febrero 24, 2012

Marilyn, Una suerte de primera punk rocker, coexistiendo en el ecosistema equivocado

Otro homenaje al cine este año.


Especie de declaración de principios, a lo Hollywood:


 ¨Al final no quedará nada. Pero nosotros somos la sustancia de la que están hechos los sueños y nuestra pequeña vida viene pegada a un sueño… de prosperidad¨.


El cine dentro del cine. La meca regodeándose en sí misma.


En su década más amenazada tal vez, los gringos se vinieron con toda este año y soltaron toda la jauría de máquinaria onírica rugiente que hay en su industria cinematográfica.


Será quizás 2012 el año de las crísis de inversiones y rentabilidad, pero no cabe duda de que cada vez se hacen películas más lindas.


Cada año que pasa, el cine está más bien escrito, mejor filmado, mejor editado, (aunque cintas como éstas precisamente se hacen para traer al presente la época dorada de los grandes mitos, caso Marilyn Monroe, por ejemplo).


Imposible no sensibilizarse con tanta exhibición de tras escenas, proyectores, talentos palpitantes y corazones rotos en la historia de la diva.


Hay un poco de A Day For Night aquí, tanto como de Cinema Paraíso.  Tal vez muchas más. Acaso Almodóvar también. Faces de Cassavettes y, por qué no, una recreación moderna de el Fantasma de Canterville en esa bella actitud norteamericana de burlarse del sistema de mitos europeo y de toda esa rancia cultura del viejo, viejísimo, continente.


 Casos han sido muchos, los que han querido mostrar que el cine per sé siga siendo una de las pocas cosas que vale la pena en este desmadre de mundo que nos ha tocado vivir. Y que muchos haríamos, lo que fuera necesario, por ser parte de ese universo de luces, con nuestra existencia puesta ad hoc.


De eso habla Una Semana con Marilyn: de esa máquina de los sueños. 


Una película sobre la fragilidad de nuestra primera yonki favorita. Una suerte de primera punk rocker, coexistiendo en el ecosistema equivocado.