junio 11, 2013

QUÉ VIVA LA MÚSICA, más allá del pandillerismo académico

Cómo será de fácil hacer cine hoy en día (bueno, fácil desde el punto de vista de la tecnología), que hasta Dynamo Producciones se está dando el lujo de sacar dos largos al mismo tiempo.  EN COLOMBIA!!!!

Y ya veo a los místicos del arte de mucho pelo parao´, rasgándose las vestiduras.

 Pero sí. La cosa hoy en día es como motilando calvos, haciendo salchichas, metiendo 20 buñuelos al mismo tiempo en la fritadora, especialmente para Roro, el único productor importante que tenemos en Colombia. 

Para la muestra, un botón. Mejor dicho, muchos botones. Ellos son en su desorden: María Llena Eres de Gracia, Roa, Satanás, Perro Como Perro y un largo etcétera de hits. No estamos hablando pues de nuestros eternos one-hit-wonder directores. Estamos hablando del a lot of hits producer.

Estamos hablando de alguien con músculo financiero y músculo empresarial. Alguien que le cogió el tirito al negocio del cine y lo pone a sonar con la campanita de máquina registradora, varias veces al año. 

Roro, Rodrigo Guerrero, de alguna manera es el Víctor Gaviria del siglo 21 en el sentido de que termina eclipsando los fondos audiovisuales, por no decir arriesgadamente que acaparando. 

En los 90, si Víctor se presentaba en alguna categoría de cine, los demás competidores sabían que tenían muy pocas esperanzas ante el mostro. Y efectivamente tenían razón, pues Víctor siempre era el gran ganador y los premios en ese entonces eran nimios para muchos.

Hoy, cuando hay mucha más plata y cuando te dicen en Proimágenes que los lineamientos de las convocatorias las hacen las mismas asociaciones de cineastas, vos como realizador madurado biche no dejás de mirar con cierto recelo el nombre de Dynamo Producciones o de Roro o de Andy Baiz que son 3 personas distintas y un solo dios verdadero. Es un recelo infundado, lo sé. 

Sin embargo, hacia alguien tiene que ir dirigidas todas las miradas, pues hoy todos los caminos llevan a Dynamo. 

Esta vez con el rodaje de Qué Viva La Música no se puede rebajar tampoco el feliz acontecimiento a la categoría de coincidencia. Ya sabemos que Cali venía necesitando una reingeniería como ciudad, como destino turístico y como epicentro cultural y quien mejor que alguien demasiado cercano al poder de la ciudad, como Roro. 

Luis Ospina y su festival siempre lucieron solos. Un Caliwood que en los últimos 20 años nunca parecía estar amarrado a nada. Nos quedamos asociando la figura de Andrés Caicedo a una intelectualidad casposa y medio mamerta de la Universidad del Valle y a una parranda de hippies sesentones en el barrio San Antonio, pegados de las últimas 18 gotas en una botella de aguardiente blanco del Valle.

Con Dynamo Producciones la cosa ahora suena más a Hollywood, a Sundance, a gran evento de ciudad y no de provincia familiar, de pandillerismo académico. 

Por eso habrá que celebrar a Qué Viva La Música. Porque Cali lo estaba necesitando, porque Cali se lo merece. Cali fue la primera gran ciudad pop de Colombia y puede volver a hacerlo.  Cali nunca quiso ser culta, porque es más como un Miami con sus pros y sus contras. Sin embargo Cali fue reconocida más como una especie de Atenas por mucho tiempo, mucho más que Bogotá incluso. En Estados Unidos por ejemplo el imaginario todavía se conserva. Cali es sinónimo de entretenimiento cultural para extranjeros, cuando Medellín le ha cogido 20 o 30 años de autobombo comercial. 

Por eso, puede ser que la novela de Caicedo llevada al cine resulte un descache y puede ser que Carlos Moreno termine haciendo con la Mona lo que hizo con Pablo Escobar, o sea: un chiste, un meme de Facebook. 

Por eso puede ser que uno ya no le copie a películas tan grandilocuentes, tan llenas de personal. Puede ser que el cine ya no esté en el cine sino en el video, en algo más El Vuelco del Cangrejo, más Sofía y el Terco, proyectos chiquitos en historias grandiosas. Puede ser. 

Pero así y todo, estaremos celebrando que Rodrigo Guerrero haya cogido el sartén del negocio familiar, por el mango. Cali lo estaba necesitando.