enero 27, 2013

Indie español muy lejos del huepajé

Si alguna vez el rock quiso evolucionar a alguna parte... pues lo logró.

Recuerdo estar paseando por las calles del Greenwich con mi esposa, en New York, y ver a los empleados de las tiendas de discos sacando toda la mercancía a la calle, en cajas, para que los transeúntes ocasionales nos lleváramos lo que quisiéramos.

La escena se repitió varias veces en muchos lados de Manhattan, en diferentes años.

Recuerdo habernos llevado bolsadas de cidís a casa, tantos, que no alcanzamos nunca a escucharlos en su totalidad ni a bajarlos a nuestro iTunes.

Recuerdo volver a esas decenas de pequeñas tiendas que estaban cerrando en la Gran Manzana y ver que solo sobrevivían las secciones de INDIE. Fue en su momento lo más valorado por clientes y distribuidores. 


El punk, el blues, el metal, el soul... a la basura. El Indie... todavía tenía un precio. Aun lo tiene. Pues el indie supo eliminar ese dedo meñique en el pie del rock, que no servía para nada. 

El indie supo desarrollar aletas y alas para nadar y volar. El indie es un eslabón adelante en la historia del rock. Eso sin mirar sus implicaciones políticas o económicas o sociales. Solamente mirándolo desde la música misma.

El indie supo sofisticar al rock, cuando los Rolling o David Gilmour ya no bastaban más.

El indie como el Rock, en toda la dimensión del término, nunca salió de Estados Unidos ni de Inglaterra, por mucho que los grandes sellos hoy sean franceses.

Sin embargo, España lo logró. Y tal vez Chile. Argentina, no, paradójicamente. Venezuela hubiera, tal vez, tenido un amago si no hubiera estado Chávez. 


El resto de países es huepajé, señores. Y en el fondo, el mensaje subyacente de estas bandas indie es: hay que saber aguantar, a pesar de vos mismo, a pesar de tu propia severidad que te castiga, a pesar de que te sientas muy perdedor porque cogiste el camino más extraño entre tus amigos, a pesar de que la sociedad te tiende a dar señales distintas. Hay que sabe aguantar.

Hoy estas bandas persisten, siguen en el juego. No son masivas, pero le supieron encontrar el punto al negocio de nicho, no quisieron ser de combustión inmediata. Quisieron arder suavemente.