noviembre 01, 2010

Los dioses deben estar locos

Fue un largo fin de semana lleno de rodajes. Los cursos de audiovisuales están grabando sus proyectos finales, y de algún modo recibí invitaciones de amigos para verlos y así estuve de visita en 3 platós distintos, viendo cómo anda la movida local.

Muy sorprendente la cantidad de gente haciendo y haciendo. No demasiado, mirando el tema desde un punto de vista de las facilidades tecnológicas. Pero suficientemente sorprendente como para sospechar de todos esos festivales nacionales de cine, que limitan la industria a 5 o diez películas.

Qué pasa? Es que solo se le puede llamar "película" a los productos arrojados por el Ministerio de Cultura? Qué hay de toda esa gente en los barrios con dos o tres largometrajes para exhibir?

En estos 3 días hablé con realizadores anónimos que me mostraron sus roches de largometrajes guardados en un cajón. Los hicieron sin lagartearle a nadie, de pura mística, saltándose el gran océano burocrático, en silencio y sin tanto autobomobo como el garantizado por Proimágenes y Movimiento.

Quizás, esos verdaderos autores anónimos nunca puedan aspirar a llenar esa-botella-de-Cocacola-con-aguapanela que pretende ser el "cine colombiano", pues muchos de ellos no tienen los nombres biblícos que exige un país de castas como Colombia, (donde en el reinado nunca podrá ganar ninguna mujer llamada Yurledy o Melissa).

Igual, en el caso de ese cine "todo lo que somos", es difícil que se cuele algún Hamilton o Arlex o Jeisson, porque parece que la tradición no lo permite.

Pero, me vengo a casa con esta bella certeza. Que el cine colombiano palpita y que va mucho, mucho más allá de los 5 amigos de Víctor Gaviria y demás pornomiserabilistas.

Escuadrones anónimos de cineastas crecen a oscuras en las laderas y en los llanos menos pensados. Algún día dejarán de estar agazapados y a este Estado infame, como siempre, le saltará la liebre donde menos se lo piense.

Quedará, también, solo quedarse dormido, mientras la pantalla arroja los descaches del Dr Katz.