agosto 30, 2017

Quien sabe, nunca enseña

Ay, las mujeres. Al fin y al cabo, seres humanos.

Ay, los libros: al fin y al cabo, escritos por humanos.

Adonde quiera que los haya. 

Esta película que parece tratar el tema del poder y del amor, al interior de un grupo de mujeres, en realidad habla del papel de la educación y sus secuelas nefastas.

En realidad enseña el que menos se cree y, quien cree enseñar, siempre enseña mal. Por ejemplo, Yisus: nunca cogió una tiza, pero sus promotores no bien esperaron que lo crucificarán para ponerse a dar cátedra. 

Acá la historia de una mujer a la que los libros le han hecho mucho daño.  Una especie de Quijote, pero a lo mal. Toda la vida se ha pasado creyéndose el cuento de que la realidad es como se lan han pintado sus libros y la educación calvinista recibida en un claustro de una isla perdida a las afueras de Inglaterra. 

He ahí el meollo del asunto. La isla, el retiro.   El problema es aislarse, creerse que al conocimiento hay que meterlo en una burbuja de cristal y volverlo sagrado.

Lo que en principio puede tomarse como elitismo y selectividad, no termina siendo sino zona de confort. O sea: miedo.  Miedo a los otros y entre más distintos, más diversos, peor. Qué horror. Miedo a esa mundaneidad que tanto bombo suele recibir de parte de los intelectuales y tanto palo de parte de los espirituales.

Pero el mundo está ahí, mostrándonos la mejor biblioteca de todas. O sea: el otro.

Y nada mejor que el mundo nos lo muestre la otredad, sin palabras, cero elaboración lingüística, así sea con un desenlace fatal. 

En Cracks, sus protagonistas terminan yéndose en busca de ese mundo que le han vendido los libros, pero sin darse cuenta de que el verdadero mundo, el más real, ya lo llevan ellas por dentro.



Los libros son muy chéveres, nos ayudan a decorar la vida, pero en algunos casos, y en ciertas manos, los libros y la educación, pueden, suelen, hacer mucho daño. No es gratuito que en las universidades puedas encontrar las mejores y las peores almas de la sociedad.