julio 02, 2013

Bergman o el por qué se suicidan los suicidas, cuando nos preguntamos por qué es que se suicidan los suicidas.

Tocar a Bergman es un atentado criminal. Meterse con él es tomar el riesgo de no salir vivo del acto.

 Pero aquí estamos: repitiéndonos esas tramas de un autor que sí sabe qué hacer con los primeros planos y con sus sombras chinescas de blancos y negros profundos. 

Mi esposa me dice, ´es como misógino este Bergman´.

 Sí, puede ser. Muy a su modo, pero es válido el comentario. 

No sé. No me gustaría meterme en camisa de once varas analizando el trato que le da Bergman a las mujeres en su obra. 

Lo que sí puedo decir es que las usa como el pilar central de sus objetos de estudio. Las disecciona, les hace el tratamiento con sus vísceras emocionales y luego las raspa por fuera para sacarle las escamas, como a pescados que se dispone a fritar. 

Miedos, horrores, culpas, proyecciones psicológicas, transferencias, lapsus visuales, desfilan a lo largo de sus películas como en una caravana de los recuerdos. 

Cada línea en los diálogos de Bergman te manda a pararte de tu lugar e irte al baño para que te mires en el espejo y te confrontes, dentro de la más absoluta certeza del por qué se suicidan los suicidas, cuando nos preguntamos por qué es que se suicidan los suicidas.

Avanzan los minutos en este mar de instantáneas existencialistas y escuchas a tu mujer comentando de nuevo: ´Uno ve las películas de este man y se da cuenta que aquí en Colombia sí botan la platica del cine, dándosela a cualquiera´. 

De acuerdo. Válido el comentario, también. 

Imposible que entre 46 millones colombianos no hayan unos cuantos Bergan por ahí. Yo no soy uno de ellos. 

Pero uno se pregunta: ¿Por qué no los descubren? ¿Por qué no se dan a la tarea de buscarlos? ¿Por qué no hay una política de Estado que permita la detección temprana de los Bergman que debe haber en Colombia? 

Será pedir demasiado. No sé. Tal vez.

 Ya acabo de entrar en un interregno pseudo exquizoide tipo Bergman. Ya la sombra de la duda ha llegado a este blog. Ya la muerte hace su aparición siniestra en estas cuatro últimas líneas. Porque así es la vida. Incontrolable. Un juego totalmente atormentado de sentido, según Bergman.

Y qué bueno que sigan apareciendo cintas de Bergman en esa insoportable y terrorífica casa del espanto que son las sorpresas digitales.  Cintas que saltan del sombrero de un mago adolescente y su deep web.

Bien dice Woody Allen que las mejores películas son las de Bergman. Pues sí. Las más simples, las más hondas, las más lapidarias. Sobre todo ésas que te transportan a los 70, con sus tonos pastel y esa resaca post hippie que tanto nos dañó, pero que al mismo tiempo, a unos pocos alivió.