marzo 30, 2012

La edición es de las pocas artes que no puede convertirse en una fábrica de salchichas

Tengo 41 años. Llevo 15 años batallando por hacer lo que más me gusta, en 2 de los países más capitalistas del continente: Colombia y Estados Unidos.


Apenas ahora, la minimización del aparataje tecnológico, te permite dedicarte a la realización de videos con poco presupuesto.


Por fin ha llegado la era del cine en casa.


De hecho, lo mejor que se está viendo en los festivales, lo más aclamado, tiene que ver con las ideas sencillas, grabadas por  equipos de 7 u ocho personas.


A lo máximo, una buena producción puede sacarse con un equipo de 10 o 12 miembros y con muy poca inversión. Y, de hecho, luce como si el cine de altos presupuestos resultara casi siempre artificial, pomposo, suntuoso, poco verosímil.


 De hecho, para la fecha, yo soy de los que le creo más al cine barato, que al cine caro.


Sin embargo, los tiempos de carpintería permanecen intactos. No es que una máquina te permita reducir significativamente los procesos.


 Por el contrario, el hecho de que la máquina ya la puedas tener en tu casa, te hace invertirle más tiempo a la obra, al producto. Te vuelves más esclavo, como editor por ejemplo.


Antes tenías que acomodarte a unos horarios de la sala de montaje, la cual por obvias razones tenía que ser alquilada. Menos del 1 por ciento de los realizadores colombianos, por ejemplo, podía darse el lujo de tener editadero propio. Hoy esa cifra ha subido al 99 por ciento. Incluso sé de realizadores que tienen editadero en la casa y nunca lo usan o de gente que tiene editadero en la casa y no es ni siquiera realizores. Porque un buen editadero, hoy en día, en honor a la verdad, cabe en cualquier rincón de la casa.


Pero, repito, somos más esclavos, gastamos más tiempo que antes, sobre todo los perfeccionistas. Ese margen de equivocación que antes se permitían los editores, se ha angostado. Suele suceder que te ves editando un plano en pijama, a horas que no son.


Total, a veces te pasas más de lo debido editando, pues para nadie es un secreto que la obra de un artista siempre quedará inconclusa, siempre habrá algo por pulirle.


Todo esto lo está entendiendo muy poca gente y el negocio corre el riesgo de acabarse. Increíblemente, paradójicamente, son los mismos realizadores audiovisuales los que creen que la cosa debe ser más barata o igual de socialista que en el siglo pasado.


Pero no. La herramienta nos ha duplicado el trabajo, mis queridos, o sea: el taxímetro marca más kilometraje en 2012 que 1980 (es repetida la escena de un cliente yéndose de tu casa a descansar, después de haber editado todo el día y vos tener que seguir de largo, pues sos el responsable de atender las correcciones surgidas durante el día. Resultado: 15, 20, horas de trabajo seguidas). Ello debería suponer, igual, un cambio significativo que debe redundar en costos y calidad.


Amigo realizador, amigo editor, amigo artista: ayuda a esclarecer estas confusiones. La edición de videos es de las pocas artes exquisitas que no puede convertirse en una fábrica de salchichas. (Paradójicamente, son los artistas quienes menos valoramos el precio real del trabajo artístico).


El video que muestro a continuación, es el ejemplo de producto que estoy sacando, a razón de 1 por semana, pero con altos sacrificios de pestañas quemadas y horas de sueño irremediablemente perdidas. Y aún así, son el tipo de videos a los que hay que seguirle trabajando a lo largo de los meses, por pura ética audiovisual.