junio 24, 2010

Y el mito sigue

Hay pelis que mejoran con el tiempo; pero no son muchas, son pocas, y el rango de mejoría en esa inmensa menoría es casi imperceptible; vos las ves y la sensación general se puede mantener, pero los shocks eléctricos apenas echan chispa.

 La primera vez que vi a esta Baskiat, mucho antes de que explosionara el mito en la red y todo el mundo publicara un material  del verdadero Jean Michel en Youtube, me pareció un historia sosa, rara, como un pescado en el techo. Teníamos 27 años, Baskiat y yo y esperábamos de la vida la pulpa, la sustancia. 

Luego la volví a ver en New York y me pareció pertinente por lo que yo veía a través de mi ventana salpicada por los copos de nieve y el vaho de sus veranos y por su movida artística también. La publiqué en este blog y no la supe mirar en su real dimensión.

Pero ahora la veo de nuevo y la obra reverdece. Los centelleos de calidad se disparan y rompen todos los niveles en la zona de éxtasis. Baskiat es una cinta muy inspirada e inspiradora, mientras el mito detrás del personaje está más saludable y joven que nunca.

Escribo esto mientras la selección Italia, selección neoyorkina por excelencia, ha sido eliminada del mundial. Pienso en Astoria, pienso en que tal vez el Jardín de la Cerveza está celebrando la clasificación de Eslovaquia y llorando el papel de los europeos en general. Pienso en Baskiat. Pienso en los mitos. Pienso en una ciudad.

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