febrero 21, 2012

RCN y sus productos celebratorios

Ya se puede conseguir el ´detrás de cámaras´ de Sofía y El Terco.


Un tipo de historia que no vas a conseguir en una pluma que esté en pañales. Hay control en lo que se plasma. 


La mancha es piloteada.


Aquí hay un modus vivendi para celebrar y no para denunciar.


 Estamos contentos, estamos dichosos. Se nos exhuma lo-matados-de-la-pelota por los poros, pues en el no-tengo-nada-para-decir ya hay un mucho para decir: o sea, que no tengo nada para decir.


¿Se capta? Somos un país alegre.


¿ Por qué nos habíamos demorado tanto en pillárnosla?


 No se trata de estar renegando todo el día, como si fuéramos un Pirry en sus 60 minutos sagrados. No todo puede ser guerra civil y hambre y abandono y desempleo. 


Por si no te has enterado, querido lector, la mayoría de gente en Colombia tiene mundo interior.


Y eso se le abona a este tipo de cine.


 A mí qué me importa que en Turbo se hayan robado de nuevo el presupuesto del alcantarillado y hayan masacrado a cien en un solo día, si lo único que me mortifica es que a mi mujer no se le olvide grabarme el capítulo de La Traicionera. 


A lo serio. ¿Otra vez la misma película de actores armados? Qué pereza. 


Pongamos a rumiar esas vacas que son los espectadores colombianos, con esta manguita del que puede controlar sus pocos fantasmas a la hora de escribir y distanciarse de ellos.


Bueno, por lo menos no es ese cine independiente (¨independiente¨, según su director. Como si por fuera de Hollywood no todo fuera ¨independiente¨) en el que vos no te tenés que imaginar-todo-lo-que-pasa, como dice Julio Sanchez Cristo.