enero 31, 2012

Perdidos

¿Cómo puede ser que una serie con un argumento tan bobo, con acontecimientos tan irreales, llegue a emocionar y volverse imprescindible en tu agenda diaria?

Fui de los que nunca pude entender por qué, algo tan descabellado como un producto de fácil consumo, llegara a los extremos de generar un fanatismo tal de que se le considerara motivo de culto, con legiones de grupos organizados alrededor del mundo, club de fans, como si fuera pues una Shakira o un Black Sabath.

Cada vez que veía a alguien con una camiseta de Lost, o un pocillo de la serie en la casa de un amigo, me llevaba las manos a los ojos y me los restregaba como queriendo entender lo que estaba viendo.

Pero es real. Lost te llega y te deja nokeado cada capítulo un poco más. Adictiva.

Lo que demuestra cómo los productos de entretenimiento no tienen que ser inteligentes, ni bien escritos, ni divertidos y, que, cuando se basan en el perdón, el amor, la generosidad y la solidaridad de los personajes, apague y vámonos.   Te volvés una güeba.