julio 14, 2013

Cama Adentro, imágenes por el solo placer de narrar


Cada vez respeto más las películas que prescinden de la música incidental. Si te pones a ver, la música es tan invasiva en el cine. La música es tan enfatizante, tan impositiva. La música es como contar en imperativo. 


Debe ser porque vengo de editar una pieza donde la música y una voz en off lo eran todo. La película no era nada sin la banda sonora. Tal vez fue esta última experiencia la que desbordó mi vaso. 


Bueno, ya desde antes venía haciendo esta reflexión. Ya desde unos años para acá, lo único que busco para ver, a nivel cine, son cintas que no usen música incidental, que usen el montaje por el solo placer de narrar .... ( de hecho, sería un acto de elegancia y glamour que todas las películas se tiraran el detalle de poner un letrero en el poster de cada película, o en la claqueta, algo que diga algo así como: NO LLEVA MÚSICA POR EDICIÓN) .... y, ésta que posteo a continuación, es una de esas películas que narran y punto.


 Con un ritmo trepidante, no en el sentido de la duración de los planos, (sino en el sentido de la acción contenida), esta es una historia que te deja clavado a su trama desde la primera secuencia. 


Por eso te aconsejo que si debes ir al baño, lo hagas antes de sentarte a verla. Es una película donde el tiempo vuela y, aunque hoy la tecnología te permite pausar y reanudar después,  no querrás hacerlo. Siempre quieres más después de cada escena, de cada diálogo, de cada toma. Y cuando menos piensas, la película se ha acabado, parece que no han pasado ni diez minutos.


Y bueno, que más se puede decir. No es una película que te ha entretenido con una sarta de chorradas (en el cine es muy fácil disfrazar tu falta de historia con chorradas). Ahí viene la otra parte difícil. Hacer una obra jugada, que hable fuertecito, una película transformadora (estoy seguro que este tipo de pelis y, algún otro tipo de arte político en Argentina, son los artífices, entre otro factores, de que cierto tipo de izquierda auténtica lleve algo más de 10 años en el poder).


Te pones a ver el discurso de Cama Adentro - un adn de discurso que ya lo trae mucho cine argentino- y lo comparas con el pseudo discurso del cine colombiano y te dan ganas de llorar.  Más: lo comparas con el discurso de esa supuesta izquierda colombiana de escritorio, y te dan ganas pero es de tomarte un frasco de diazepanes.


Veámos pues una de esas películas donde el sonido ambiente lo es todo en términos de banda sonora. ¿No debería ser siempre así? Qué grande es el cine sin música incidental, no me canso de repetirlo.


 ¿No debería todo el cine auto censurarse la música de post producción? 


Yo me atrevo a vaticinar que en el futuro la música incidental de cualquier tipo va a ser una cosa de mal gusto en el cine o, en su defecto, como un asunto de retraso mental como mínimo y lluévanme tomates. 


Aplaudo las imágenes por el mero hecho de narrar.