marzo 23, 2012

Este es el PILOTO (oficial) del proyecto Javiera Londoño al Cine





Esto fue lo que se vio anoche, en el lanzamiento del proyecto Javiera Londoño al Cine.  Tal vez un poco menos, porque no incluyo aquí el trailer, que también rodó.


Pero es, básicamente, el piloto oficial.


Fue una noche muy positiva, en un 22 de marzo de Copa Libertadores y decenas de eventos en homenaje al Día del agua. 


La ciudad estaba eufórica. Parecía que todos querían estar al aire libre y no bajo techo y menos en un claustro tan intelectual e investigativo como el edificio de Extensión.


Igual, es un verdadero milagro convocar a una proyección en tiempos de internet, donde la gente verdaderamente interesada en el cine, sabe que no tiene que cumplir un horario de llegada, por ejemplo, en Youtube.


Todo lució muy académico. El personaje Javiera, en sí es muy académico. Y esas fotos vos las alcanzás a visualizar después de los procesos.


 Creés estar editando algo para el mercado oficial y te das cuenta el día de la premier que es algo más que eso.


Es un producto con potencial de trascendencia en el tiempo. Incluso más que una película. Un documento. Un texto histórico que usa al cine como recurso de expresión.


De ahí las voces de felicitación. El representante del gobernador Fajardo le dijo ¨maestro¨ al director, públicamente.


El decano de la Facultad de Comunicaciones, Jaime Vélez, igual, se explayó en entusiasmos y se puso la camiseta del proyecto, encima de la otra camiseta del piloto, que ya tenía puesta.


Ernesto Correa, coordinador académico del mismo ente, logró sorprenderme con comentarios positivos, cuando, efecto familiaridad, estamos acostumbrados a decirnos las verdades a la cara.


Como buenos enemigos-íntimos que somos, acordamos en lo siguiente: ¨Ahora viene lo duro¨.


Y es cierto. Sería más cómodo que el proyecto no se echara a andar:


-  ¿¨Quién hace una película de época, en Colombia¨?
- ¨Nadie¨


Dijimos.


También hubo gente que ladró (que los ¨errores históricos¨, que las macetas son demasiado modernas para la época, que el vestuario no estuvo a la altura, que el ¨piloto todo parece una telenovela barata): lo más normal en un país como Colombia, donde la envidia es pandemia, pero también un medidor, un termómetro de que vas en camino. Pero donde la masa es exquisita también y no traga entero.


Vi a muchos retorcerse en el puesto. Vi a muchos cuchichear y después sonreírse socarronamente. Vi a muchos mirarme durante los discursos y menear la cabeza.


Todo es positivo, muy válido, pues la edición sobrevivió a unas pésimas condiciones de proyección, el camarógrafo de Teleantioquia le puso el flash en la cara a los espectadores, el proyeccionista tiró a rodar el piloto con las luces encendidas y, el nivel de audio en consola, tacañísmo.


Sin embargo, el piloto brilló, se impuso, supo hacerse escuchar con sus diálogos y sus músicas. Todo partiendo de la base de una claridad de ideas por parte del director y de un guión bastante aceptable.


No es la película que yo haría, ni el género cinematográfico que más me gusta consumir. Pero es la película que da gusto que exista.


Un cine universitario, amable, donde el director le apuesta a una estética pop, lejana a la pornomiseria y la narco-violencia, tal como lo enfatizó en su discurso.


¨Edición sí tiene¨, me dijeron. 


Hubo urras por ciertos efectismos y eso, para un editor efectista como yo, es un elogio.