diciembre 10, 2009

"Yo pensé que íbamos a ver el antes y el después"



Al final de la proyección te largas a preguntarle a todos 'cómo te pareció'. Muchas voces autorizadas allí, gente del mundillo, profesores, realizadores con pellejo cinematográfico, toses a hurtadillas,  mordidas de codo, pero nadie se atreve a emitir sonido.


Algunos sólo se limitan a rascarse la cabeza, muecas de escepticísmo, el ebrio sale con una de sus brillanteces llenas de nobleza y comprensión, pero nunca exenta de decepción:"hacer ficción es muy difícil".


Tu esposa saca del sombrero uno de sus chistes involuntarios: "Con el discurso que se echó el guionista, yo pensé que íbamos a ver el antes y el después del cine colombiano".


A vos no te queda más que sonreír - por no llorar- ante otra charada marca RCN/Ministerio de Cultura. (Bueno, por lo menos te retan intelecualmente a decifrar lo indecifrable).


Pero el cine (para llamarlo audazmente como suelen autodenominar groseramente sus realizadores a La sangre y la lluvia) debe ir más allá de las adivinanzas.


Para empezar, hablemos del desperdicio de metraje en celuloide y por consiguiente en el tiempo de los espectaores (por favor, el mundo se va acabar!) y citemos a Borges:"Para qué gastar 200 páginas a una historia que puedes contar en una frase?".


Okay, concedamos que es el timing de este autor y su primera salida en falso. Planos eternos, eternísimos, como para no recomendar la cinta al hora de la siesta, porque, señores, me da pena decirlo: La Sangre y La Lluvia es nuevamente la típica película del periquero colombiano que cree estar reinventando el cine.


Así, te vas a encontrar con una sarta de lugares comunes que ya nos dan hasta para inventar un género: qué bien nos va a los colombianos poniendo a dos malevos a insultarse; nadie lo hace mejor que nosotros con el hijueputazo en los labios. La pelada droga a medio camino entre Qué viva la música y Opio en las nubes, pero extrapolada al cine: hágame el favor. Qué puede estar haciendo una persona a las tres de la mañana en la calle?


Personajes ruines, muy ruines y lo de siempre: que estamos desprotegidos, que la clase media es la víctima, que no hay solidaridad, etcétera.


A todos los jóvenes cineastas colombianos: si quieren viajar con sus obras a festivales internacionales, hagan porno miseria: que nuestros pioneros han sabido cogerle el gustito a nuestro mejor producto artístico en el exterior.


Y no me extiendo más porque qué pereza seguirle botando escape a un adefesio más del cine criollo.

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