abril 27, 2013

Una película para ver a solas por lo bobita

Este es el tipo de película que a un cuarentón le daría vergüenza ir a ver acompañado. 

La clase de película en la que agradeces que tu esposa se duerma, porque luego de una hora se vuelve una película bastante bobita. 


La clase de película que te debería abochornar, dar pena ajena, pero no. 


Al contrario te enternece. Te hace replantear todo el guión que vienes escribiendo durante años. Tirar a la basura toda aspiración a rodarlo, a mandarlo a Mincultura para justificarle el salario a los burócratas de Proimágenes. 


Para qué hacer cine donde irremediablemente se meta el conflicto colombiano, cuando en otras partes del mundo pueden esquivar tan fácilmente temas como las guerrillas, los paras, los asesinatos, las fronteras invisibles, la violencia institucional de un país tarado y enfermo como el de esa república bananera, por allá, donde la vida no vale nada. 


Un tipo de película, en todo caso, que te consumes a media noche en el silencio de la casa, como quien abre una nevera a hurtadillas y se prepara un sandwiche tipo Lorenzo Parachoques y lo saboreas con risitas en silencio para no despertar a los demás.