abril 28, 2012

500 días con ella

En tiempos de desolación, donde todo el primer mundo anda pegado a un computador, es donde el amor pega más duro.


 Estamos más solos, más alienados, necesitamos más afecto. Si no lo hay, quedan las drogas, el alcohol, la calle, el cine. 


Esta es una típica película de chico-conoce-chica. 


Pero lo interesante es su forma planteada, su estructura, aparte de la gracia con la que está propuesta. 


Primero te muestran el duelo del rompimiento y luego los gozosos en el amor. Luego seguimos con más duelo y luego más gozosos. Así se va yendo la película y todo el encanto estriba en hacerle preguntar al espectador cómo fue que rompieron, cómo fue que se acabó el amor entre esa bella pareja tan especial.


A veces uno no entiende cómo es que los manes se vuelven unos peleles ante la influencia de una mujer en su vida. 


A veces uno se vuelve una güeba cuando le dicen esa famosa frase adolescente, con la que te educó sentimentalmente la primera noviecita que tuviste: ¨Esto no se lo había contado a nadie¨.


A veces, vos te olvidas demasiado de ver películas, dejás que pasen demasiados días sin ir al cine, cuando al final, en este caos, es lo único ordenado que de verdad importa.  


De todos modos, no dejas de sentirte un poco devastado al final de la cinta. 


Como en el ÚLTIMO AMERICANO VÍRGEN. 


La perra te dice que no cree en los compromisos, que no cree en los rótulos. 


Sos su mejor partido del viernes, hasta la 8 pm, cuando se aparece un galán, mejor partido que vos, y entonces empieza, ahora sí, a creer en títulos y termina cazándose y hasta preñada. 


El viejo mito de que la novia del estudiante nunca será la esposa del profesional, con ciertas variaciones.


!Perra!