mayo 07, 2011

Querida Wendy de Vinterberg

Uno podría decir que es metafórica, que es un constante culto al falo, desde el nombre del protagonista  (Dick) hasta el leitmotiv de las pistolas y demás cañones centrales de la trama.

Uno podría confiar en sus alcances estilísticos de estampa pop - tiene mirada, para qué; sabe manchar el cuadro y poner la cámara. No le teme a la cámara al hombro-.

Pero, para qué botarle escape a las tribulaciones de un miembro más de Dogma 95, cuyo único propósito cinematográfico, al igual que su colega Lars Von Trier, es superar su obra maestra (en este caso Festen) y ver, a ver, quién es el artista más volado del vecindario.

Pero, quién le va a parar bolas a un héroe que empieza y termina escribiéndole una carta a un arma, como si fuera su amante. No, pues.

Yo diría que la cinta es ultra gay en la medida en que se torna una segunda parte de La sociedad de los poetas muertos, encubierta de rudeza.

El delirio inconexo de un loco hundiéndose en el mar de la decadencia, vaya.

Pobre, Thomas, no le sale ni una en esta película.