diciembre 03, 2016

Las personas que saben escuchar, follan más

Esta es una típica película de personajes como una noche veraniega podría ser típicamente californiana (bueno, lo que técnicamente se llama en inglés developing character: o sea, un personaje que se desarrolla, adecuadamente, crece y terminamos sabiendo casi todo de él (ella) .

El ataque es silencioso. La trama va creciendo subterfugiamente, bajo del manto oceánico de la alfombra.

De repente, nos vemos arrojados al encanto de ella, de él y los demás.

Ella, la más encantadora con sus dilemas protagónicos de una relación que la eclipsa (quién no ha tenido una novia que se monta en relaciones de competencia hasta dinamitar, si es posible, toda la relación). Él, un sol social. Nada personal. Naturaleza humana, tradición cultural. El hombre es el que brilla simpáticamente, ella la que aplaude empáticamente.

Si somos atentos, nos iremos involucrando con el drama antes mencionado. Swanberg nos va soltando datos sutiles sobre estos personajes hasta el punto de la identificación.

La historia parece anodina y lo es, pero a quién le importa. Hay un conflicto, ella quiere echar a su novio. Es su máxima aspiración en la vida. Todo el guión se reduce a ello.

Nosotros participamos de ese deseo: ¿qué hace una mujer tan bonita con un imbécil como ése? (quienes tenemos varias amigas bonitas, y somos sus confidentes, todos los días entramos a ese terreno: cuántas veces nos vemos aconsejándoles, ´échalo, échalo, él no te merece´.

Pues bien pasa igual con esta rubia. Sólo que en este caso no bien han pasado 20 minutos y ya nos hemos enamorado, como todos los demás hombres que la rodean. Nuestro consejo no es objetivo, está viciado).

Además, ¿qué mujer no está metida en una relación donde solamente es su novio el que habla? Las historias de ella no importan... Bueno... los buenos somos menos: ciertos hombres también sufrimos de esas enfermedades metropolitanas. A veces, es ella la que habla, la que brilla, la que hace sólo sus historias valgan o se oigan. Muchos, con harto esfuerzo, hemos aprendido que las personas que saben escuchar son las que follan más. Si quieres tener sexo, aprende a cerrar el pico.

Pero, bueno, no sólo de sexo vive el hombre. No nos montamos en una relación para ser el psicoanalista del otro. Si necesitas terapia, búscate un terapeuta, no una novia (o). Sin embargo, suele suceder que la cortesía es confundida con la tontería. Entonces, esta rubia que es cortés, que es toda una dama por dentro y por fuera del matrimonio, una mujer educada, que le gusta respetar a sus interlocutores escuchándolos y entregándoles la palabra, - una reina de la cortesía, vaya -  es tomada por su novio como un diván de psicólogo. Ella se siente un mueble en esta relación, a la que él de vez en cuando le quita una mota de algodón o le pasa una mano por encima mientras su culo se arrellana más.

Un amigo solía decir en el barrio Carlos E. Restrepo de Medellín cada vez que se emborrachaba: ´las mujeres son para quererlas y nada más´. Total, no creo que muchos hoy en día estén dispuestos a pagar el precio que significa esa frase. Concordemos, con esta película, en decir que nadie es capaz de enamorarse lo suficiente como para ser el (la) psicólogo (a) del otro, aunque estoy seguro, estimado lector, que usted conoce algunos casos, especialmente hoy en día, en que los niveles de histeria, entendida como la incapacidad de expresarse, andan disparados y convertidos en pandemia.

Entonces, como dice Diana Uribe: desde los confines del conflicto, no quiero avanzar más para no convertirme en un spoiler y se trata de que este blog sea más de recomendaciones que de análisis.

Además, qué importa la historia, aquí la única que importa es ella.