diciembre 31, 2016

La inmanencia de lo trivial, Ciudad inmóvil, de Aaron Katz

El cine que me gusta, desde hace muchos años, es ese cine que no parezca cine. Que se preocupe por la eliminación del artificio en su máxima expresión. Se sabe que la mayoría de la gente va a cine porque adora ese artificio, le encanta que le muestren un espectáculo de pirotecnia ficcional. Qué la musiquita, que las actuaciones, que los paisajes, que el freeze frame, que la cámara lenta, que este otro golpe de efecto allá y, bueno, todo eso que es el cine en general.

 Pero hay otro tipo de cine naturalista que ni siquiera respeta al documento. Es un cine que desdibuja todo tipo de puesta en escena o montaje. El documento no le interesa, el hecho de tratar de dejar una huella o un testimonio ya es de por sí un amaneramiento anti natural y artificioso, agentes de la cultura humana para impresionar y que se expresa en un género tan sobrevalorado por los intelectuales como el documental. Sin embargo, el hiper naturalismo es todo lo contrario. Es dejar que la vida fluya, con la menor intervención política posible, la idea es no ejercer poder sobre el mundo, sobre nada. No manipular, dejar que la obra de Dios simplemente sea. (Todo arte narrativo es profundamente político, hasta el más tonto, hasta el más comercial).


 Tampoco se trata de parecerse a la vida. Se trata de otra inmanencia de lo trivial. De lo poético que no es poesía, de los retazos de film que cualquier productora medianamente decente tiraría a la basura. Ese pedazo de lenguaje que hace parte del paisaje y por tanto se invisibiliza por lo apropiado. ¿Qué puede haber de documental en una bella actriz haciendo de interlocutora en una relación de pareja? ¿Es el conversar, sobre todo y sobre nada, un buen guión que vaya a buen puerto? Quizás no. Pero cualquier tipo de gesto humano captado por una cámara es cinematográfico. Aaron Katz, como Swanberg (actuación incidental acá) y como el resto de la tropa, son herederos de eso que Cassavettes llamaba construir sobre la línea. Hay un eje rector en sus producciones que es indestronable, ningún actor podría atentar contra la solidez de la línea. Sin embargo, qué libertad se tiene sobre ella. 

 Pa finalizar, quien hay vivido en NY y no haya tenido una novia como la de esta película y quien no haya tenido este tipo de diálogos por esas calles, en realidad nunca vivió en Nueva York.  Acaso la sobrevivió.