julio 23, 2013

Capítulos que me veo como quien se tasa un manjar, pa´ que no se acaben tan rápido

Lo bonito del cine, es que te dispara cosas en la cabeza que el guionista nunca pensó en plasmar. El escritor escribe una pieza sobre colibríes en blanco y negro y el espectador termina pensando en piscinas. Así de loquillo es lo plástico del cerebro.

Mientras veía el capítulo semanalmente obligado de Susana y Elvira, pensaba lo eterno que puede ser un fin de semana, todo lo que le puede cambiar la vida a una persona en un viernes amanecer domingo, lo tanto que nos cambia a todos y por qué nos olvidamos de sensibilizarnos ante lo interesante que puede ser todo.

Pero lo interesante de los fines de semana, es que son eso: fines, finales. Hay tantas cosas que se definen en un fin de semana y no nos damos cuenta.

Pero lo verdaderamente tenaz, es ese aspecto de los fines de semana, sobre todo cuando se está enguayabado. 

En ningún caso he de envidiar a los enguayabados. Hace muchos años que mis fines de semana son tranquilos, con la sangre limpia y muchos soles tempraneros, aromas a café, sonidos de pájaros, ardillas corriendo por las ramas: solo de vez en cuando algún tufillo a vino chileno y un leve ardor en las sienes. 

A lo que voy, es que el trago acentuaba mucho el rumor sordo de un fin de semana, esa atmósfera soporífera de que todo se ha detenido dentro de una casa. Y cuando la habías cagado, olvidáte, te querías morir. 

Pero cuando habías hecho uno, o dos, goles, el fin de semana sabía a dulce eternidad.

En los fines de semana cambia tanto una casa. A veces pueden ser días de promesas y a veces de adioses. Y ahí es donde quería llegar, porque todo tiende a acabarse, todo se acaba y si es en un fin de semana resulta siempre mucho más cinematográfico, al modo de las cintas con finales bonitos. 

Qué bonitos y qué tristes y qué nostálgicos son los fines de semana cuando una linda historia donde se amó, llega a su fin. Pero qué lindos son los fines de semana cuando los domingos a la noche vuelve esa preciada cotidianidad...