agosto 13, 2012

El calamar y la ballena, otra de escritores

Pocas profesiones donde el ego juegue un papel tan preponderante en el bienestar de las personas y pocas profesiones, como ésta donde, además, se pueda cortar con la misma tijera a la mayoría de sus exponentes, sobre todo a los más románticos. 

 Y es que no hay nada que arruine interiormente más a un escritor que el fracaso personal y el éxito ajeno, pero sobre todo el olvido.  ¿Quieres ver a un animalito chillón como una rata malherida?, visita la casa de un poeta olvidado.

 Un escritor puede tener su vida hecha un desastre, pero si lo leen los grandes aduladores, está a salvo. Cosa bien difícil. Los grandes aduladores por lo general, son pésimos lectores. 

 Viendo películas como ésta, es donde uno entiende a grandes como Salinger y Rulfo, quienes, por medio de su temprano retiro, señalaron en el estilo de vida literario una feria de las vanidades sin sentido, totalmente contrario a lo que debería ser una glorificación del hombre y no una bestialización de la existencia, acaso una infantilización de lo peor en el raciocinio humano.

Una cinta en la que, como en París-Texas, el objetivo de todos es volver a ese lugar remoto del origen individual, donde alguna vez nos sentimos seguros, como en casa.

 

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