diciembre 02, 2017

Pasión de Semana Mayor, pero en diciembre


Me decía, hace poco, la fantástica Paula Bedoya - actriz formidable de la escena local paisa, hoy con la puesta en escena de El Principito en el Pequeño Teatro -, que siguiera, que no fuera a tirar la toalla.

Se refería a mi participación en un laboratorio del cuerpo el cual se animaron a montar este 2017 unas bellas muchachas del lado occidental de la ciudad y al cual fui invitado privilegiadamente, como único espécimen macho del grupo.

Paula me dijo aquello, después de yo haberle contado sobre mis pánicos escénicos y mi dificultad para poner en marcha artísticamente el sistema motriz propio.

- Si usted quiere dirigir una película algún día por lo grande, tiene que hacer que el fenómeno de la actuación pase primero por su cuerpo. Ojalá todos los directores hicieran lo mismo antes de dignarse a tratar con actores... Entonces siga, no se salga.

Y lo que pasó, es que la experiencia fue tan movilizadora en el lab, que llegué a ese punto de confrontación tal: renunciar o renunciar.

Cada martes, durante casi todo este 2017, volvía a casa derrotado, cascado, vapuleado por las sesiones del Laboratorio.

La cosa era sutil porque aparentemente nos divertíamos, intercambiábamos historias, lecturas, saberes, risas y fricciones. Sin embargo, siempre sentía en los martes algo sangrante.

Putiado, cruzaba el Río Medellín de vuelta al centro.

 Una espinita del cuerpo actoral, - que me imagino que debe ser algo así como el cuerpo astral - , me jodía en algún lado del ego antes de acostarme.

Paula tenía muchísima razón: a los actores hay que aprender a respetarlos. Eso no me lo dijo ella, pero eso fue lo que inferí de esa frase suya: ´... que la actuación pase por tu cuerpo´.

Sin el Laboratorio del Cuerpo 2017, dirigido por la excelentísima Beatriz Marín, yo nunca hubiera dimensionado lo que es realmente actuar o al menos mover el cuerpo de una manera creativa. Lo difícil y complicado y doloroso e infernal que puede llegar a ser. Algo así como escribir. Como testigo casual, hoy no soy de los que crea que un actor se haga, como no creo que un escritor aprenda de talento, el talento viene de fábrica.

Igual, un actor nace y punto. Ahora bien, otro tema distinto es que escribir y actuar nos sirvan a todos como terapia. Claro que nos sirve. Pero de ahí a hacerlo profesionalmente y con pasión, hay un largo trecho.

Al final, duré como 4 semanas más en lab, luego de aquella conversación con Bedoya.

Desde marzo hasta noviembre, fueron 9 deliciosos meses que nunca olvidaré. Un periodo de gestación del que no puedo decir que haya desarrollado ningún talento especial, pero del que pude lograr un poco de distensión corporal y memoria motriz y mucho de humildad al mismo tiempo. También el entendimiento de que el proceso creativo siempre es un concepto para invocar en presente. Nunca el proceso creativo ha de llegar a ninguna parte, a ningún futuro. ´El proceso creativo no tiene por qué derivar en ningún producto´... (SIC. -  Marín, mayo de 2017 -).

El proceso creativo podrá tener un comienzo, pero nunca un final. Lo creativo es, y ya está. Como Dios, lo creativo es. En presente siempre.

Claro que todos los directores deberían actuar antes de atreverse a dirigir. (Por allá en julio, influenciado por mi entusiasmo de aprendiz,  le pregunté a Carlos C. Arbelaez con qué método había dirigido a sus actores y evadió la pregunta con su sarcasmo caractéristico. - En efecto, sarcasmo: leiste bien, estimado lector - ).

Por mi parte, si algún día vuelvo a tener la oportunidad de dirigir a un actor ó a una actriz, no l@s he de volver a tratar como a terrícolas cualquiera, tal como lo hacía en los 90.

Desde este año en adelante, los actores, (y especialmente las actrices), para mí serán dios@s inmortales, que viven por fuera de este mundo.

Gracias, 2017, por tanto. El año se me fue volando.


MI SOMBRA, para el Laboratorio del Cuerpo from William Zapata M. on Vimeo.