mayo 25, 2011

¿Será mucho pedir ?

La palabra ¨vanguardia¨ siempre resulta repulsiva en la medida en que tiende a ser usada para etiquetar obras de corte experimental, o confundida con aventones de neófitos en búsqueda de un pretexto para ¨romper esquemas¨.

Total, los autodenominados vanguardistas siempre terminan haciendo el ridículo indefectiblemente, aunque a veces logran despistar, engañar o timar, y coronan.

En el caso a continuación, la palabra vanguardia de verdad debería usarse, sin correr con el riesgo de engañar a nadie, en la medida que propone algo nuevo, reciclando las estructuras más clásicas.  Algo así como un DJ de vanguardias mezclando viejas fórmulas que ya habían dado resultado, tanto en el cine como en la literatura.

Lo mejor de todo es que la obra  es de  una mujer.  El espécimen más independiente dentro de lo independiente: las portadoras del secreto, las que en últimas dictaminan las directrices del paradigma por establecerse. ( Para más señales ver Lost in traslation, Boys don´t cry,  etc.).

Esperemos que en el caso particular de nuestra aldea-no-global, la ética del me-importa-culismo-de-la-Piro ofrezca resultados de iguales resonancias a las de Velocidad Personal, de Rebecca Miller. Por ejemplo.