septiembre 27, 2009

El París de Julliette Binoche and friends

Al fin de cuentas, no sabes con cuál París quedarte. Si el de Hemingway, o el de Santiago Gamboa, o el de Two days in Paris, etcétera. El París de esta película tiene un poco de uno de esos conceptos 6-grados-de-separación. Por la estructura del guión hay un ingrediente de empatía humana nada mística, esa cosa de que todos los habitantes de una ciudad estamos conectados por alguna historia concreta y real. Nada de resonancias mórficas aquí ni de telepatías. Sólo párate en un lugar alto a mirar transeúntes y a buscar algún vínculo fuerte que los una entre sí. Algún familiar, algún amigo. Lo hallarás.

Por demás está la perspectiva que da la proximidad de la muerte. Nada más ideal para ubicar el punto de vista del narrador. La historia es de un bailarín que se arrodilla en la tina de los enfermos desahusiados, para tocar esa agua tibia que nos informa sobre la vida y sus maravillas, a pesar de que todos en París, y en el planeta, tengan, y tengamos, nuestras vidas vueltas mierda.

Memorable la escena de un grupo de niños de 5 años, bailando pogo en pijamas, mientras su tío hace de babysitter.

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