agosto 22, 2011

Trompetero, salve usted la patria

Por fin una película colombiana sin gamines ni viciosos ni mafiosos ni grupos armados, de buena factura, sin falsos patrioterismos, que logra emocionar, que no tiene a la muerte incorporada como obsesión de vida y que, además, busca denonadamente la estatura moral, sin avergonzarse.

¡Aleluya! ¡Milagro!

Y, por encima de todo, hace reír y hace quedar en ridículo a esos cineastas seudo intelectuales de este país, que creen hacer el-gran-documento-post-conflicto con una camarita y unos actores en escena.