enero 07, 2012

La eterna melancolía y la infinita tristeza

Me encanta postear productos grabados en 3/4s o en betacam, pues yo vengo de allá.


Fue un pequeño momento en nuestra historia cavernícola, donde al baile caíamos 5 gatos.


Nuestro único referente eran esos libros cubanos que empezaban a llegar, vía García Márquez o San Antonio de los Baños, para los que podían viajar.


La gente del barrio, que podía enseñarnos algo, era un manojo de frustraciones convertido en una pálida sombra, publicada en los periódicos locales.


Luego ese fuego inolvidable se apagó en cuestión de meses, pero ese bicho Cómo-se-cuenta-un-cuento ya había cobrado un par de víctimas.


No fuimos ni siquiera una generación. No puedo hablar de los que estaban antes, pero puedo dar cuenta, aquí, de esos tres patos parchados en un murito de 1995.


Uno de ellos hoy, en 2012, va a representar a Colombia en los Oscar, sin ser el más exitoso de esos días, ni el más brillante, pero persistió y se sacó el clavo de un montón de años sin ganar.


Sin proponérselo así, le puso la pata a un montón de terneros sagrados de universidad, que hoy viven solamente de ínfulas.


Así que la llama tal vez nunca se apagó, pero el río del tiempo sí se llevó mucho de ese ímpetu y lo puso al servicio de poderes políticos y de universidades públicas que han convertido al video en una venta de aguacates, cuando en nuestros días nosotros nos habíamos cuidado muy bien de que siguiera siendo más como una iglesia, algo sagrado.


Este trabajo, es de uno de esos personajes que tuvo alguna vez corazón y no pose. Hoy es una feria del almíbar dentro de la cajita estúpida (bueno, ya no es cajita. Ya se pueden conseguir extra planas).


La obra data de los tiempos en que la tarantinada se tomó la juventud de alguna manera y por eso cobra algún valor.


Pues, mientras medio mundo se quebraba la espalda por contar una historia y escribir un guión muy original, aquí Juan Fernando Mosquera se preocupaba por intentar lo que al final vamos a terminar haciendo todos: o sea, perseguir nuestros propios estados de ánimo.