mayo 30, 2012

Cuando la clase media se mira para adentro (4)


Este es el tipo de película que vos ponés a sonar en tu computador, sobre una lavadora, para que te haga bullita mientras preparas la comida. Y eso por no dejar, porque ya sabes: es colombiana, es ópera prima, debe ser mal actuada, de Proimágenes, seguramente un roscazo, un mal guión, un bodrio lagartiao, un coñazo de esos de nuestro cine con gamines en los semáforos. 

Pero, sin embargo, pasan los minutos y el lorito en tu cocina empieza a decir cosas interesantes, a soltar ciertos diálogos, a volverse potente. Y vos mirando de reojo, por el soslayadero.

Entonces haces largas pausas en tus pastas, le bajas al fuego para pegarte más tiempo en la pantalla y resulta que te encuentras ante un flujo narrativo impresionante. Ante una trama impecable, unos personajes perfectos, un guión majestuoso. 

Todas la falencias de luz y de sonido, que te puede arrojar Youtube, quedan doblegadas ante la contundente marcha de los acontecimientos. 

Incluso abandonas el proyecto spaguettis y te bandeas con el primer pedazo de salchichón cervecero que te encuentres en la nevera.

 Apagas la estufa de gas y te tumbas en un sofá de la sala, a terminarte la historia de Miguel.

Es extraño que una persona como Juan Fisher haga una película de estas dimensiones. 

A vuelo de pájaro, uno esperaría una historia de unos gomelos colombianos en el Greenwiche Village, bregando a colarse en algún desfile en el Full Frontal Fashion, algo así, como la película de Flora Martinez en inglés, por ejemplo. 

Pero no. 

Esta película es más auténticamente colombiana y universal que Los Tolimenses y Danza con Lobos Juntos. 

Nada de poses lounge aquí. 

Una mentalidad obsesionada con la tierrita, como la de todo creativo que pasa largas temporadas afuera.

Y lo más fuerte es que da en el clavo. Evoca. Sugestiona. Seduce hasta las lágrimas.

A veces te llevas sorpresas con las almas que no te parecen tan almas en la vida real: hacen una película, escriben una novela y descubres que tienen más espíritu que cualquiera de los que se hacen auto bombo denominándose ´espirituales´. Y es así que uno dice: ¨vé, y es que este man tenía corazón¨.