camilo Valencia, el proyeccionista, hizo todo tipo de peripecias para cumplirle a las 15 personas que fueron a cada proyección en los primeros dos días y hasta el vigilante del colegio fungió como proyeccionista en el último día de LA MUESTRA.

Tal como dijo Valencia, ´Logramos sacar a la gente de sus putas casas´, en estas  zonas rurales que la gente de ciudad elige básicamente para encerrarse y para ver la vida a través de la ventanilla del carro.

- Además, por ejemplo, yo no lo conocía a usted y a mí me conoció un montón de gente bacana, que no me conocía.

-  Exacto. Generamos el mejor de los espacios de convivencia, algo abierto y sin necesidad de bailar con música a todo volumen, sino conversando.

Por lo menos nos vimos las caras, en tiempos donde el cine tiende a aislar a la gente más que a, por lo menos, a propiciar que se saluden en la fila.

Y vea usted, hasta con Mercedes Cardona, Carlos Henao, Javier Mejía y con Carlos César Arbeláez logramos proyectarnos en el futuro, haciendo algo juntos, al menos un sancocho, cuando hace muchos años yo había decidido que mi camino iría  por un rumbo muy separado al de la gente del cine colombiano.  Nunca me vi ni siquiera de amigo de los pesos pesados del cine criollo.

Imagínese usted cómo sería un festival de cine de verdad, en Santa Elena, con toda esa gente valiosa que se ha venido a vivir por acá... 

Lástima que sea el lastimoso Mincultura el que tenga que lanzar este tipo de iniciativas.

Feliz invierno se les desea.

julio 25, 2018

SANTA ELENA representing

La MUESTRA DE CINE COLOMBIANO, ha efectuarse en Santa Elena, tiene un tinte algo especial. Empecemos por decir que es una muestra en la vereda Perico, una vereda caracterizada por ser lugar de residencia de cineastas y escritores desde hace varios lustros ya.

 De hecho, entre el 26 y el 29 de julio podremos interactuar con varios pesos pesados que viven a solo unas cuadras del lugar de proyección. No son cualquier aparecidos los cineastas que habitan el sector. Vecinos y profesionales del sector audiovisual estarán presentando sus películas, unos. Y otros, con prontuario cineasta también, de repente estarán como espectadores.

 Muy contentos estamos en Radio Neblina que haya cine de verdad en Santa y con la gente que lo hace y que ha dejado huella, tanto nacional como internacionalmente.

 Gracias al cine, podremos atestiguar que habitar un territorio es algo más que recorrerlo adentro de un carro o simplemente usarlo para encerrarse en una finca y dormir en ella. Habitar un territorio también es ir a la esquina a ver qué está pasando y, bueno, si están proyectando una de tus películas, mucho mejor. Eso.



julio 23, 2018

UN VERANO EN BERLÍN, SANTA ELENA




/Por si el tiempo me arrastra a playas desiertas/
/Hoy cierro yo el libro de las horas muertas/
/Ni una página en blanco más/

Ahora que caen las primeras incipientes lluvias del verano, vale la pena postear una sobre la clase obrera alemana.

 ¿Estará pronto el invierno?, ¿de nuevo? Muchos campesinos dicen que este año anda ventiando mucho y que eso indica que se demorará todavía un poco para que empiece a llover otra vez. En Santa Elena, por lo pronto, lo que sí estamos seguros es que la noche silletera no perdona su aguacero. A eso de las 2 am, cuando los rones bajan a trompicones por el gargüero, se desatará siempre una especie de diluvio macondiano.

El verano, esa época del año - aquí y en Berlín-, cuando siempre se tejen historias. O se concluyen otras y se inician unas más. Vas por la calle ligero de ropas (aunque no demasiado en Santa). Lo que te sucede en verano siempre es como de realismo social. - Diría Fernanda Solórzano que abunda el exceso de banda sonora en esta película-.

Vas empelotas por la casa, haces balances de mitad de año, te regalas los traguitos que te habías negado en el invierno, te bañas tres veces al día (en Medellín), tirás puro Youtube ventiado. Te volás pa la ciudad porque en el campo te podrías calentar, recibís visitas, llamadas y saludos de los que viajan, ves gente que no veías hace años. Mejor dicho: entras a cuadro, te pones en escena en el teatro más luminoso de la tragedia. Y además están todas estas noches estrelladas, donde la linterna es inútil por los senderos, porque ellos siempre están iluminados por La Luz de la luna. Ya lo dijo el gran Manolo García: quedaba tanto por hacer, arreglar la huerta, hablar con los perros, pasear por las orillas del otoño, quedaba mucho por hacer, quedaba mucho.

Personalmente, lo que me gusta del verano es que marca una especie de fin, pero sobre todo de principio. Has sobrevivido al invierno y entonces crees que el verano será papita pa´l loro. Pero todo verano es peligroso. Todo verano encarna el riesgo de la tranquilidad, de la ligereza de ropas, de esa desprotección natural ante el clima bestial de las cosas. Nos confiamos demasiado. Nos confiamos ante la seguridad del astro sol vendiendo esa idea de que ha venido para protegerte y quedarse. (SIGUE) ...



(SIGUE) ...

Haciendo un ranking de veranos, tendría que poner en primer lugar el verano de Urabá en primer lugar. Pero también el New York y el de Medellín o Cali. Todos llenos de promesas por igual y, sobre todo, de aire fresco y limpio y traslucido en las noches. Recuerdo con cariño grandes veranos específicos: el verano del barrio El Darién en Apartadó y el verano da la piscina en la urbanización Villa Del Río. El inmortal verano de Astoria, Queens, con sus mujeres en los techos de las casas, hablando por teléfono y un trago de Smirnoff en nuestra mesa de noche, al lado de un billete de 50 euros. Y qué decir del verano de Lugar a Dudas, en Cali ó, para no ir muy lejos, el verano pasado de Arví, que en realidad no fue tan verano, lleno de lluvias, pero en el cual ahora sí sé lo hiciste el verano pasado (guiño).

Pero el rey sol no ha venido para quedarse. Se ha de ir con la llegada del frío y las lluvias de nuevo.

Con ese tipo de iluminación, de contrastes atenuados al mejor estilo de Ken Loach, la película UN VERANO EN BERLÍN, nos lleva por la línea del amor. Pero no del amor malentendido entre un hombre y una mujer. Se trata del amor por todas la cosas, lo cual, si se mira bien, no es más que agradecimiento. Más un estado de ánimo que una actitud como ese aire costero y vaporoso con aroma de mar que incluso llega hasta las montañas, como la pista de un aeropuerto a mediodía en una ciudad caliente. Una suerte de amor más entendido como la fragilidad corriente de los humanos y sus relaciones. Esta vida está hecha de cristal, dice la canción, y es una rueda mágica, remata.

 UN VERANO EN BERLÍN nos habla de Nike, Ronald y Katrin, tres personajes por fuera del sistema mediático de lo tremendista, - como lo somos la mayoría de nosotros- .

Por los medios, tendemos a creer que la vida está en los grandes eventos y sus protagonistas. La gente de la política, los héroes sociales, la crónica rosa, el mundial de fútbol y, así, somos devorados por lo sensacional. De esto no habla la película, ni mucho menos. Pero es una de tantas lecturas que podrías hacer, especialmente cuando la atención de los narradores del mundo ha devenido en simples enfoques televisivos de la actualidad o en columnistas de prensa.

Pero la actualidad también, y principalmente, es cotidianidad, simpleza, sobre vivencia física y psicológica. Normalidad. El mundo es horroroso y corrupto y criminal, pero a mí eso en realidad no me concierne. Me pueden interesar las elecciones: lo que dijo Duque y lo que dijo Petro, pero no voy a armar una guerra interna por eso. Ni externa tampoco. Al final, esa idea de que hay que estar pendiente de la política porque la política puede afectarlo todo, es falso. De la política no hay que estar pendientes ni poner las manos en el fuego, porque al final todos los políticos son lo mismo y, si no lo son, al menos todos esos políticos, sean de izquierda o de derecha, sí te afectan igual. O no te afectan nada, repito.

 Si sos una Nike que trabaja cuidando ancianos, seguirás siéndolo gane quien gane el braxit o la pereztroyka o el plebiscito por el no. Si sos un Ronald que maneja un camión lo seguirás siendo así Nigeria hubiera ganado el mundial, porque nada de lo que pasa arriba gotea hasta la clase obrera, ésa es una idea falsa que te venden las instituciones para que su existencia tenga alguna justificación. Lo que las legitima es tu atención en ellas y por ello su razón de ser.  Te quieren vender una idea de realidad donde no la hay. Nada más irreal que las ideas de realidad que fabrica un noticiero. Lo digo por conocimiento de causa: entre más prestigioso y profesional es el periodismo, más cubos de hielo derretido suele fabricar.


Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas. Porque de ti volví a aprender lo necesario. Pan, casa, destino, camino. De ti volví a aprender. del bosque De tu alegría. de manos De tu sereno misterio. Quedaba mucho por hacer:Arreglar la huerta,


 Hablar con los perros,
Pasear por las orillas del otoño.
Quedaba mucho por hacer.
Quedaba mucho.
Porque de ti volví a aprender lo necesario.
A prescindir de lo inútil,
Que nada es precario.
Del brillo de tus ojos
A disfrutar el tiempo lento.
Y cuatro cosas útiles de tu gesto cierto.
Y muchas cosas más de ti aprendí.
Y quedaba mucho por hacer.
A tirar el lastre, de eso que es la existencia.
Del tráfico, del peso de los lunes.
Gris, cielo, hoguera, camino.
De películas malas.
A robarle el tiempo al minutero,
Que los relojes matan el tiempo.
Quedaba mucho por hacer:
Recoger los sueños en las noches frías
Como cuando no hay peces recojo las redes vacías.
Quedaba mucho por hacer.
Quedaba mucho.
Aprendí a sumar lo lógico y lo incierto.
A poner la mesa.
Aprendí a tolerar la presencia necesaria
De las arañas.
Aprendí a soportar sólo lo soportable.
Y quedaba mucho por hacer,
Rechazar el tedio, luchar contra él.
Y quedaba mucho por hacer.
Limpiar de malas hierbas el prado,
Arrancar las rejas y cercados.
Hacer montones: perros con gatos.
Hacer montones: soles y estrellas.
Borrar las señales de vuelo
Para que los pájaros sean dueños del cielo.
Y quedaba mucho por hacer...
Y quedaba mucho por hacer...
Y quedaba mucho por hacer...
Y quedaba mucho por hacer...

Por mi parte, el verano me ha servido para tomarme unas vacaciones. Con la sensación de primer semestre ganado, he decidido apagar La W Radio, el último de los vicios que me quedaban, después de haber apagado el wasap, Facebook, Twitter, los puchos, el whisky malo, mi adicción a la música con auriculares en los buses y en la calle,  mis rituales de ave nocturna y otro montón de malos hábitos.

En cambio, desde hace años he logrado que el enfoque sobre la vida sea otro. Desde que he optado por el silencio, la mirada se ha dirigido a otros lados. He vuelto a los libros y al cine clásico, al olor del café antes de las 6 am, a las caminadas bajo la luna por el campo, el olor de la tierra seca y de las cacas de los equinos, la naturaleza en general y la cocina sana.

El máximo regalo que disfruto, ahora en verano, cuando las caminatas se multiplican por mil, es el que me da la visual de mi mascota corriendo entre las mangas, como un lobo estepario en busca de la gran manada.

Pero sobretodo, el mejor regalo que me doy es la gente que te encuentras en cualquier paseo por corto que sea y que siempre será gratis. El regalo de los amigos que voy a visitar al otro lado de la montaña o justo en la finca de al lado: el regalo de que te cuenten sus historias. Para este pechito eso es lo máximo. Hay que apagar la radio y la tv para darse cuenta de que todo el mundo siempre te estará contando una historia, en el bus, en la tienda, a campo traviesa, en la esquina. Chiquita o grande, siempre habrá una historia en los labios de los amigos. Tal vez ahí radique mi fascinación por la gente que se va y vuelve. Nadie con más historias que un viajero.



Por insignificante que sea, la mejor aventura que me puede pasar, a mis casi cincuenta, es que en el encuentro más casual siempre hay una gran noticia y que el máximo tesoro para un aspirante a cineasta, puede ser el de enterarse de la vida de los demás, el vecino,  una ex novia, la ex amante, el amigo con una mansión y un zuzuki SJ 410 en el garaje como único medio de transporte, la soledad del viejito de allí, Jose, Mauro, Manuelita Dios me la bendiga, Juan Diego y su hijo Máximo, Anita, Chispas, Nacho, Andrea y su blog y su crueldad y su verdad, Juan Semilla, Mrs. Hi Fi y su embarazo (vos sos puro HiFi, pero espíritu no hay), Pedro el jipi, Ricardo el rockero, Margarita la turista, Jagua el artesano, Mercedes, Carlos César, la pelada de allá, el músico de acá. Escuchar y escuchar, sin participar con ninguna reacción, sin comentarios, sin opiniones, sin chismosear, solo escuchar y escuchar.

De eso se trata UN VERANO EN BERLÍN, de una gran noticia, sobre cosas simples que le pasan a la gente simple. O sea: una noticia sobre la verdadera vida (a veces me pudre esa gente que vive con el discurso de la VIDA en la boca y, va a ver uno, y lo menos que tienen es eso: VIDA con mayúscula y, menos, vida con minúscula. La gente que se llena tanto la boca con la palabra ´vida´, generalmente tienen de todo menos vida).

 Vos, querido lector, le podés poner el titular que querás a esta gran noticia sobre Nike, Katrin y Ronald. Más que personajes, tres personas que simplemente tratan de sobrevivir en Berlín. Tres personajes llenos de AMOR y de VIDA, en mayúsculas. Este sería mi titular.  - REDACCIÓN NEBLINA-

Coda: Este verano tendrá un gran cierre para los amantes del ritual de la caverna, con la tribu al lado y un fuego de unas sombras en la pared que cuentan historias - ¡y en Santa Elena!- : tendremos MUESTRA DE CINE COLOMBIANO, de última generación.

Radio Neblina pone al final de este post, en exclusiva, la programación que tendremos la oportunidad de disfrutar en LA NUEVA SEDE JAC, de la vereda PERICO, en plena frontera entre Envigado y Medellín. Del 26 al 29 de julio, o sea este próximo fin de semana.



26/07/18 18:00 horas MAMÁ (2017) Dir. Philippe Van Hisenhoven (Ficción-Drama) Dur.80 min
27/07/18 16: horas EL PASEO DE TERESA (2017) Dir. Patricia Cardozo (Ficción) 90 min.
27/07/18 18:00 horas LOS NADIE (2016) Dir. JUAN SEBASTÍAN MESA (Ficción) 84 min.
28/07/18 11:00 horas EL LIBRO DE LILA (2017) Dir. MARITZA RINCÓN (Ficción infantil)
28/07/18 14: 00 horas LOS ORIYINALES (2017) Dir. Harold Trompetero (Ficción)
28/07/18 16: horas JERICO (2016) EL INFINITO VUELO DE LOS DÍAS. Dir. Catalina Mesa       (Documental)
28/07/18 18:00 horas ESO QUE LLAMAN AMOR. (2016) Dir. Carlos César Arbeláez (Ficción)
29/07/18 11:00 horas UN CABALLO LLAMADO ELEFANTE (2017) Dir. Andrés Waissbluth
29/07/18 14: 00 horas PASOS DE HERÓE Dir. Henry Rincón (Ficción)
29/07/18 16: horas PARIENTE. Dir.  Iván Darío Gaona (ficción)
29/07/18 18:00 horas LA MUJER DEL ANIMAL. Dir. Víctor Gaviria (Ficción)








julio 21, 2018

ANTES Y DESPUÉS DEL CINE, LAS SERIES




Cuando estaba chico, los sábados ideales para mí eran una ciudad costera de Estados Unidos y un tipo casi cincuentón, en shorts, camiseta de California y con una emisora frente al mar, atendiendo casos sociales en la recepción de la misma. 

De vez en cuando, el ex hippy éste, tomaba el micrófono, lanzaba algunas bellas canciones al aire y ponía aquella voz romántica a manera de mensaje para solucionar aquellos problemas de la gente, triviales casos cotidianos que se sucedían con la playa como fondo. 

Era una serie setentera,  que podía ocurrir en cualquier día de la semana, pero como quizás la pasaban los sábados y domingos en la mañana, yo siempre pensaba que era sábado. 

Para mi, insisto, los sábados ideales se conformaban de playa, mar y radio. De alguna manera, me llenaba de esperanza pensar que mis fines de semana podían ser así cuando llegara a la edad de aquel locutor: regentando una pequeña emisora barrial, rodeado de mujeres hermosas - o al menos interesantes -  que iban a visitarlo a menudo. 

Lo mismo sucedía con otra serie que también pasaban los domingos muy temprano en la mañana, a las 7 am o algo así, antes de El Boletín del Consumidor  y de Formadores de Hombres Nuevos. Española. Se trataba de Días de Verano. 

Las series. Lo mejor de la vida contemporánea. Nos formaron el carácter y la educación sentimental a muchos. 

Hoy mis sábados, de alguna manera son muy parecidos en espíritu y esencia al estilo de vida de aquel locutor: solitario, romántico, fortalecido por la carretera, sensible, un divorciado que lo aprendió todo sobre el amor y el trabajo comunitario no institucional, con todos los sueños intactos, (así como con la fe en el mundo y en el modelo de vida norteamericano, a pesar de todo).   

Todavía no llegaron los cincuenta, ni tampoco un mar y una playa como hogar. - Es la naturaleza en todo caso. Una montaña como puerto -. 

 Pero las series de televisión aun persisten. Ellas, incluso desde mucho antes que los teatros de cine y las películas. 

E igual, éstos últimos podrán pasar. 

Pero las series y los sábados por la mañana, nunca.  


SOLO LOS ROMÁNTICOS SE SALVAN, de JIM JARMUSCH






La ciudad de Detroit. Ya sabemos todos lo que le pasó. Todo lo desierta que está ahora. Y abandonada. Ecos de un esplendor que se mueve raudo entre las aceras repobladas por la maleza. 

Quién más para atestiguar el presente del mundo que dos vampiros sensibles y eternos, cual estudiantes universitarios, aristócratas modernos, que nunca deben preocuparse por sí mismos tanto como por el devenir de los siglos atestiguados. 

Nada puede ser más definitivo que aceptar la experiencia humana como una constante pugna de luces y sombras donde la luz es privilegio y la oscuridad paisaje glorioso, metáfora de la locura insensata (SIC) que ha podido entronizarse en el corazón de los hombres. 

Al final, los góticos ganaron. Tenían razón: la civilización y el futuro del mundo no pueden mirarse sino a través del crisol negro de los días y la preeminencia total de las noches.

 Qué depurado se ha vuelto, igual, Jarmusch. Su cine da, en SOLO LOS AMANTES SE SALVAN, un salto cualitativo de poética glam y revisionismos históricos sutilmente sofisticados - quizás a la altura de CAFÉ Y CIGARRILLOS, acaso, la mejor de sus películas, en mi gusto personal- .


Insiste Fernanda Solórzano en que el horror y el satanismo son usados, en el cine, como metáfora de NUESTRAS BESTIALES ENFERMEDADES MENTALES PUESTAS EN LA ESCENA FAMILIAR  y de nuestras instituciones por igual.


Me pregunto, entonces, qué podría simbolizar el uso desmesurado del romanticismo en obras como las del gran Jim Jarmusch, quien lleva el lirismo épico de la sensibilidad emo hasta sus últimas consecuencias en SOLO LOS AMANTES SE SALVAN. Cuando todos creíamos que el verdadero padre del cine independiente no podía llegar más lejos, lo vemos perderse en el infinito de su genialidad hasta que no es más que un punto en el espacio sideral.

Muy interesante este relato en estas épocas de infantilización de la sociedad donde los humanos parecen ir por la vida, a su aire y totalmente aterrorizados, viendo los fogonazos de los relámpagos afuera de nuestras cavernas post industriales. En esta época donde lo único que puede salvar a muchos (as) es el acompañamiento de un bulto al lado, un pedazo de carne que no sea la propia, que respire y haga comentarios, cualquier tipo de bulla, y que nos sirva para apaciguar un poco los ruidos exteriores de ese mundo al revés y los ruidos interiores de nuestras ennegrecidas conciencias; un bulto que vaya con nosotros por las calles, con el puntillo justo de vampirimso, y que haga las veces de una mami y un papi sobreprotectores y que, quizás, nos exima de la responsabilidad de cuidar a los demás y, especialmente, cuidarnos a nosotros mismos. 

¿¿¿????  .

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