mayo 22, 2011

Diario de Viaje, por Santiago Gómez

La primera escena de este post se sucede en un bus de Santa Elena.

 Me acabo de encontrar con el realizador Oscar Mario Estrada y con un crítico de cine de cuyo nombre no me acuerdo.

Ellos se dirigen a la grabación de un video, yo voy hacia mi casa.

Hablamos de Santiago Gómez. Oscar y yo en tono favorable. El crítico en tono mala-onda: dice que ¨Santiago anda muy crecido¨, etcétera.

El crítico anda varado, un año sin trabajo, vive solo, mal vestido, como un ermitaño de montaña. Es entendible, entonces, su negativismo.  Muestra evidentes signos de sicosis y falta de autoestima. Pero pienso que, como todo loco, debe albergar un componente de verdad.

Hago un corte y me encuentro días después en el relanzamiento de Diario de Viaje,  la película de Santiago. 15 años después.  La veo y siento como si la hubiera hecho yo. Los mismos sentimientos potencializados por el relato.

Considero que la película sigue vigente y se ha revalorizado en sus postulados,  aunque el término ¨restauración¨ le queda grande: el sonido se hubiera podido remasterizar. El formato de anchura de pantalla se hubiera podido llevar del 4:3 al 16:9 y aguantaría todavía un trabajo de estandarización con los saltos de luz.

Sin embargo, aquí lo importante, de todos modos, es que Diario de Viaje se pudo rescatar desde las tinieblas del video análogo hasta las luces artificiosas del video digital (al menos ya no hay que tener un reproductor de VHS en casa para poder verla).

Igual, cada vez que voy a proyecciones de este tipo,  me convenzo más de que los formatos en video hay que moverlos en Internet y no quemarlos en un frío teatro, a no ser que el exhibicionismo del director sea muy fuerte y que no se aguante las ganas de mostrarse ante 40 o 50 personas, con sus discursos de cómo se hizo la obra y sus resonancias.

Me pregunto si no habría un componente de esto en el relanzamiento de Diario de Viaje (la presentación duró unos veinte minutos y el foro de preguntas otro tanto: hubo más cháchara que cine en sí).

Me pregunto si no habría un componente de esto, en las razones para que los demás integrantes de Madera Salvaje no se hubieran aparecido en este relanzamiento, cuando Santiago Gómez los había estado esperando.

Al final, la venta del libro que narra una especie de ´making of´ de Diario de Viaje, justifica este relanzamiento en el Matacandelas.


Hoy pienso en el psicótico del bus y que es una lástima que la red albergue sólo una fotografía como documentación de esa gran obra maestra llamada Diario de Viaje.

Tal vez Santiago sí se haya crecido, tal vez su megalomanía  supere su obra.

Pero, de todos los realizadores paisas, es el que mejor cae.

Con toda la precariedad de su largometraje desde un punto de vista técnico, es más notable que Apocalipsur, Los Colores de la Montaña (qué se puede esperar de una película, cuyo director hace cine ¨para sacarse el clavo¨ ) y La Vendedora de Rosas juntos.

Al menos a Santiago no se le siente esos jadeos de rata-trepadora, que se le siente no solo al cine antioqueño, sino al cine nacional de los últimos años en general. De hecho, a veces, su discurso bordea el tono de uno de esos poetas resentidos del centro.

Y, precisamente, lo que se le abona a todo ese combo de Madera Salvaje, es que nunca hicieron cine como pasaporte hacia el reconocimiento social ni económico (lo cual se refleja en la película, porque ellos son los protagonistas).

Aunque Santiago, (sin necesitarlo porque es burguesito), haya perdido un poco el camino en esa dirección.