septiembre 25, 2010

SE ARRIENDA (o me vendo), ésta es la cuestión

"Los que se drogan son los que se creen artistas; no los que realmente lo son"
"Nunca voy a trabajar en algo en lo que no crea"

Típica, cliché y predecible historia de un treintañero fracasado. Aquí los problemas para relacionarse con la sociedad se disfrazan de dilemas existenciales. O sea, lo que en términos científicos se podría clasificar como esquizofrenia social.

Funciona igual a muchos niveles: lo que puede ser xenofobia pura en un contexto, en otro sería simple y llano clasismo. Lo ético redimesionado a lo estético. Lo moral degradado a lo racional

La textura de estos ropajes, a veces, también cobra la tonalidad de la falta de ambición. Resulta que, de un tiempo para acá, este tipo de comportamientos se ha convertido en el refugio de las legiones de profesionales modernos, con terribles pavores hacia la vida.

"Ah, es que yo no espero mucho, yo puedo ser feliz con poco y como poco tengo, poco pierdo", se le oye a más de un alma encerrada en sí misma, con ganas de salir.

Este diseño de pensamientos es muy del director de Se Arrienda. Alberto Fuguet pone sobre la mesa una de las disyuntivas más interesantes de perdedores muy atractivos en la ficción, pero muy patéticos en la realidad.

Quizá, ello explique por qué el tema se desmorona cuando el director hace una extrapolación de sus obesesiones más fascinantes desde la literatura al cine. Fuguet es una especie de Fito Páez al que le funcionan muy bien las ideas en territorios lejanos a la pantalla grande. En este caso los libros y la música respectivamente.

Digamos que no todo es desacierto en SE ARRIENDA. Es muy distinto una película mala a una película fallida, o con errores, o con las costuras afuera, o una película de pequeños vuelos, acaso de logros específicos y pare de contar.

De todos modos, Fuguet sigue sin venderse y eso es invaluable. Fuguet habla de alquilarse como máximo, así haya mucha plata o prestigio sobre la mesa. Casarse con sus principios a como dé lugar.; no creérsela antes de tiempo o, mejor, no creérsela nunca. En otras palabras, no dárselas de artista sino más bien disfrutarlo mientras se intenta.

Viendo la película, vos te pones a pensar en muchas cosas. Quiénes son tus públicos. Cuáles son tus discursos para sobresalir. Cuanto tenés que concederle al sistema para ser aceptado. Cuánta cuerda, a nivel "temáticas", tenés que soltarle a un grupo social, a un país, a un gremio, para que te quieran.

Un gran signo de interrogación cierra este comentario.