julio 05, 2017

El cine pasa y las almas quedan

Nos acabamos de encontrar con Carlos César Arbeláez, de pura casualidad, como suele suceder. Ahora fue en un ambiente más relajado, lejos de la euforia de Los Colores de la Montaña.

Por fin nos pudimos volver a tomar una cerveza con el amigo y no con el director de cine, algo que siempre evité. Creo que Carlos César ahora ya pudo entender que una cosa son los amigos del cine y otros muy distintos son los amigos de la vida.

Yo por fortuna, me considero de los segundos. No soy del cine, aunque quiero serlo. Nunca, pues, fui una autoridad para CC y Arbelaez sólo tiene amigos en el cine que sean una autoridad.

Es cómodo estar en esta posición, porque después del arte siempre va a quedar la realidad y entonces ya podremos hablar con el amigo abajo del pedestal.

Así lo hicimos hoy. Tinto, par de cervezas y todo sigue normal, porque el cine pasa y las almas quedan.

Mañana, jueves 6 de julio,  iremos con todo el amor del mundo a ver su segundo largometraje, en el teatro Lido.

Nunca habrá suficiente tarde para desatrasarnos con los amigos que hace muchos años no vemos. Algo se supo, anyway. Entre decenas de datos, el que más me llamó la atención es que el cine en Colombia si te puede salvar la economía, no te has de volver multi millonario, pero sí te podés asegurar una subsistencia a largo plazo. Se puede, como dice el político. Datazo. Sin necesidad de lagartear, sin necesidad de amplificar la voz de otros, sin necesidad de ponerse a dar clases de audiovisuales, (algo pa lo que no estudiamos, o sea: no estudiamos pa ser profesores, eso está claro, estudiamos pa cazar noticias, no una licenciatura en Pedagogía y Carlos ahora lo tiene más claro que nunca. Estudiamos periodismo).

Al final, en la vida de uno, sólo caen las amistades que están flojas. A veces nos llenamos de espejismos y reemplazamos las personas con otras personas, que nos parecen más convenientes. Pero hay personas que quedan en la vida de otras.  Las amistades sobreviven si son amistades verdaderas, como en un eterno presente simultáneo como en el cine: un fotograma enfrente sucediendo a otro fotograma.

Tal como en la la última escena de la película ´Y Tu Mamá También´, Carlos y yo hablamos de ella. Se tocó el tema y, como en los finales del hiperrealismo más puro, nos hemos de volver a encontrar, casual o no casualmente, en medio de marasmos de cotidianidad, en cualquier calle de Medellín.

Hoy agarramos cada uno por nuestros lados, nos dejamos ir por las calles y nos despedimos como nos despedíamos en los 90: ´Mañana, hablamos´. 


 



ESO QUE LLAMAN AMOR
Teatro Lido 
Miércoles 5 de julio
6: 30 pm


julio 04, 2017

Naúfragos urbanos a una edad correcta

Más allá de un película para jovencitos, Palo Alto es ese tipo de películas que se hacen para mostrar un sector, para tratar de captar el estado de ánimo de una periferia si se quiere. Películas que te llevan a dar un paseo por el barrio de turno.

Así como Suburbia de Linklater , Palo Alto usa a jovencitos como sus protagonistas, porque son ellos  los verdaderos habitantes, son los que se patean las calles, viven vagando todo el día y de modo calljero a morir. En la adultez vos dejás de ser un habitante y si tenés carro, ólvidalo, no eres nadie, eres un animalito en una jaula. 

Nadie que viva montado en un carro puede habitar una ciudad. Una ciudad se habita caminando. Punto. 

Ser joven significa saltar a la calle, romperse los jeanes de tanto estar sentado en una acera, medirle la temperatura a una ciudad, a un pedazo representativo de ella.

 Palo Alto capta esto y mucho más, capta las sensaciones de tal vez la mejor época de la vida, para quienes tuvimos la oportunidad de ser unos naúfragos urbanos en la edad correcta.