febrero 07, 2012

Pelota Caliente

Primeros fotogramas y quedas enganchado.


Con esa tonalidad de película setentera de virados al azul.


Y es que Hollywood vuelve para recordarnos que al cine independiente se lo inventó, quién más,  Hollywood mismo.


Queríamos simplicidad, minimalismo, secuencias anodinas, sin trampas, realismo puro, cual sala de redacción del New York Times. Desde los créditos mismos: apenas logras leerlos. En ese tipo de letra courier, con la que se escriben los guiones  y se redactaban los artículos para los periódicos, antes.


Pues aquí está, Moneyball. 


Una historia con fuertes resonancias en The Natural, la película protagonizada, qué casualidad, por Robert Redford, el hoy autoproclamado icono de la movida independiente.


Era un cine agradable, que nos gustaba ver, en familia. 


Historias bonitas, de gloria deportiva, de sábado por la tarde. ¿Qué pasó? ¿Por qué no se volvieron a ver más películas así? Uno ahí, con el viejo, para el Libia o para el Junín, a ver cine más periodístico que impactante en sí.


Bueno, parece que Brad Pitt se siente llamado a ser perpetuador de un género, el género del cine Gloria Deportiva y de una forma de actuar redforiana. 


Le sale bien a Brad, tiene madera. 


El género tampoco tiene pierde: el sueño americano de que cualquiera puede hacerla, porque en los deportes, como en la vida, nunca se sabe, pueden haber sorpresas, especialmente en el último juego, en el momento definitivo del último juego. Parte del género. El más inútil puede ser el más útil.


Y un plus, una cereza en el pastel que metaforiza los tiempos y todo esto que estamos viviendo con la revolución digital: nunca lo logres, nunca tengas éxito con poco o nada de presupuesto, pues la gente que mueve los hilos de cualquier industria, nunca te lo perdonará.