marzo 12, 2012

Trailer lanzamiento Javiera Londoño

Hay gente que quiere hacer. Hay mucha gente haciendo.


Entre querer y hacer, hay un largo trecho, eso se sabe.


 La escasa crítica especializada en cine colombiano, por su parte, reclama desde los flancos más conservadores que se haga, que se haga mucho, y que se haga con sentido. 


¨Con sentido¨ . 


¿Qué querrá decir esa palabra? ¿Que haya una ética? ¿Sensibilidad social? ¿Responsabilidad histórica? Vale, vale. Válido, muy válido, si es que el tema va por ese lado.


Pero, desde aquí donde se pisan varios platós de grabaciones al mes, no soy portador de buenas noticias. Tal vez es demasiado pronto para arrojar palmas al viento.


Debo decir, desde el terreno, que cada vez es más dificultosa la tarea mientras las universidades sigan desarrollando un estrategia de acuartelamiento para tecnócratas.


Qué clase de gente es la que está saliendo de las escuelas de audiovisuales para atender el llamado de la intelligentsia, es pregunta que se debe de hacer el respetable.


Por lo menos, todavía quedamos algunos dinosaurios de la vieja escuela, quienes libramos batallas internas de cómo abordar el asunto, dilemas éticos por cómo ir al frente, formas de manipular la herramienta.


A los jóvenes que están saliendo de las universidades, solo les interesa otra cosa que no tiene que ver con  la pasión ni respeto al oficio.


Si los realizadores de antes, nos agarramos de las mechas, será tal vez por celos, envidias, empoderamiento, en últimas, por la pasión misma, acaso las ganas de ser constructivos sin lograrlo, acaso  siendo destructivos sin quererlo, pero nunca desde el desdén.


Los jóvenes de hoy en día, los que arrojan por millares la universidades, no tienen eso, son unos destructivos con sevicia y alevosía y con esos atenuantes, esas luchas internas, se tienen que sacar productos como el de Javiera Londoño: entre la improvisación generacional del siglo 21 y el fragor inolvidable de la vieja guardia.


No soy conservador. No creo en los métodos dogmáticos. 


Pero si me preguntan de formas para hacer, para ir la frente, me quedo con la silenciosa laboriosidad del equipo de trabajo en Los Colores de la Montaña, el rigor científico de Rodrigo Guerrero y su Dínamo Producciones y el cínico descaro de Know How en Andrés Burgos.  


Gente de cine toda, que de entrada, puede repeler por la ambiciosa godarria de sus productos finales. Pero son buenos productos. Tal vez los mejores por estas geografías.  Eso hay que subrayarlo. Eso y tal vez su característica más importante, el factor común que los une: cero improvisación y mucha seriedad en los rodajes.


Mientras tanto, hay que seguir avanzando, haciendo lo que hay que hacer, de la mejor manera que se pueda hacer, en medio de la invasión de los tecnócratas.