diciembre 06, 2009

Y el problema no era de plata


Está difícil arrancar, para qué me pongo con florituras. Pero ya me lo temía. No es fácil cuando te querés demostrar a vos mismo de que no hay que ganarse una subvención para hacer cine.


O mejor. Digo peor. Cuando has aprendido a ver sospechoso ese tipo de arte "estatal", descubrir que las películas mejor armadas no tienen que ser necesariamente 'caras', pero que preferiblemente tampoco deben tener ningún sello 'con la ayuda de', y que es muy enrarecida la atmósfera de todo ese arte que se hace para ganar premios en el ministerio, o para tener una fuente de ingresos, para cogerle la comba al negocio.


Le oí decir a Jorge Navas, director de La Sangre y La Lluvia, que este es el año más productivo del cine colombiano y el menos taquillero de todos los tiempos. Creo que ello es sintomático a rabiar: dice mucho de lo mal que estamos.


Uno mira alrededor y ve a nuestros cineastas más consagrados montando su circo para aprovechar el cuartico de hora cultural en el presupuesto estatal. Y no sólo los cineastas; el fenómeno se extiende a los artistas de todas las disciplinas que hoy en día están haciendo fiesta del auge presupuestal.


Hemos cambiado una mafia de cuello blanco por otra mafia de jeanes, camiseta y pincel. De hecho, cada vez que me encuentro por la calle con uno de tantos amigos artistas que se han ganado un "estímulo", me digo a mí mismo: he aquí uno de los cientos de mediocres y comprometidos poetas 'progres' de Alonso Salazar. Me repito para mis adentros: ahí te estás gastando la plata de mis impuestos en whisky, cuando se la debiste haber metido toda a la obra.


O al menos un poco, la mitad siquiera, porque no nos digamos mentiras: conozco un alto número de personajes que se ha especializado en ganar subvenciones y de diez convocatorias a favor, sólo ejecutan el dinero de una o dos, si es que lo ejecutan. Y en la mayoría de los casos, lo ejecutan por salir del paso. El 2009 ha demostrado, pues, que el problema del cine colombiano no era de plata. Es de nivel.





Y es que falta ir a uno de tantos cacareados eventos culturales de la ciudad porque-la-alcaldía-ya-pagó-por-usted, para comprobar en carne propia que, como los gringos, en Medellín nos están vendiendo pedos y mocos, pero bien empacados.


Sólo que aquí no son unos cuantos empresarios avivatos, sino que es la alcahuetería de la ciudad la que se empeña en repartir plata a diestra siniestra al primer espontáneo que se digne a patinar un proyecto a través de una corporación. Obras de teatro desestructuradas, pésimos sonidos, falta de rigurosidad en los oficios, iluminaciones muy cutres, guiones mediocres, y sobre todo falta de buen juicio y talento, hacen parte de esa cantera del nuevo amanecer cultural de la ciudad.


Pobre mi esposa que le ha comido cuento a tanto tilín tilín. En lo personal, leo muy malhumorado esos carteles de productos a las afueras de los teatros respaldados por una beca. Son miles de valiosos minutos los que he perdido botándole escape al concierto tal; el cineclub tal, la revista tal, la película tal, el festival tal; cuando hubiera podido quedarme en casa yendo a la fija con Youtube, con Cámara FM, Radiónica o con HBO o con el Discovery.


Muchos optimistas se dignan a caer en el lugar común de que entre a más producción, más probabilidad de calidad. O más paz, mejores ciudadanos. Permítaseme carraspear. No es que quiera hacer sonar ningún timbre de emergencia: pero, a ver? dónde está esa gran película colombiana digna de aplausos? Ya nos ganamos la Palma de Oro? Se han desmontado las aficiones al sicariato como forma de vida?


Al contrario. Antes se han multiplicado las balas, especialmente en los últimos años.


Pero insisto, cuando nos ganemos el Sundance les creo.


Hoy, diciembre del 2009, Medellín no es una ciudad especialmente mejor que hace 10 años. Los mendigos han explosionado por las calles, el crimen campea en las esquinas, el tráfico es imposible, miles de personas, no necesariamente, desamparadas durmiendo en los portales; la calidad en el servicio ha desmejorado, el humor de los ciudadanos es lamentable; los barrios arden en llamas. Esas sí serían grandes obras de arte por pulir.


Yo diría que Medellín es una ciudad peor desde todo punto de vista. Más banalidad; el vicio se ha desbordado, al igual que la prostitución y el malevaje. El miedo de la clase media, por Pablo Escobar, ha desaparecido, pero el de su descenso a la pobreza absoluta se ha incrementado. Habría que preguntarle a los no pocos paisas varados si preferirían menos cultura en los teatros, pero más dinero líquido en las calles, aunque sea ilegal.


Es que la gente no necesita limosna en bienestarina. La gente ni siquiera necesita aprender a pescar. La gente necesita pescar.


Me recordaba hace poco una amiga de buena posición social, sobre los días idos en que los exiguos 'algos' de tus padres te alcanzaba para ir a bares y fuera de eso invitar a amigos y extraños a cerveza. Hoy en día ni siquiera un buen sueldo te alcanza a vos solo, para salir cada ocho días, (a no ser que te querás gastar la plata del arriendo en media de guaro que te dio por comprar de más).


La conectividad de la ciudad es un chiste para la ciudad que se precia de tener la mejor calidad de vida, pues, si de verdad fuera "una ciudad" del siglo 21, habría wifi DE CALIDAD, gratis, en toda la ciudad.


Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿Dónde están esas numerosas vacantes de empleo en todas las áreas? o, aunque sea, para todos los cientos de jóvenes que se apostan en los semáforos a pedir plata.


El Festival de Poesía, los premios de los realizadores que captan 100 millones y se embolsillan 90, Santa Fé de Antioquia, todo eso me huele muy mal. Sinceramente, no quisiera ser parte de aquella fetidez haciendo una película basada en el espíritu de las subvenciones.


O mejor dicho, (no voy a quemar los pocos puentes que me quedan aquí): sí me gustaría ser parte de esa fetidez pero no mediocremente. Me gustaría ganarme una beca y optimizar el 10 por ciento del premio en una excelente película, para robar con la conciencia en paz. Qué tal ganarse un Oscar con un premio al que se le invirtió la ley del mínimo esfuerzo (recuerden que ganar un estímulo del gobierno lo es todo en esta nueva lógica del arte colombiano)? 


De ahí para adelante todo es ganancia, mejor dicho: simulación.


Una vez superado el pequeño escollo sarcástico, sigo con el denunciativo. Según el nivel de cine que nos están mostrando los criollos, nos damos cuenta de que el problema no era de plata. Por eso digo, si esta película sale con problemas, quiero no refugiarme en el pretexto de la plata; quiero jugar a eso, a que el problema será de dramaturgia, de guión, de fotografía, de DESORGANIZACIÓN, en últimas de lo que siempre ha adolecido nuestro cine a mi parecer: de la hijueputada colombiana. La misma hijueputada que no nos ha dejado volver a mundiales y que nos hace creer que la falta de inteligencia emocional es un acto de heroismo.


La idea, de este modo, es hacer parte de otra cosa aquí. Del otro ramillete de muy buenos cineastas que le han apuntado a todo, pero que misteriosamente siempre quedan por fuera y siguen y siguen. Impolutos. Los conozco y no necesito mencionarlos aquí. De hecho, ya han desistido de "pertenecer" y uno se los encuentra siempre con una nueva peliculita, terminada, bajo el brazo. A quién han estafado? A nadie. No tienen que rendirle cuentas a los dineros públicos. Ni al arte siquiera y, en la mayoría de los casos, los resultados son más que aceptables en comparación con los galardonados. Han logrado encontrar su combito, más buena onda y menos sarcasmo; más trabajo y menos chiste ( a este país le está sobrando chistines desde hace siglos).


Pero, la masa no siempre es estúpida, sobre todo cuando de castigar con la taquilla se trata. Repito: a ver: dónde está esa gran película colombiana que batió record de taquilla este año? Es de dar por sentada la creencia bien arraigada de que, en el cine nacional, para llegar a Cannes, hay que tirar a Venecia. What the hell tiene que ver Cannes o Cartagena con el cine que vos querés hacer! O con el cine que le interesa a la gente? Tal vez sean las espectativas artísticas las que determinen tu estilo como cineasta. Qué fue primero: la ambición o el Sundance Festival?Al final de cuentas, la mayor parte de cineastas que conozco en Colombia terminan invirtiendo todos su esfuerzos en ganarse una beca, (lo cual en estos tiempos constituye el mejor atajo para sacarse el clavo). De hecho, le he escuchado a varios realizadores soltar esa frase cuando se ganan un estímulo, luego de años de intentarlo: "Es que me tenía que sacar el clavo".


Y ese parece ser el umbral de triunfo en nuestra cinematografía: sacarse el clavo con los espaldarazos del ministerio. "Gánate una beca y date por consagrado". Y yo me pregunto: Y de la película qué? De tu obra qué? No hubiera quedado mejor si la hubieras hecho en Handy, sin tanto moñito? Es que entre el premio y la película siempre hay un largo trecho. Y entre la película y la taquilla (o Cannes) hay un océano.


A ver si me desenredo. Lo que yo pienso es que nuestros cineastas, mientras se desgastan 5 o 10 años preparando un solo largometraje marca ministerio-de-cultura, mejor podrían sacar 5 o 10 pelis tipo Dogma en un solo año. Y así, seríamos más consecuentes con el medio ambiente en el que nos tocó por suerte, y aprendemos a contar buenas historias; que es lo que le falta a este país martirizado llamado Colombia. Lo digo por mí. Tal vez esté sufriendo del síndrome de la Insoportable Levedad del Ser, me refiero al de ese personaje que decide volver a Checoslovaquia porque en Suiza hacían días hermosos y brillantes y él de alguna manera se dio cuenta de que no le gustaba estar tan feliz. Creo que se entiende la metáfora. No se trata de hacer películas; se trata de acercarse al cine, que es otra cosa distinta. Tal vez sea ése el mejor legado de Dogma. Tal vez se trate de más de afear y no tanto de embellecer.

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