julio 12, 2010

Revolutionary Road

Para empezar hay que decir que los biopics deberían tratarse igual que los documentales. Son una forma artística diferente al cine convencional, que deben mirarse con ojos especiales, y aunque esta obra es vendida como una adaptación, vos no dejás de buscarle puntos de contactos con la historia personal de Yates.

 Sam Mendes quiso hundir un poco más el dedo en la llaga y llegó bien adentro, cada vez con más elegancia, con más tacto, sutileza si se quiere y por eso R.R. es una pieza artística a la que se le haría un gran desplante si se le llama simplemente película, porque no lo es. Es mucho más que eso.

R.R. es una especie de King Kong tratando de hacer una revisión estética de la llegada del hombre negro a América, pero esta vez en el plano del feminismo.  Una recreación histórica de cómo las mujeres en Estados Unidos podían hacerlo, desearon hacerlo y murieron para hacerlo.

No quisiera estar sentado alguna mañana en la lavandería, esperando que mi secadora termine su ciclo, y que, en la banca de al lado, mientras pasan Revolutionary Road en el televisor del lugar, me toque en suerte uno de esos directores, cinéfilos, que le gusta buscarle significados enrevesados a todo el cine hecho y por hacer, como Tarantino o Alfonso Cuarón, por ejemplo... Porque, madre mía, de la regada que se meterían estos dos con esta película que te muestra una cosa y termina contándote otra.

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