junio 30, 2012

Un primer plano nunca miente

El género de la entrevista periodística anda muy perrateado por estos días.


 Igual, entre ciertos sectores (que creen que poner demandas vale más que denunciar públicamente), el impacto de los medios de comunicación ha perdido prestigio, como formadores de opinión pública, entre otras cosas, porque el periodismo hace muchos años dejó de hacerse del lado de los perdedores y, lo que es peor: a los medios de comunicación nunca los hicieron los perdedores, ni a los medios los integran periodistas que se sienten perdedores.


 Los periodistas, hoy en día como nunca, todos fungen de ganadores. (Así no lo sean, el comunicador es especialista por naturaleza en saberse montar en el bus de la victoria). La mayoría de periodistas hoy en día son simples secretarios, quiéranlo o no, de la historia oficial.


Y he ahí el detalle, como decía el Mocho Sánchez.


Las entrevistas hoy en día acorralan, pero con falsos artificios.


En un mundo de periodistas de escritorio, donde Héctor Abad Faciolince es símbolo y estandarte,  la entrevista se ha reducido a un alicate de magazín farandulero. Y fue tal vez Álvaro Uribe Vélez y su cipayo José Obdulio, los últimos prohombres que le dieron una dimensión sagrada a la entrevista periodística como vehículo de movilización de masas. 


Esta película, nos demuestra que al final las causas es mejor ganarlas en la conciencia colectiva y por medio de golpes de opinión, que en los estrados judiciales. 


- La reciente movilización en contra a la Reforma de la justicia, en Colombia, así lo corrobora - .


Al final, la película nos deja también una hermosa reflexión en la propia voz de Nixon, sumido en las más turbulentas mareas del parkinson: nunca sientas demasiada admiración por los ganadores del presente, quién sabe de qué dolorosa humillación tratan de zafarse y no pueden. Un primer plano nunca mentirá.