diciembre 26, 2011

Del amor y otras drogas + una frustración sexual

Me estoy repitiendo, lo sé.  Pero sí, todo se reduce a frustración sexual.


Siempre he dicho que las historias de la clase media, bien hechas, son más interesantes, porque  exploran las pulsiones básicas de los seres humanos tratando de darles un canal de expresión más racional.


Generalizando, los pobres dan rienda suelta a sus pulsiones más recónditas por medio del crímen, la violencia o, en el mejor de los casos, yéndose a gritar a un estadio o quemando pólvora. El instinto, en la clase baja, permanece instinto, casi nunca sin sublimarse. Bueno, estereotípicamente hablando. Habrá casos de casos, que no funcionan en la ficción.


La clase media tiene más margen de maniobra para preocuparse por dilemas existenciales o psicológicos, mientras que en una ficción de clase obrera, tanto como en la vida  real,  debes ganar verosimilitud poniendo a tus personajes simplemente a sobrevivir y a resolver sus necesidades básicas. Esto es: pan, circo, vivienda y ropa.  


Estas dos películas, a continuación, exploran temas de clase media- media.


La primera mostrando los peligros de una modernidad mal entendida, donde iglesia y Estado, indisolubles, todavía rigen los destinos de la sociedad hindú y donde de nada sirve acceder a un modelo de vida determinado por unos hábitos de consumo, con toda la dósis de cultura popular que ello implica.


Temas como el bisexualismo y el incesto tratan de aflorar entre sus personajes que, en tal contexto medieval, toman caminos frustrados de retrogradas represiones sexuales. La involución histórica, vaya.


La segunda peli´ configura el retorno de Hollywood a los diálogos inteligentes, de arquitecturas impecables,  contenidas, para nada explícitas y toda su banalidad respectiva como lo dictamina la democracia de masas imperante. Igual es la puerta de entrada a la salvación definitiva del género comedia romántica en un tema muy siglo 21: o sea, las enfermedades terminales y toda la industria farmacéutica tras bambalinas.


Quién dijo que el encanto del cine lo determina una peripecia. Al encanto del cine lo potencializa siempre la presencia de diálogos ingeniosos. Lujo que no se puede dar la chabacanería y falta de sutileza  de la pornosmiseria tercermundista, por ejemplo. El realismo social bien entendido es tema aparte.