junio 14, 2013

Sofía y el Terco, una segunda invasión de las poses

Hace pocos días me encontré a Oscar Mario Estrada. Realizador. Siempre que bajo a Medellín me encuentro a gente así. Artistas rotos, destinos truncados. El centro de Medellín es eso. Un lugar lleno de pobres corazones. ¿Y qué ciudad no lo es? 

Hablamos, nos bebimos una cerveza. Oscar Mario es quizás una de nuestras promesas más incumplidas. Pero soy feliz, me dijo. Hablamos de cine, claro. De las películas On The Air. Sofía y el Terco fue una de ellas, por supuesto. Le parecía muy bien hecha, pero que no le había llegado. 

Antes había hablado con otra amiga de esa película. Una amiga que siempre me ha parecido de mentalidad inferior, aunque la quiero y ha llegado mucho más lejos que yo y ha leído más libros y ha visto más cine y ha recibido más educación y se ha ganado como 4 premios nacionales de danza, tema en el que se gana la vida y le va muy bien. 

Ella siendo muy exigente, me dijo que le había gustado Sofía y el Terco, que le había parecido ´tierna, bonita y sensible´, el cine que precisamente ella adoraba.

Mmmmhh, mal síntoma. Muy mal síntoma. Lo que me temía. 

Todo parecía indicar que la película de Burgos era como él, alguien a quien yo considero un tipo de mentalidad inferior también, pero alguien a quien le supieron comprar un disfraz de ingenio desde muy chico y que se lo han venido cuidando y renovando de tanto en tanto, una obra arquitectónica de ésas que tanto nos seducen a los antioqueños.

De alguna manera, por la misma razón mi amiga danzarina también me ha parecido de mentalidad inferior por eso, a la manera de la película en discusión, porque es una mujer muy hechiza, a la manera que nos moldean en los colegios jesuitas, un producto de la cultura de salón. Mi amiga es una civilizada de jaula, una mujer que en últimas le ha faltado calle. 

Un signo que también, a mi modo de ver, comparte con Burgos. Dos artistas de salón de té. Dos artistas que nunca salieron de sus unidades residenciales espirituales.

Bueno, Sofía y el Terco, ahora que la he visto, me ha confirmado la corazonada. 

Una película sin calle, sin alma. Impostada, como todo lo de Burgos, aunque la verdad sea dicha, una película necesaria para lo que necesitamos ver en Colombia y eso sí una película muy bien hecha.

Yo le haría a Sofía y el Terco la misma crítica que le hizo el Village Voice a Shakira, cuando lanzó Laundry Service en inglés y cuando empezaba a dar sus primeras entrevistas en un idioma diferente al suyo (debemos entender igual que la gran frustración, por ejemplo, de Andy Warhol siempre fue no poder ser idiomático, no poder acceder naturalmente al slang callejero. Situación que lo arrojó de rodillas a los pies de Baskiat, un pintor que técnica nunca tuvo, pero que como artista le sobró CALLE a borbotones).

El Voice diría sobre Shakira, palabras más, palabras menos: ´No conocemos la obra de Shakira y no queremos imaginárnosla en el futuro. Pero si sus siguientes piezas van a tener el mismo vacío de jerga y modismos que manifiesta tanto en sus entrevistas como en su Laundry Service, olvídalo. Podremos anunciar con tranquilidad que este puede ser el verdadero nacimiento de la comida chatarra latinoamericana y que debemos prepararnos para una segunda invasión de mentalidades inferiores´. 

Luego, no le he escuchado a nadie más hablar sobre Sofía y el Terco. Es entendible en este país psicópata. A veces la bondad, la nobleza, no pueden venir de alguien que diga: ´Mira, qué bueno soy, qué bonitas cosas digo´y entendiendo un poco al realizador Oscar Mario Estrada, Sofía y el Terco no llega, no es auténtica, repleta de artificios con las costura afuera, es una película disfrazada y posuda como su director.

Y nadie mejor que un duro del cine como Herzog, para reforzar mi teoría de la calle: