julio 22, 2011

Lecciones de oscuridad, por Werner Herzog


Eran los 90´s y todavía estaba de moda rotular ese cine anti-hollywood y era fácil y era anticuado al mismo tiempo, también. 

Solo tenías que revisar el final de la película y determinar si la obra tenía un final feliz o si tenía un final no tan feliz, sino más bien triste o tal vez un poco extraño.

Entonces, ahí estaba el rey. El gran delegador de finales kind-of-weird, pero sobre todo de tramas soporíferas y extremadamente simples.

Sí, en efecto. Hablo de Herzog. El director alemán más influyente en el cine de la posguerra. Ese, beibi-bumer que hacía escandalizar a las universitarias de los 80´s con sus dramas sin concesiones y con cero redención al mismo tiempo.

Herzog: ese gran científico que logró, y sigue demostrando (Encuentros al final del mundo, Stroszek, Grizzly man, Lecciones de Oscuridad, Aguirre, la rabia de Dios y un largo etcétera) que en esta condición trágica del mundo siempre hay un-más-abajo, que siempre se puede tocar un nuevo fondo y caer, más y más, y más, y que precisamente ahí es donde radica el encanto.

Si usted, lejano lector, anónimo a rabiar, quiere que le hablen suavemente de Estados Unidos, ese país donde las mujeres y los niños pueden ser personas, y si le gusta que le suelten de vez en cuando filosofía de alcantarilla por medio de finas frases asesinas, no deje de sentarse a ver una de Herzog y esperar a que le caiga la guillotina inesperadamente.