febrero 01, 2013

Hasta que me tiren mi pedazo de carne los lobos, en la repartija.

Desde hace varios meses vengo sosteniendo esta discusión con amigos. Cada bajada a Medellín, cada amigo o amiga distinta es lo mismo: se está haciendo mucho, muchísimo. Y no solo en Medellín. En todo el mundo, se muestra, se exhibe, se organiza un evento por todo y para todo. Y no solo en el plano físicamente real. También en el virtual. Todos tienen o han tratado de abrir un blog. Alguien ha posteado al menos una foto en Facebook o muchos videos. 

La cosa es el hacer. La cosa tal vez empezó con los ingleses en los 90, estatalmente hablando. Mucho presupuesto para la Cultura con mayúsculas. Mucho concierto gratis. Bueno, eran los Cure y luego los SimpleMinds tal vez, y gratis.

 Y eso se llenaba, claro. Y luego le siguió tal vez Nueva York. Un montón de plata para la cultura. Los Sheakspeare Theater gratis en el Central Park y los Juventud Sónica y eso se llenaba claro.

 Y entonces la cosa se desbordó en los últimos años. 

Las administraciones entendieron que la ¨cultura¨ era casi tan buen negocio como la guerra. Para serruchar contratos, para pagar favores políticos, para sustentar presupuestos, para tener bien a los suyos, viajar, vivir del cuento, para tener una plataforma para catapultar candidaturas, un tinglado de contratos. 

Detrás de la ´cultura´ venía contratación con cheque blanco y era políticamente inmejorable. 

Mejor que destruir ciudades y volverlas a construir, era crear castillos en el aire. 

Y la cosa funciona, porque es rimbombante, nada más ruidoso y llamativo que el entretenimiento y el arte. Al contrario de la guerra, no hay que ocultar nada, por el contrario hay que mostrar todo. Y lo mejor, se puede articular con lo educativo.  

Pero ya no va nadie. 

Gastarse una millonada en un show, para que vayan 4 gatos a la función. 

O peor: llenar un espectáculo de dudosas condiciones de factura, con tal de que corran los billones.   Acaso por mediocridad. Acaso porque ya ponen al primer aparecido con pergaminos a que se tire un pedo, con tal de que haya adquirido algún diploma de una universidad de garaje en Europa. 

Eso puallá saben mucho de esa cosa llamada arte. Así no se disfrute, así no sea masivo, así no se entienda. Hágale que ese es de la familia, que pa´ eso le pagamos harta carrera.

  Y, en el mayor de los casos, la escalera de prioridades ya está desvencijada. Se me acabaron los dedos de la mano para contar los eventos, DE AMIGOS,  a los que no va nadie y que me aburrieron a morir. Bueno, hay una misma delgada capa de clase media que sigue yendo a lo mismo, con los mismos. 

Pero la gente que debería ser tocada por este tipo de sensibilidades no lo está experimentando y muchos se están aprovechando de ello para hacer del deshuese de la marrana estatal toda una carrera. 

Es triste, la verdad, sobre todo para alguien como yo que no he podido engancharme en ese dínamo. Me encantaría, pero por el momento puedo decir que no le robo al Estado, que antes el Estado colombiano me ha dado en la cabeza a mí, a través de la subcontratación, a través de los llamados operadores, que se llevan el 99.99 % del monto de los contratos, mientras el subcontratado hace el trabajo sucio; de becarios corruptos que pagan 50 mil pesos por firmas en cuentas de cobro de 3 millones; a través de profesores holgazanes que les importa un bledo que la cosa funcione o no y todo esto bendecido por administradores blandengues que gobiernan con beneplácito y falsa ética .

Ese es el Estado, el mismo de hace siglos, secuestrado hoy por una izquierda exquisita, periquera,  empoderada en las instituciones, izquierda exquisita que sigue reproduciendo los modelos de las mismas con los mismos, que se lava las manos en una pose, en una decencia, en un hablar pasito, mejor dicho en una cacorradita, que se merece toda la  guerrilla y todas las bacrim, y todo el paramilitarismo que le quepan. 

Para ejemplificar, un solo caso. Cada vez hace más carrera la historia de los asesores de Fajarado repartiéndose puestos, a dedo, en la trastienda de una librería en el centro de la ciudad, al principio de esta administración. Vas a Teleantioquia y resulta que los administrativos son íntimos que se tiraron las chanfainas entre ellos y cuando ya no hubo más puestos administrativos para repartir entre los amigos, pues quedaban algunos ladrillos de programa sin director. Y la última perla: ante la pregunta típica de principio de año, ´Y ¿cómo de conseguiste ese trabajo?´, más de una docena de amigos me han contestado este enero de 2013, en Medellín, Antioquia, Colombia, Suramérica: ´Ah, por política´. Bueno, y para nadie es un secreto tampoco el descalabro de la última Parada Juvenil del 2012 en Medellín, cuando en versiones anteriores había sido un éxito total, ¿qué pasó? Pues que por dársela a los amigos del fajardismo, pseudo estrellas en Bogotá, se la arrebataron a otros agentes culturales que venían haciendo muy bien su trabajo.

The same shit of always, the song remains the same.  

Por mi parte, sigo tranquilo, haciendo también mucho, posteando lo mío con una pobre audiencia, igual, hasta que se desarrolle del todo lo sanguijuela y hasta que me tiren mi pedazo de carne los lobos, disfrazados de caperucita, en la repartija.

 Igual, imagino a millones de colombianos agradeciendo en silencio cada bombazo de las FARC, cada secuestro sean del bando que sean, cada muerto de esta guerra, cada golpe que se le da a esta delgadísima capa de clase media de este país, privilegiada y corrupta. 

Yo como ellos, también digo lo mismo, chúpate esta guerra que te mereces Colombia y ojalá le caiga algún día, de una vez por todas, a los que se la merecen más.