junio 13, 2010

Pasaporte al blanco y negro de nuestras vidas

Lo que más me gusta de las pocas películas que he visto de Uruguay es que muestran las calles, te llevan allá, te ponen a recorrer sus ciudades, te muestran el país, casi sin tocar el atrezzo ni la dirección artística.

En esta Gigante el cabezazo cinematográfico va más de la mano de la simpleza, el discreto encanto de la estaticidad, acaso en cómo las entradas y salidas a cuadro dependen más del paneo que del expresionismo actoral.

El tema de la soledad y de cómo se le va la vida a la gente en el siglo 21. "Qué triste se nos fue la vida", dicen los Caifanes; "... y ver qué pasa allá afuera: no todo el mundo tiene primaveras", dice Fito.

Pero la verdad es que no es tan melodramática la vaina, cuando las historias no tienen que focalizarse en lo grosso del momento, en el tremendismo de agresiones caníbales de las repúblicas bananeras. Pasarán muchos lustros antes de que un país como Colombia, por ejemplo, pueda ofrecer una película de este porte.

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