diciembre 31, 2018

Daniela Abad (REMASTERIZED)


Con motivo de el estreno de Smiling Lombana, El Segundo largometraje de Daniela Abad, el próximo 17 de enero, rescatamos esta entrevista hecha a la directora antioqueña, en junio de 2016, cuando no era tan mediática y cuando apenas florecía su éxito con el lanzamiento de CARTA A UNA SOMBRA. 

Luego de este aproach, Daniela inauguró el Festival de Cine Cartagena y empezó a aparecer en la prensa más destacada del país como Semana, Arcadia, La W, Caracol Televisión, entre otros. 

En Radio NEBLINA nos enorgullecemos de haber tenido el olfato periodístico para detectar que Abad iba a ser una de las puntas de lanza en lo que la escasa crítica de cine especializada se ha dignado en llamar La Nueva Ola del Cine Colombiano, - junto a otros nombres como Ciro Guerra, Laura Mora y Santiago Caicedo -. 

Hoy Daniela prepara su tercer largometraje y acaba de dirigir cuatro capítulos de la nueva serie de Netflix grabada en Colombia. 

Celebramos de una vez, entonces, el lanzamiento de Smiling Lombana (VER TRAILER AQUÍ) en la pantalla grande comercial y que se pueda hablar de una sangre nueva en el 7o arte de nuestro país.

Por ello nos permitimos remasterizar este material, podarlo y redistribuirlo antes de asignarle definitivamente un lugar exclusivo  en nuestros archivos. 

Smiling Lombana se estrenará este 17 de enero en carteleras.

Y RECUERDA QUE PUEDES DESCARGAR TODOS NUESTROS AUDIOS.


diciembre 29, 2018

LLAMANDO TELEFÓNICAMENTE A TODOS LOS AMIGOS MUERTOS

/HOY LA CASA DE MI INFANCIA YA NO EXISTE NI HACE FALTA/
/YO LA LLEVO BIEN ADENTRO EN MIS ENTRAÑAS/
/TODA LLENA DE COLORES Y DE DESAPARICIONES: MUY TEMPRANAS, MUY PROFUNDAS... MUY AMARGAS/
/NADA HA DESAPARECIDO: NI LA CASA CON DIEZ PINOS, NI MI AMOR, NI LA ZAMBA DE MI ESPERANZA. 
/ES QUE EL MUNDO ES MUY CRETINO, PERO PUEDE SER DIVINO, SI YO QUIERO PORQUE NADA EN ESTE MUNDO ME HACE FALTA/ ...

... /NADA MÁS QUE ALGUNOS TRUCOS: UN CONEJO, UNA GALERA, UN COLCHÓN, UN TOCADISCOS Y UNA MESA/... 



- REDACCIÓN NEBLINA - El primer campanazo de alerta lo dieron los irlandeses. Corría el año 2004, por ahí, y yo recorría las calles de Manhattan, NYC, en busca de un trabajo nuevo. 





Estaba acostumbrado. En la Universidad de Antioquia había aprendido dos cosas claves: que un periodista lo único que necesita es que lo lean sin importar el canal y que los periodistas siempre estamos buscando trabajo por muy bien ubicados que estemos. 

Así que allí estaba yo, entrando al Joshua Tree, un club-pub irlandés, ubicado sobre la Madison Avenue (¿Lexington?) con 50 y pico, o algo así. 



Era invierno. La ventisca pegaba helada contra el rostro. Tipo febrero. 20 grados farengheit.  Volutas de nieve en el huracán. El propietario, así como sacado de una película de Elia Kazaan y muy amable, celebró mi sombrero de lana andina muy sudamericano y me dijo que viniera a la noche siguiente a poner la música. Le dio órdenes a su hijo, el administrador, de que me mostrara el tornamesa y los equipos ´´para hacer sctratch´´ : ¨puedes conectar tu laptop a las máquinas¨. 

Al otro día me preparé para hacer mi segunda incursión como DJ (´´de los tiempos cuando todavía se decía Disyoki´´, Tatiana Correa dixit - guiño-). Ya en diciembre - el 31- había sido el dj oficial de un bar turco en Brooklyn y meses antes de un bar bogotano en Queens.

 Metí el portátil a mi JanSport, me puse las Timberland, me despedí de mi mujer en ese entonces, patié la nieve y me fui a dar lo mejor de mis conocimientos musicales.

La noche avanzaba y los esfuerzos se hacían cada vez menos fructíferos. El administrador pasaba de vez en cuando por la cabina de mando y me gritaba en un tono que yo decodificaba como cuasi manchesteriano: ´´FASTER!!! FASTER!!!´´.

Yo ya no sabía qué hacer. Las gringas pendejas y hermosas y muy borrachas se agolpaban en la cabina a decirme que querían fiesta. Me cansé de intentar con lo que sonaba en los primeros lugares de la Europa de entonces, The Killers, The Strokes,  y esas cosas, y entonces sucedió el milagro: me dio por darle PLAY a una canción que tenía traspapelada de Daddy Yankee. 





El lugar explotó en mil pedazos. La muchedumbre histérica se lanzó a la pista de baile. Yo mismo sentí una vibra inusual, algo que desde los primeros 90 no sentía, una fuerza inusitada que me empujaba al movimiento, una energía extraordinaria proveniente de los beats. Luego hice lo propio con Tego Calderón y con unas  bachatas refundidas. Me convertí en un éxito en la mejor lógica y al mejor estilo del DIM: salvando la situación en el último minuto del partido.  

Los irlandeses me pagaron, me pagaron muy bien y nunca más me volvieron a llamar. Nunca más quise volver a SER DJ, de nada. 

Afuera, mientras prendía un Cheterston y jugaba con el humo, pensé en varios amigos que se ganaban la vida de ese modo y hasta me acordé de las veces que yo lo había intentado en Colombia. Había olvidado lo difícil que era mantener una tensión de entretenimiento permanente durante toda una noche a partir de canciones. Una cosa es poner música en unas fiestas de amigos, borracho, donde todo te suena bien por los efectos del alcohol - y demás juguetes-, y otra muy distinta es hacerlo sobrio en eternas 8 horas, fragmentadas en pequeños desafíos constantes de 5 minutos, ó diez, a lo máximo.

Hoy debo reconocer que los irlandeses tenían razón. Nada suena tan viejo, anticuado y mamerto como el rock. Nada más down. Lo único que suena actual, un ritmo verdaderamente anclado en el presente, es el reguetón: esa mezcla extraña de Hip Hop, reagge y de la champeta de nuestro querido caribe latinoamericano. 

Hace años vengo teniendo esa vieja sensación de estar en el tiempo equivocado al insistir con músicas equivocadas en mi playlist. Aquella sensación del Joshua Tree, de aquella noche, me acompaña cada mañana que pongo música para mi ritual de ducha, vestimenta y calle. Entonces es cuando me acuerdo de que el reguetón y el rap existen y que hay un mundo musical que hace muchos años hizo refresh. 

Todo esto para decir que en este último post del 2018, quiero hacerle un homenaje a David Vanegas, esa especie de Kurt Cobain paisa que tuvo la deferencia de visitarme al Joshua Tree aquella noche y que, siendo un punk-grunge radical, se solló mi toque hasta altas horas de la madrugada. 

Hoy David está muerto. Una noche hace pocos años, decidió que quería ir hasta el final con la heroína y se durmió para siempre. 

Y todo esto lo conecto, porque ayer, una amiga especializada en hacer ciertas fiestas reguetoneras deliciosas, me contó de otro suicida, uno que había colaborado en ES DOMINGO YNTAN, otro que no aguantó más y se ahorcó. 

A ellos, a tantos amigos que no han aguantado más, quiero dedicarles este último post del año. A mi casero que hace 8 días también la palmó con un ataque al corazón, (esa otra forma de suicidio), y que me dejó por herencia un pato, un gallo, unas flores y las instrucciones de cómo cuidarlos, a mi padre que duró más de treinta años matándose con licor hasta que por fin lo logró, repito, les quiero dedicar este post. 

Este 31 de diciembre, cuando yo esté celebrando la llegada de un nuevo amanecer en casa de mi amiga, - la de las fiestas reguetoneras deliciosas -, diré como Charly García: amigos míos, este es el aguante... tra, la, ra, rá... este es el aguante y hasta yo lo ví, hace muchos, muchos años, pero también lo ví. 

Hay que estar alertas, amig@s. 

Estar alerta te hace desarrollar empatía y ser cuidadoso con los otros. Nunca sabrás cuando tienes a un suicida a tu lado, sin la más mínima sospecha de que lo es.  Estas fechas son las más peligrosas, las más vulnerables, las más emocionales. Que tus palabras y tu forma de tratarl@ no vayan a acelerar el proceso de una decisión que ya fue tomada. Incluso tomada desde antes de nacer, porque dicen los que saben que, quien se va a quitar la vida, trae la decisión incorporada desde siempre. Pensando en esto, me acuerdo que los suicidas mencionados en este post, lucían vulnerables, a la defensiva, con cierta hostilidad pasiva que pasaba un poco por descortés, pero que no era más que un distanciamiento natural hacia un entorno social que siempre resulta idiota. 

En cualquier contexto, en cualquier época, entrar en sociedad e interactuar con los otros significa interpretar un papel, Sheakspeare lo dijo: Ser o No Ser. Y ese papel, siempre va ser el papel del idiota, porque relacionarse, entrar en contacto con la otredad grupal, significa eso: hacer el tonto. 

Nunca, donde hayan más de dos personas juntas, va a haber algo de sensatez, a menos que se junten en nombre del Señor. 

Unas veces más, otra veces menos; ¨el mundo es un cuento narrado por un imbécil, lleno de sonido y de furia, que nada significa¨. 

Creo que los suicidas se pillan en primera instancia esa farsa, la fantochada de lo que significa vivir, esa cosa que las almas femeninas, - que son tan grupales -, disfrutan tanto, el teatro del horror, simulacros demasiado reales, pero que te hacen sentir protegid@ en cualquier caso. La institución familiar que llaman, y que hoy adopta tantas formas.

Bien, los suicidas en mayor o menor grado se niegan a esa ficción. Los que no somos suicidas nos toca por obligación jugar la pantomima, para poder seguir en este mundo. Es lo que los psicólogos y psiquiatras llamarían, normalidad, ser sociables, ser funcionales en esta máquina de la cotidianidad, ser una pieza de rompecabezas perfectamente adecuada.    

Ahora, cuando el pato chapoteando en el agua de su estanque improvisado, y su cuac-cuac-cuac, son mi única música  mañanera, pienso en David, en el ex novio de Luisa que nos hizo una voz en off para ES DOMINGO YNTAN, en esta película de Gus Van Sant llamada LAST DAYS y en aquella otra de Fuguet, llamada INVIERNO. Eso. 


Y feliz año. Gracias por leer.    
- RADIO NEBLINA 2018 -

diciembre 17, 2018

Juan Semilla en GENTE QUE AMA SU TRABAJO

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Juan Semilla es un personaje clásico ya de Santa Elena. 

Músico consagrado, guerrero de los timbales y percusionista excelso, que cuenta con la rara habilidad de ganarse la vida con el arte. Lo cual en cualquier parte del mundo es un milagro, pues lo más natural es que el ser humano trabaje para sostener al arte y no el arte al humano. 


Juan Semilla es uno de los gestores culturales más importantes del oriente antioqueño y su paso por legendarios grupos como LA QUINTA FUERZA y MALANGA, puro son de la montaña, así lo confirman.


 Juancho nunca se queda quieto, ¨hasta tocar en los buses me ha tocado¨, dice. 


En este podcast de la serie CLÁSICOS NEBLINA lo retrotraemos para GENTE QUE AMA SU TRABAJO como un ejemplo de que, quien quiere, puede.




diciembre 14, 2018

NAVIDAD: VAMOS RUMBO A LA LUZ

Hoy en día, la mayoría anda tan desesperada que cualquier charlatán viene con un par de pamplinas sanatorias y no tarda en enriquecerse con la desolación de las personas. - Es tan fácil ser espiritual en medio de la abundancia -.

En Colombia especialmente, por el efecto posconflicto, la guerra nos dejó tan mal parados que el caldo de cultivo para avivatos, chamanes y oportunistas peseteros, anda más que servido y corremos con el riesgo, inminente, de caer en manos de fantoches como el doctor Wayne de la siguiente película posteada, EN BUSCA DE TU PROPÓSITO.  

Para no ir muy lejos, tenemos la proliferación de PROGRAMAS de coaching y nuevas eras que se han tomado los medios de comunicación colombianos. Padres Lineros revestidos en las más diversas formas.

Diría mi padre que cualquier tipo de ayuda espiritual, que busques, ES PERFECTAMENTE VÁLIDA  con tal de que trates de buscar a Dios. 

Pero la verdad es que, a estos personajes, yo cada vez les entiendo menos. Parece que enredar el discurso les produce más dividendos económicos (para darle la vuelta al tema, cristianismo, catolicismo y nueva era por igual decidieron que el consumismo y la acumulación de capital eran perfectamente válidos en el camino hacia La Luz) . 

Y, como el capitalismo lo aguanta todo y los cada vez más crecientes pseudo intelectuales andan tan ávidos de posiciones anticlericales, la fórmula resulta todo un hit de temporada. Yo no me imagino a mi Jesucristo personal, - de alpargatas, honguizo, asceta, harapiento y moderado-, caminando por los centros comerciales LUEGO DE HABER PASADO 40 DÍAS Y 40 NOCHES EN EL DESIERTO, calvo, perfumado, con zapatos de marca y con un par de shopping-bags en la mano. Ni siquiera lo veo en el Hueco de Medellín comprando aguinaldos a precios rebajados, como cuando los diciembres paisas todavía eran boyantes. 

  En los 70 la autoayuda era tan simple. Leías a Og Mandino y con eso bastaba para saber que en la vida sólo basta un poco de positivismo para mantener tu corazón tranquilo que es, al final, lo único que importa. No tan ENVENENADO como los neuróticos consumistas de hoy en día. 

Punto. Haz el bien y no mires a quien. 

Pero parece que a la masa emergente no le basta con la simpleza. La gente necesita que le hablen enredado de cosas encriptadas y misteriosas. 

Hace pocos años, hice ES DOMINGO YNTAN para burlarme de ese tipo de discursos en su mayoría contradictorios e infantilizados como toda psiquis contemporánea. (Bueno, eran mis últimos rescoldos de sarcasmo: ya no soy tan inteligente). 

En el cortometraje hay una voz en off, femenina, que lanza estamentos de crecimiento budístico y dos líneas después los tira por el piso con otro estamento más absurdo todavía. Obviamente, esa sutileza irónica, y aquellas contradicciones dentro del corto, muy pocos se la pillaron. 

Por el contrario muchos celebraron una supuesta apología que yo le estaría haciendo a ese estilo de nueva-espiritualidad.   Tanto, que una soleada tarde en el extinto Festival de Cine de Jericó, me rodearon un grupo de bellas almas alternativas a felicitarme por aquella voz en off con tantas verdades de apuño. 

Lo dicho: hoy en día la complejidad incoherente vende. Y entre más vegetariana mejor. Son artilugios que se ha inventado el sistema, la maquinaria, para poder reinventarse. Hasta un rockero de 27 años suicidándose le sirve al capitalismo para producir en cantidades industriales camisetas y pocillos (¿mugs?). 

 Ahora lo que sigue son las mascotas y aquellas industrias de pienso y maricaditas que,  al final, perros y gatos no necesitan para nada.

Así estamos. Desesperadamente desolados mientras los charlatanes - tan tóxicos en lo doméstico como cualquier mortal - hacen su agosto y mientras sus cajas registradoras no paran de sonar. 

Los gringos ya pasaron por eso y parece que les ha funcionado muy bien. Yo mientras tanto he de seguir dándole play a la autoayuda: a ver si algún día le logro entender algo al Dr Wayne. 

¡Oh, cierto! Se me olvidaba que lo importante es no tratar de entender nada: simplemente dejarse llevar, fluir, dejar que el infinito tome el control. Vamos rumbo a la iluminación.  REDACCIÓN NEBLINA.

diciembre 12, 2018

Radio para escuchar a horas escogidas

Ya la radio es a todas horas. Ya la radio es mucho más que transmisión. Ya la radio es almacenamiento. Ya la radio es simplemente descargar tus podcasts favoritos a tu teléfono y escucharlos cuando quieras.

Ya la radio no sólo es sonido, ya la radio también se ve.

Hoy el celular es a la radio lo que una pelota al fútbol. Hoy la radio es para descargar y ya lo puedes hacer con varios de nuestros audios.

Estaremos subiendo diariamente todo lo que tenemos en nuestra nevera, hasta poner toda la carne en el asador, a su debido tiempo.


Radio para escuchar a horas escogidas.




diciembre 09, 2018

GENTE QUE AMA SU TRABAJO CON LINA PULGARÍN


 Homenaje al noble oficio de leer y de ayudar a leer, a través de Lina Pulgarín y todo lo que representa Comfenalco para Medellín. Más que una entrevista, este podcast se puede tomar como una instantánea en la historia de dicha institución.

diciembre 04, 2018

EL REINICIO DEL VERANO EN LA ERA DEL COLOR

Este cortometraje de Radio NEBLINA está cumpliendo 4 años y los celebramos con orgullo mostrando una versión original inédita, a colores, so pretexto de visibilizar este bello territorio llamado Santa Elena.

noviembre 24, 2018

NO ESTÁS LOCO, SI OYES VOCES EN TU CABEZA

REDACCIÓN NEBLINA - Dice Deleuze que el carácter omnipresente de la voz en off sugiere que ella sea la misma voz de Dios.  Aquí un homenaje a ese recurso de la forma más deliciosamente posible. Solo que es una voz-off esquizofrénica, la voz enfrentada que le habla al loco y no habla por el loco. Una voz de la conciencia más que una voz documental. La voz de Gazú regañando a Pedro Picapiedra. Nunca el delirio se había burlado tanto de sí mismo. Viajar en el tiempo como metáfora. La paranoia colectiva como gesto poético. 

Y para aquellos últimos románticos, que hemos sufrido algún tipo de romántico matoneo por haber celebrado en su momento la super romántica ´Nuestros Amantes´ y que de alguna manera pedíamos a gritos una segunda parte, para aquellos, pues, se nos has cumplido el milagrito y por partida triple, porque la misma Michelle Genner ha vuelto en su faceta más profesional, más idiomática que nunca, por la misma línea de la cinta referida, en el arte de hacer reír a los demás y no en otra pieza monolítica de 90 comerciales minutos sino en una serie más comercial todavía de varios capítulos. 

Fuera de ello, los diálogos son estupendos y el tono inmejorablemente calibrado.  ´En Tu Cabeza´ es poesía de la carcajada pura. Nunca paras de reírte. Te destornillas a destajo. Y sin embargo qué sofisticada es. No es el efectismo ramplón de Alex de la Iglesia. Es el comentario blanco de la auto burla lo que gatilla la risa. El plot es, tal vez, el más ingenioso de serie de ciencia ficción alguna desde que alguien anunció por la noticias de que se había comprobado científicamente de que todos nosotros no somos más que un video juego de simulación virtual y desde que la moral Blackmirror había cancelado el discurso ambiental como tema de primer orden en la agenda.

Hoy vuelve el llamado ecológico. Se posiciona como tema de responsabilidad cinematográfica de primer orden. ¿Quién hace denuncia del mundo actual pasando del humor al romance como deshojando margaritas? El cine ya no. 
Las series lo hacen. Y las series auspiciadas por la empresa privada más. Las series, como el reguetón, ganaron. Y las de amor nunca llegaron porque siempre han estado. Sobrevivirán al alegato político, sobrevivirán al realismo social. Déjenle el cine panfletario a los mexicas y a los argentinos y a los franceses y a los italianos, que lo están haciendo muy bien y cada tanto vuelven a infiltrar Hollywood con su corrección política. Nosotros los cursis nos quedamos en YouTube, en Netflix, viendo historias bobaliconas que se burlan de lo ridículo que es el amor.   

¿No es una serie? Bueno, al menos fue concebida como tal o derivó como tal.

noviembre 19, 2018

Martin Hannet por Joy Division

Más que una película sobre Joy Division o sobre Manchester, como dice su introducción misma, este documental es un homenaje a Martin Hannet, el productor que agarró sus almas y las llevó a otro nivel.

Aunque es mencionado sólo un par de veces durante todo el film, Hannett es la representación de lo que fue un sonido, cierto tipo de grito, cierto tipo de voz que decía: ¨somos la revolución industrial, somos la revolución digital, somos pasado y futuro¨. 

Nada.

Esa medio guevonadita.

Nada de maricaditas renacentistas ni fundaciones protestantes. Hablamos de cosas concretas, reales: revolución industrial y revolución digital. Punto. Las dos cosas que mejor simbolizó este personaje del que no se ha empezado a hablar, alguien que más que producir bandas de punk, las espiaba y vendía la información a las empresas fabricantes de juguetes para músicos locos. 

La sola mención de Martin dentro de la trama, es el gran punto de quiebre, el punto de giro que lo cambiaría todo en la historia para ´´una banda que no sabía nada´´, como él mismo los definió, ´´Podía hacer con ellos lo que quería, cualquier cosa´´. 



























noviembre 16, 2018

Piloto de GENTE QUE AMA SU TRABAJO.

 Muy pronto todos los capítulos. Segunda temporada 2019.

LOS NADIE: NOSTALGIA POR LAS CAVERNAS


´Nada más complicado que la simplicidad´ J. Cocteau




Siempre he celebrado aquí que haya un cine más como un estado de ánimo, como una sensación, un fresco de la vida en general.

Las películas con trama, y con estructuras predecibles, matan mucho esa visión del cine. Aunque, de todas maneras, triunfaron como triunfaron los fríos y artificiales teatros múltiplex y la lógica Netflix, el cine pensado como un producto y no como una experiencia casera de otrora: con materiales orgánicos y, especialmente, elaborada a mano.

A pesar de ser productos muy pensados y muy exitosos, los clásicos de antes te transmitían ese sentimiento: de que lo visto en la pantalla era algo orgánico y entrañable, algo muy cocinado y filmado y editado de manera artesanal.

Prevalecía la idea de consumismo, pero todavía era paradójicamente un consumismo espiritual. Debía ser por causa de los teatros de cine en el siglo pasado, que aquel enfoque ritualezco de la experiencia cinematográfica te llevaba a estados cuasi religiosos,  paroxísticos en algunos casos.

Hacías la fila para comprar las boletas en una acera, delante de los transeúntes con La Luz natural del día, y no al pie de un almacén de Adidas bajo La Luz artificial del neón. Comprabas las mismas crispetas de hoy, pero también podías comprarle al señor de la calle que pasaba ofreciendo sus bolsitas de maní. Era la misma experiencia de ir al cine, pero una experiencia más pegada a la tierra, había olor a lluvia y a sol. Había polvo, diesel de bus viejo, sudor, había caverna, fuego, smog, leña industrial crepitando, sombras del mundo exterior en la fachada del teatro (porque en aquel tiempo los teatros todavía tenían fachada. Y, ojo: tener fachada es algo mucho más sagrado y místico que simplemente tener un aviso).

Hoy el ritual del cine, como fenómeno colectivo, no huele a nada, - si es que se le puede llamar ´ritual´-. Hoy el ritual del cine se ha convertido en una experiencia demasiado individual para que pueda ser ´ritual´. Montas un teatro en casa con un plasma y una conexión a internet, porque ya la idea no es salir ´a ver gente´, como en los 80. Ya la idea es ver el cine en casa, precisamente para evitar-ver-gente.

Ya el cine consiste en ponerte unos audífonos y darle play a un teléfono inteligente y aislarte del mundo, en vez de conectarte con el mundo. Llegas a casa, cansado de trabajar y prendes el computador para conectarte a internet y no sentir que tu casa se sienta tan sola, lo cual produce el efecto contrario: es una casa doblemente sola. Ni tu excelente familia ni tu maravillosa pareja, ni tu perro, logran que ese Facebook, ese Twitter, no te hagan sentir tan solo como cuando pones una película directamente desde internet - mejor es darle stop a la película y ponerte a jugar con los gatos- .

´No me imagino a Don Luis Buñuel yendo a un pitch´, leímos hace poco  en Twitter. Y es verdad. Hoy el tema de los pitch, - esa gran aberración contemporánea de espectáculo televisivo, y farandulero, cual reality-, completa la patética foto de la realización cinematográfica para dejarnos un cine enlatado, un cine de paquete y de fábrica de salchichas porque la exigencia institucional, a los cineastas, es que siempre la tengan dizque ´clara´ con la trama de sus películas. O sea: la bendita estructura que tantos viáticos justifica en el chequecito de los contratistas de Proimágenes y Mincultura.

¿Cómo explicar en un pitch que tu película no ha de ser un relato, ni una crónica ni siquiera un cuento? ¿Cómo explicar en un pitch que tu película no pretende - Dios nos libre - albergar arcos dramáticos, ni golpes de efecto, ni héroes con aventura?

Hay que aplaudir, no obstante, que ante jurados más solidificados del primer mundo ahora se le solicite a los realizadores un teaser de su propuesta. Me quedé de boca abierta cuando en el pasado MIFF, los jurados se dedicaban a reparar en aspectos que nada tenían que ver con las estructuras de los relatos. Nunca preguntaron por la historia. Preguntaban por géneros, por atmósferas, por puntos de vista, por looks, por escuelas cinematográficas, por las influencias de quienes estábamos allí porque queríamos hacer una película.   Aquellos jurados, al margen del relato CÓMO SE CUENTA UN CUENTO, de San Antonio de los baños, se dedicaron a ver otras intenciones en las propuestas preparadas para dichos pitch. Las observaciones de aquellos jurados hablaban de diseño de producción, de tonos, sus preguntas tenían que ver más de cómo se quería ver la propuesta y, sobretodo, de cuánta plata se necesitaba para que la película se viera como el director la quería ver.

Porque, al fin de cuentas, ¿qué es el cine?

El cine son historias, es cierto. Pero el cine también han sido fotogramas, imágenes, un montón ideas primordiales ubicadas en un espacio bidimensional. Al final, lo que los grandes maestros han logrado es que un montón de fotografías conformen una idea general, cierta resonancia que pueda resumirse en una sola imagen, un millón de fotos que a la postre terminan siendo una sola foto. Como los sueños. No es sino ponerte a recordar un sueño de la noche anterior, para solamente obtener su ADN, una imagen general, si acaso, tal vez un diálogo o una palabra, que te va a sintetizar muy someramente qué fue lo que soñaste anoche, como en las películas de Fellini o de Tarkovski.

Todo esto para decir que el gran valor de Los Nadie tiene que ver con esta ilusión orgánica de lo hecho en casa. El flavor, ese color local de simples sombras negras en la pared blanca, proyectadas por un fuego y no tanto por la luces exteriores del neón.

Incomoda el final de la película y, apenas capto, esa cuasi frivolización, naturalización y reduccionismo de un problema tan serio y tan doloroso como las fronteras invisibles en los barrios de Medellín, con altas y preocupantes resonancias en el resto del edén. Esos pelaos de las esquinas son una bomba social cuyo reloj de explosión va en conteo regresivo.
Esos pelaos de las esquinas no tusan sino que matan y no están tampoco necesariamente en las esquinas: están sentados a la mesa de nuestras propias casas paisas, con nosotros mismos, esperando a que des el primer sorbo de café hirviendo, para empujártelo por toda la cara.  Si pudieran, si lo tuvieran a la mano, te desfigurarían la cara con ácido de batería. A ti, ó a tus hijos. Porque en Colombia hay mucha rabia suelta todavía. 

Diario de un turista - Cualquier noche de noviembre



              ¨Donde no puedas amar, 
                No te demores¨ 
          FRIDA KAHLO



Un libro entre mis manos. Otra noche de invierno en Santa Elena. Lupe y yo bajo las cobijas. Una vieja toda enamorada jodiendo en el chat. Otra en la línea telefónica. Y yo que hoy ando con la misoginia más alborotada que nunca. Ayer había tenido que bloquear a otra más, que está buena y todo, pero medio mamona, intensa. 

Lástima, ahí se me dilapidó ese polvito.  

¿Qué le pasa a las viejas, a los maricas encubiertos y a los no encubiertos, a los declarados, a la gente en general?, todo el mundo se enloqueció y nadie puede ver a un bobo tranquilo, porque de una quieren venir a beber de esta tranquilidad. Bastante que cuesta en estos tiempos. Harto. Pero algo de sosiego he logrado traer de vuelta a mi vida y lleva más tiempo conmigo de lo esperado. 

¿Quién tiene algo de tranquilidad hoy en día? 

Creo que muy pocos. 

Pero la tranquilidad cuando te llega cual regalo divino, debe ser como la nueva mafia colombiana: debe ser discreta, no dar boleta para no llamar la atención. Que la riqueza no se note. No vaya la policía-de-lo-intranquilo a caerte a la casa y allanarla.

Y sin embargo, así, algo se trasluce. La gente es como los perros con el miedo, y como los alumnos con el profesor novato. La gente huele tu tranquilidad, la detectan y harán lo imposible por arruinártela. Por eso celebro esta edad. Porque sí has tenido buena carretera y buen kilometraje, y buen rock and Roll, habrás aprendido a ser selectivo. A hacerte cerca de la gente adecuada o por lo menos a la que más encaje contigo, a escoger perfectamente a tus amigos, a la gente con la que te vas a tomar una cerveza, aunque siempre vas a correr con el riesgo de que pase alguien indeseable cerca de tu mesa, tal vez determinados especímenes de tu pasado remoto u otros similares de tu pasado cercano y que tal vez se crean con el derecho de arrimar una silla y sentarse. 

En Medellín me encuentro todo el tiempo con ese tipo de gente y nunca entiendo por qué no, simplemente, saludan y siguen de largo. Por qué no han podido superarte como vos los has superado a ellos. Por qué se detienen a conversar y, sobre todo, por qué se detienen a opinar. Yo nunca hago eso. Yo sólo saludo y, si insisten en detenerse a intercambiar palabras, hago tal vez un par de preguntas cordiales, pero nunca opino. Luego trato de seguir de largo. 

¿Qué puede haber para opinar entre gente casi desconocida?  

De la pocas cosas que he aprendido es que vos NO extrañás a la gente ni a los lugares. Uno extraña es a ciertas épocas, a un tiempo que ya se fue (Marcel Proust dixit), y que aquel viejo amigo o conocido que te encuentras por la calle, ya es otra persona distinta a la que conociste, tal vez un extraño al que hay que respetarle su recorrido como quien respeta al prójimo en la misa. 

Pero la gente se empeña en retrotraer al personaje que fuiste. ¿Es un precio acaso por cierto tipo de familla de mundillo local? 

Te necesitan desesperadamente a como eras.   

Y, como todavía no te pueden amar (porque no han aprendido a amar), entonces te joden.

De repente caigo en que no debería escribir tan largo en este diario. Sólo capsulitas, así como para no perder el hábito.  Plasmar como fotografías, instantáneas, fotogramas de vida, frescos de la cotidianidad mientras avanzo con la película. Extraño esos días en que escribía corto y conciso, sin tanta histeria. Y también que debería volver a escribir siempre en presente, mi tiempo narrativo favorito. El presente - como dice Deleuze - que sucede en el cine: donde todo pasa en presente. 

Y entonces de repente, me acuerdo que me encontré hace poco a Oscar Mario Estrada que es una persona deliciosamente taciturna y distante cuando no se está quitando la ropa borracho, en medio de un parque, o durmiendo la rasca en horarios laborales encima de la mesa de una tienda cualquiera y, también, me acuerdo de la putería que le dio cuando le comenté que tengo una lista de varios directores invitados para la película y más putería le dio todavía cuando le dije que uno de ellos era Javier Mejía y que ya había ciertas incipientes aproximaciones al respecto, ante lo cual me dice, trinando: ¨No deberías hacer eso porque todo buen director debe tener la película completa en la cabeza¨. 

Una lástima. Pobre Oscar. Un buen tipo en el fondo. 

Pero esa tarde era otra tarde en que también estaba borracho. Otro genio en Medellín que se arrancó una oreja sin la más mínima, ni remota posibilidad, de convertirse en Vincent Van Gogh. 

No quise contarle, tampoco, que lo había metido tentativamente en los créditos de directores invitados del primer corte de la película. 

Obviamente en su estado, si lo meto o no lo meto, siempre le va a importar un comino. 

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